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Jueves, 25 de febrero de 2016
Desde mi butaca menor

"Palmeras en la nieve", un éxito comercial descomunal, mucho derroche de dinero invertido en un despropósito total

Noticia clasificada en: Nacho Esteban

La película sitúa su acción por una parte en el periodo de transición de las colonias a provincias de ultramar hasta la independencia definitiva, y por otra en el presente, en Bioko, un territorio herido tras años de inestabilidad, dictaduras, desapariciones, tortura, y falta de libertades. Se trata una historia tan épica como intimista que tiende puentes entre dos tiempos, dos culturas y dos generaciones.

El descubrimiento accidental de una carta olvidada durante años empuja a Clarence (Adriana Ugarte) a viajar desde las montañas de Huesca a Bioko para visitar la tierra en la que su padre Jacobo (Alain Hernández) y su tío Kilian (Mario Casas) pasaron la mayor parte de su juventud, la isla de Fernando Poo. En las entrañas de un territorio tan exuberante y seductor como peligroso, Clarence (Adriana Ugarte) desentierra el secreto de una historia de amor prohibido enmarcado en turbulentas circunstancias históricas cuyas consecuencias alcanzarán el presente.

SALUD MENTAL - CINE

 

Nacho Esteban

 

 

Título: Palmeras en la nieve

Dirección: Fernando González Molina

Reparto: Mario Casas, Adriana Ugarte, Macarena García, Emilio Gutiérrez Caba, Berta Vázquez, Alain Hernández, Daniel Graos

País: España

Duración: 163 minutos

Año: 2015

Género: Drama

Sinopsis: Es 1953, Kilian (Mario Casas) abandona la montaña oscense para emprender con su hermano un viaje a Fernando Poo, una antigua colonia española en Guinea Ecuatorial. Allí les espera su padre, en la finca Sampaka, donde cultiva uno de los mejores cacaos del mundo. En la colonia descubrirán que la vida social es más placentera que en la encorsetada y gris España, vivirán los contrastes entre colonos y nativos y conocerán el significado de la amistad, la pasión, el amor y el odio.

 

 

 

Crítica de la película

La cinta lleva recaudados unos 17 millones de Euros. Su presupuesto está en torno a los 10 millones de Euros, creo que alguno más hay sólo por lo visto, vamos que un bastón de dinero. ¿Para qué? Para contar absolutamente nada, de nada, de nada. Bueno, para hacer caja. Si sólo cuenta eso, es una tristeza y una pena que se ponga por delante antes el dinero que el arte. Y eso que se toma su tiempo,  nada más ni nada menos que 165 minutos totalmente desaprovechados. No hay derecho que se invierta tanto dinero en una película y no se preste atención a la parte artística. Luego, estos señores se permiten el lujo de pedir dinero, ayudas fiscales al gobierno de turno para realizar cine. Váyanse a su casa. La película causa sonrojo y vergüenza ajena. Bien está que se necesita dinero, pero más aún talento, eso sí que se necesita, porque aquí el talento brilla por su ausencia. Es un auténtico fiasco de principio a fin.

 

No se puede contar una historia mínimamente coherente y creíble con un guión tan poco trabajado, mal esbozado y poco descriptivo.  También es sabido que no se puede contar todo, no se puede aburrir al personal. Hay que priorizar y centrarse en una serie de personajes y el resto cumple y nos facilita la información y la enfatización a los que queremos que sobresalgan, a los protagonistas. Pues nada, Fernando González Molina, el director, no se da por enterado y consigue hacer una de las peores películas que he visto en mi vida. Pero no sólo cojea en el guión, también en la interpretación. Para conseguir una buena película, por lo menos es necesario dos cosas, un buen guión, no lo tiene como ha quedado patente en mi análisis, pero también unos buenos actores. Pues bien, no se salva prácticamente nadie.

