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Redacción
Domingo, 8 de noviembre de 2015
IES Delicias - Bachillerato de Artes

Viaje cultural a León: San Miguel de Escalada, catedral, san Isidoro y Hospital de San Marcos

... En el rosetón de la entrada se ven a 12 ángeles tocando la trompeta (juicio final) y en el centro la Virgen transmitiendo confianza y lo que se me ocurre es cómo resultaría vivir en esa época. Sería el único edificio que se vería a la redonda en unos cientos de metros, imponiendo de alguna forma la voluntad de Dios como la más clara imagen de todas. Dios es luz, y la belleza es luz: algo luminoso nos acerca más a Dios ...

Jonatan Cantera Sanchez

 

 

 

 

Nos disponemos a hacer un viaje a la provincia de León para ver una serie de edificaciones históricas. En el trayecto del viaje de Valladolid a San Miguel de Escalada pasamos por el Chozo de Ceinos. Es una arquitectura popular, una especie de casa pequeña con una chimenea en tono grisáceo de barro y adobe. Se supone que es una construcción para proteger la vid. Mi impresión al principio es de escepticismo, pero al ver algo tan insignificante construido en ese material y que aun siga en pie, me da que pensar.

 

 

San Miguel de Escalada

Mi objetivo en este viaje, al no saber muy bien lo que íbamos a visitar, era la catedral de León, pero antes de nada llegamos a San Miguel de Escalada. Pues bien, nos encontramos aquí con una iglesia que posee arcos de herradura mozárabes, a imitación de lo que los monjes que levantaron el edificio habían visto en Córdoba, aunque este tipo de arcos ya habían sido usados por el arte visigodo. Algún capitel puede que sea reaprovechado. Hay una celosía visigoda, realizada a bisel, un interesante modillón y ventanas geminadas. También puede apreciarse una ventana geminada mozárabe, con alfiz, con algún añadido románico.


Dentro nos encontramos con un edificio de tres naves separadas por arcos de herradura. En el arte paleocristiano, se construía en piedra donde estaba el altar; claro que yo, ante mis expectativas, me encuentro con que empiezo a curiosear por toda la arquitectura y veo los arcos, que es lo que más me llama la atención o gusta, me resulta atractivo el conjunto por su espacio amplio. Bóvedas gallonadas cubren los ábsides;  si hay pájaros con uvas en la piedra es arte de origen paleocristiano. Hay un iconostasis que hasta el S.XI, durante la consagración, se cerraba con una tela. A partir de esa fecha el papa decide que el iconostasis desaparezca y quedan muy pocos; y éste es uno de esos escasos restos.


Salimos y damos una vuelta alrededor de la iglesia. Todos los claustros, o pórticos laterales como en este caso, se construyen al sur, al sol, y vemos una parte que está restaurada. No deja de ser algo sencillo pero me sigo quedando con la belleza de sus arcos.


Nos dirigimos posteriormente  hacia León y  la catedral, aunque lo primero que nos hemos encontrado digno de mencionar es uno de los pocos edificios de Gaudí fuera de territorio catalán (ahora aloja una sucursal de Caja España) y se ve a San Jorge matando al dragón.

 

 

Catedral de León

Llegamos a la Catedral de León y mi primer recuerdo es para Notre Dame en París porque las catedrales de nuestro país suelen tener un origen francés. Portadas, vidrieras gigantescas, madera tallada… se tardarían 50 años en construirla, es de arte gótico. En el s. XIII cuando aumenta la demografía y surge la clase burguesa es cuando se construye la catedral, revolucionando el estilo románico porque éstas son grandes y altas para que penetre la luz.  Se llegan a construir en toda Europa más de 200 catedrales góticas. La de León es  levantada  por Alfonso X el Sabio a partir de 1253 sobre los restos de la antigua catedral románica.


Sus vidrieras ocupan 1.800 metros cuadrados, junto con Chartres las más grandes de Europa. Tiene tres pisos como las francesas. Llevaron al límite la piedra, que adquiere sentido cuando está lleno de fieles. Según avanza el sol recorre las vidrieras, en el lado norte nunca les da el sol por eso las vidrieras son de colores azules fríos con imágenes del antiguo testamento. Al lado de la derecha en las vidrieras se ven motivos vegetales, todo tiene una tendencia ascendente y, arriba, la iglesia triunfante.


En esa época León contaba con unos 5.000 habitantes. En el crucero se ve una perspectiva cautivadora. La verdad, ya para opinar un poco, es que si lo anteriormente visto parecía grande, esto es grandioso. Las vidrieras, que solo se aprecian desde dentro, están hechas cachito a cachito y unidas con estaño si no recuerdo mal, y fueron desmontadas para construir una parte caída.  Parece increíble, pero todo  el lugar denota majestuosidad.


El muro del trascoro, obra del renacimiento español, es un arco de triunfo con relieves profanos que muestran la preocupación de esa época por la figura humana.


En el rosetón de la entrada se ven a 12 ángeles tocando la trompeta (juicio final) y en el centro la Virgen transmitiendo confianza y lo que se me ocurre es cómo resultaría vivir en esa época. Sería el único edificio que se vería a la redonda en unos cientos de metros, imponiendo de alguna forma la voluntad de Dios como la más clara imagen de todas. Dios es luz, y la belleza es luz: algo luminoso nos acerca más a Dios.

