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Redacción
Miércoles, 30 de diciembre de 2015

¡Palabras!

Noticia clasificada en: Felisa Merino

Felisa Merino

 

 

 

Las palabras: son de nuestra propiedad. Las poseemos todas. Luego… somos ricos, ¡millonarios!


Es cierto que en nuestra niñez, sufrimos muchas privaciones. Estoy refiriéndome a las culturales. De las otras hoy no hablare. Aún así, sigo pensando que somos ricos todos, los que tuvieron la suerte de adquirir de pequeños la cultura necesaria que toda persona merece, y los que no la tuvimos, pero que gracias a la vida que nos ha dado tanto, cómo dice la canción, hemos tenido otra suerte, que por cierto, me parece valiosísima. Ésta es la de haber conocido a personas que, en su día, nos invitaron a una charla, a una reunión, a un cursillo, o nos dejaron un libro.


En mi caso, como en otros muchos, esto fue lo que hizo posible que creciese el deseo del saber, también de ser (importantísimo) Por eso somos muchas las personas que a los cincuenta años (o más) nos sacamos nuestro certificado de escolaridad. ¡Todo un logro!


Bueno, si mi intención en principio era contarles lo que pienso sobre las palabras, hace rato que me fui por los cerros de Úbeda. ¿Esto será una metáfora? No lo sé, y seguro que no lo sabré nunca, pero es igual: la palabra metáfora, como casi todas, me parece bellísima.


Creo que hace años me explicaron su significado, pero pasados treinta años desde mi etapa de estudiante, (adulta) que seguramente fue cuando me lo dijeron, el resultado es que hoy, no tengo ni idea.


En fin, a lo que voy. Algunas palabras de las que se decían o se siguen diciendo en los pueblos, me producen cierto placer. No es habitual escucharlas, al no vivir en él desde hace años, tampoco decirlas. Pero… os digo de verdad que me suenan peor las palabras en inglés (que por supuestísimo no entiendo) que las que se puedan decir en nuestros pueblos. Aunque éstas parezca que suenan mal.


Se me esta pasando por la cabeza la palabra nial. ¿Sabéis lo que era en mi pueblo un nial? (Cesto viejo, o rincón con paja trillada, donde las gallinas ponían los huevos.) Mi madre no nos dejaba cogerlos hasta por la tarde. Solía tener uno de yeso para que las gallinas, al verlo, los pusieran allí. Vamos, que el huevo de pega era como un estimulante.


Perdonadme. Si mi intención era comentaros lo que para mí significan las palabras, creo que tengo que cambiar el rumbo otra vez, no sin antes deciros que yo, a nuestra cultura, ésa, la que no recibimos en ningún colegio, entre otras cosas porque no fuimos, la llamo, “Señora sabia”.


Voy con las palabras. Las que como elegantes gaviotas sobrevuelan alrededor nuestro en momentos agradables, y también las otras, las que como moscas zumbonas, nos persiguen hasta hacernos daño, lo mismo en noches frías de invierno que en las cálidas noches de verano.


Palabras. Se poseen, se buscan, se utilizan, se merecen, se malgastan, se retienen, se lanzan, se esconden, se derrochan, se escatiman, se respetan, se escogen. Qué caudal de riqueza tan impresionante son las palabras. Las poseemos desde niños y, como creemos que son nuestras, no las valoramos en su justa medida.


¿Las buscamos? ¡No!, están ahí, por tanto, no nos molestamos en escoger la amable para el momento oportuno.
¿Se utilizan?; ya lo creo. Perdónenme, pero de esto sabemos mucho las mujeres, son de nuestro género femenino. ¿Os imagináis que fuesen del genero masculino? Se llamarían Palabros. ¿A que suena muy mal? Qué suerte tenemos las mujeres, son de nuestro propio género todas las palabras. Seguro que serán durante toda la vida nuestras mejores aliadas, para lo bueno y para lo malo.


No se enfaden, señores, pues aunque son de nuestro propio género, a ustedes les damos plena libertad para que puedan utilizarlas todas, absolutamente todas, y bien que las utilizan cuando quieren. También es verdad, que se les da de maravilla retenerlas, callarlas: eso lo hacen mejor que nosotras. No es peloteo, es que al Cesar hay que darle lo suyo.


¿Las palabras se merecen? Ya lo creo, todos en algún momento de nuestra vida, merecemos una palabra amable, comprensiva, de ánimo, o critica, porqué no. El problema es el mismo para los hombres que para las mujeres, consiste en que las tratemos bien.


¿Se malgastan? Muchísimo, sobre todo nosotros, los mayores. Hay que ver la cantidad de veces que repetimos las mismas historias a distintas personas y en distintas ocasiones. O… a las mismas personas y ocasiones.


Deberíamos acostumbrarnos, a no malgastar las palabras, son tan estupendas, tan necesarias, tan útiles. A veces ásperas, a veces suaves, muchas veces deseadas, otras rechazadas, pero las palabras siempre son imprescindibles.


¿Se respetan? Depende. Cuando se utilizan adecuadamente las palabras están siendo respetadas. Pero… si se dicen cuando no se debe, o se grita, para que se nos oiga mas que a los demás, (y esto por desgracia ocurre con frecuencia) entonces, la palabra no está siendo respetada.
Las palabras…¿Se escogen? ¡pues claro que se escogen! No hay más que escuchar a los políticos. ¿Os habéis fijado cómo rebuscan en los archivos palabras dichas en sitios y momentos determinados para hacer pupa, mucha pupa? ¿O para convencer, si el momento es oportuno? ¿O para desprestigiar, calumniar, porque todo vale para fastidiar al contrario?

 

Claro, que nosotros no tenemos nada que envidiar a los políticos. Cogemos las palabras y en cantidad de ocasiones las lanzamos, y no siempre pensamos en el daño que pueden hacer, ya que  pueden ser cínicas, exageradas, crueles, exigentes, engañosas equivocadas.


Es verdad que también pueden ser dulces, amistosas, comprensivas, apasionadas, pacificas. Sería estupendo que siempre, al menos, fuesen correctas.


Qué afortunados somos: en principio por ser poseedores de todas las palabras y… después por poder pronunciarlas.


(Ahí están los sordomudos)

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