 

Mario Casas está irreconocible. No se le entiende nada en toda la película. Esta mascullando todo el metraje, una verdadera pena, y no me vale como dicen algunos especialistas que es un mal actor. No es verdad. En la laureada, “Tres metros sobre el cielo”, sin ser nada del otro jueves, me llegó, pero me llegó de verdad. Su interpretación fue más que notable. Se le entendía perfectamente, y creo que el director, por otra parte, un tal González Molina estuvo con mucho más tino. Hay que saber como dirigir a los actores en el papel encomendado se entiende, porque si les damos rienda suelta, luego pasa lo que pasa. Pero, como ya no hay director, no existe últimamente la figura del director de cine. Se cree que con estar ahí y coger unos planos ya está. Pues no, así es director cualquiera. No señores, hay que mimar al actor, enseñarle como se tiene que poner ante la cámara y sobre todo, clases de dicción para que pronuncie y entone correctamente (es la madre de todas las madres para un actor) y luego por supuesto que transmita, porque si no es un verdadero desatino todo.

 

Y además, Mario Casas está feo físicamente, porque tampoco me vale que sólo está ahí para lucir palmitos. No señores, no, ¡qué va! Ni eso, no luce torso, ¿qué, no? ¿Entonces, qué pasa? Pasa que nos la han clavado y bien además (basta echar un vistazo a la recaudación, buena jugada para hacer sólo una cosa, “dinero”). Casas está sencillamente horroroso en todos los sentidos. Otro fallo, por tanto es el casting. Dejando de un lado a Casas (que como no remonte enseguida, se ha cargado su carrera), los demás no se quedan atrás (ni Adriana Ugarte, ni Macarena García pasan del simple aprobado), e incluso todo un profesional como Gutiérrez Caba, a duras penas da la talla (no se le ve convencido, como diciendo, “¡que hago aquí, madre mía!”). Sólo, me llegó Berta Vázquez en el papel de la amada Bisilia, pero como el resto está tan mal, no pudo brillar.

 

Vamos, que todo un despropósito. En la parte técnica, está mal montada. Cuenta dos historias paralelas, pasado y presente, pero mal contadas porque no tiene el montaje correcto. Un mal montaje se carga una buenísima película, pues bien, el montaje incorrecto se termina de cargar la mediocre película que era para convertirse en simplemente mala película. Sólo se salva la fotografía, la dirección artística-ambientación (ganadora del Goya) y las localizaciones que son preciosas, quedando técnicamente sólo en el aprobado. Además, uno no va al cine sólo a ver bonitos paisajes, va a ver una buena historia y que esté bien contada, que transmita y que llegue. Y aquí, por las razones expuestas, no ha podido ser. Me queda la duda si detrás hay una buena historia, porque es una adaptación de una novela súper-ventas de Luz Gabás que no conozco, la verdad, los Best Seller me dan miedo.

 

Y la banda sonora tampoco me llegó, sólo la canción de Lucas Vidal y Pablo Alborán titulada, “Palmeras en la nieve”, (idéntico título a la película y ganadora del Goya, el segundo de la película) hubiera podido subir el nivel, pero sólo sale en los títulos de crédito. ¿Por qué no se incluyó en algunas escenas de la película para ayudarla a remontar el vuelo?

 

Es recomendable su visionado, simple y llanamente para ver que es lo que no debe ser una película. Me llama mucho la atención de “ATRESMEDIA”, y los productores. ¿Cómo es posible que no se dieran cuenta en la sala de montaje que no funcionaba nada o casi nada? Mi respuesta casi con seguridad es SÍ. Sí que se dieron cuenta, pero nos la colaban, y de hecho así ha sido con la fuerte maquinaria publicitaria que hay detrás, un actor taquillero y demás.

 

Y mi tercera pregunta, ¿Cómo es posible que haya recaudado cerca de 17 millones de Euros? Por todo lo anterior, sí, pero después se tenía que haber producido el efecto contrario al boca-oído, ¿no? Pues no se ha producido, ¿somos tontos?, ¿nos dejamos engañar?, ¿o es que nos gusta de verdad porque somos espectadores de encefalograma plano?

 

Son los misterios (de las buenas-malas películas y los éxitos-fracasos comerciales de las mismas). Lo dicho, un éxito comercial descomunal para un fracaso artístico sin precedentes.

 

Conmigo que no cuenten para subvencionar películas de este calado.

 

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