 

 

San Isidoro

Después de comer, y ya un poquito cansados, nos adentramos en San Isidoro. Diría que sin duda la parte más extraordinaria de la visita. Pues bien, entramos en el museo, que antes fue un scriptorium, ubicado en el palacio de los reyes de León, Fernando y Sancha, que no se mezclaban con el pueblo. Hay tres arquetas-relicarios: de San Juan Bautista, de San Isidoro y una tercera hecha en Limoges. Las reliquias son una fuente grande de ingresos (un gran ejemplo está en Santiago); cajas de regalos: hay una cajita de Medina Azahara, muy detallada y decorada, una caja de Escandinavia construida en asta de reno, con la forma de dragón, característica de los vikingos. También se ve una cruz procesional (custodia) objeto litúrgico donde se guarda un objeto sagrado.  Esta cruz, que  está totalmente ornamentada, es del gótico tardío.


Llegamos a la segunda sala y nos encontramos con algo que de verdad me ha sorprendido gratamente: un cáliz de 18,5 cm de alto, de color oro donado por  Doña Urraca, la del Cid, señora de Zamora e hija primogénita de Fernando y Sancha.  Está compuesto por dos copas, una boca arriba y otra boca abajo; son del siglo I y en el siglo XI se montaron en oro, llegando a la conclusión que las veneraban como las del cáliz de Cristo en la última cena. Pues bien, mientras nos estaban dando las explicación del cáliz entra un señor de otra visita y yo lo primero que pienso es en Sean Connery en la película de Indiana Jones, sin darme cuenta de que lo que persiguen los nazis es el Cáliz como búsqueda de poder, sintiéndome de alguna forma identificado con todo eso.  El cáliz debería ser de un carpintero el cual sería de madera. Algo que es improbable pero un regusto me ha venido al interior, es fácil soñar a la vez que es fácil despertar. Los detalles hacen la vida.


Nos adentramos en la biblioteca: ¡qué de libros! Hay unos 2.000 volúmenes, entre ellos una Biblia mozárabe, de 1060, está perfecta; en los márgenes hay cosas escritas en árabe, se hace en un monasterio de Burgos, hay una copia del siglo XII de estilo románico. La copia es de letra gótica, 3 volúmenes, tardaron 7 meses en hacerla, fue muy rápido, con miniaturas cuyo nombre viene de minio, color rojo. Códices, incunables que son los primeros libros que se imprimen. Vemos también, en un facistol, un libro de música de canto gregoriano.


Vamos a otra sala. Los soldados de Napoleón saquearon las tumbas, y las utilizan como abrevaderos, hay muchas pinturas arriba en el techo.  Era el pórtico a la iglesia de los reyes Fernando y Sancha. Así que se enterraron aquí. Esculpen todos los capiteles de las columnas, había mucha simbología, ejemplo: la piña era la unión, el bien, y la manzana el pecado, el mal. En otra puerta aparece Jesús. Hay una de las primeras representaciones de Jesús en la cruz que se comienza a hacerse en el sisglo XI.


Estamos en la “Capilla Sixtina del arte románico”; las pinturas están limpias, sin retocar, son los colores originales, son frescos, si se hace bien puede durar siglos y así pasa. Pigmentos minerales con agua y clara de huevo, aparece el nacimiento de Cristo; la anunciación del ángel a los pastores que recoge con naturalismo el pastoreo de la época con un mastín, machos cabríos y muchos más animales y vegetación. Los dibujos de los techos se disponen de dentro afuera, consiguen volumen con las aristas de las bóvedas. Se representa a Herodes, a San Marcial (el que sirve el vino en la última cena). Eso sería porque habría algún pintor francés, se cree que en el año 1100 lo mandó pintar Doña Urraca. Se ve cómo Pilatos se lava las manos, las figuras se expresan con los ojos y las manos (pone en latín que Pedro lloró). También aparecen los reyes de León y lo último es el Apocalipsis: Jesús aparece con el alfa y la omega: principio y fin. Los cuatro evangelistas: Marcos con un león, Lucas con un toro, Mateo con el hombre y Juan con el águila. Aparecen todos los meses agrícolas dibujados.
Todo lo que había en San Isidoro me ha parecido de tal valor que no hay nada similar en España.

 

 

Hospital de San Marcos

Nos vamos acercando a la última parada de nuestro viaje: el  Hospital de San Marcos, construido para atender a los peregrinos del camino de Santiago. En su interior  aparece el autorretrato del arquitecto que lo construye, Juan de Badajoz; en los medallones aparecen muchos personajes famosos. Es plateresco aunque las bóvedas son de tradición gótica. Lo último que visitamos es la sillería (se ven las misericordias donde se plasma alguna vía de escape -cosas picantitas- para desconectar un poco).  En ella los escultores, entre los que está Juan de Juni, dejaron consignado “todo lo nuevo gusta” como manifestación orgullosa del cambio que se estaba experimentando en las artes a comienzos del siglo XVI.


Al  terminar el viaje pienso que ha sido algo totalmente especial, no me esperaba encontrar tales edificios, esculturas, pinturas, reliquias o llegar a pensar en el Cáliz de Cristo. Ahora, al escribir esto, es cuando me doy cuenta de dónde he estado y de cómo se han de sentir las cosas, y sobre todo valorar lo que se encuentra a nuestro alrededor y de lo que apenas nos damos cuenta.

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