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Miércoles, 27 de abril de 2016

“La habitación”: otra película que el paso del tiempo engrandecerá más aún

Noticia clasificada en: Desde mi butaca menor Nacho Esteban

SALUD MENTAL - CINE

 

 

 

Nacho Esteban

 

 

 

Título: La habitación

 

Dirección: Lenny Abrahamson

 

Reparto: Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, Sean Bridgers y  William H. Macy.

 

País: Canadá e Irlanda

 

Duración: 120 minutos

 

Año: 2015

 

Género: Drama, Suspense,

 

Sinopsis: Como cualquier madre, Joey (Brie Larson) se dedica enteramente al cuidado de su hijo Jack (Jacob Tremblay), un niño de cinco años, al que cría para que sea feliz y esté seguro, haciendo las cosas típicas como jugar o contar historias. Su vida, sin embargo, es cualquier cosa menos típica: ambos están atrapados, confinados en un reducido cubículo sin ventanas, un dormitorio con cocina, retrete, bañera y una claraboya en el techo, al que Ma (nombre que el niño utiliza para mencionar a su madre) ha llamado eufemísticamente 'La habitación'. Por la noche, la madre pone a su hijo a dormir en el armario, para protegerlo, por si viene el viejo Nick (Sean Bridgers). Dentro de esa habitación, Ma ha creado todo un universo para Jack, y ella no se detendrá ante nada para asegurarse de que, incluso en este entorno traicionero, Jack sea capaz de vivir una vida completa y satisfactoria.

 

El motivo de que madre e hijo vivan en esa 'habitación' pone los pelos de punta: Ma fue secuestrada por un desalmado cuando ella tenía diecinueve años e iba camino de la universidad. Lleva siete años cautiva, sin ver la luz del sol, viviendo recluida en esa pequeña habitación, cinco de ellos junto a su pequeño hijo Jack. Para el niño esa habitación es el único hogar que ha conocido, su mundo entero. Es el lugar donde nació, donde come, juega y aprende con su madre. Con gran tesón e ingenio, Ma ha hecho todo lo posible para crear allí dentro un espacio agradable para su hijo, cuyo amor por él es lo único que le permite soportar lo insoportable.

 

Pero a medida que la curiosidad de Jack sobre su situación crece, y aumenta la desesperación de su madre, se proponen un arriesgado plan para escapar, un acto que para ellos significará enfrentarse cara a cara con algo que puede ser más espantoso todavía: el mundo real. Y es que la habitación no podrá ser un sitio que les albergue por mucho más tiempo.

 

 

 

 

 

Crítica de la película

 

Una de las mejores películas estrenadas este año 2016, galardonada justamente con el Oscar a la mejor actriz principal para Brie Larson. También optó a otras 3 estatuillas (mejor película, mejor director - Lenny Abrahamson y mejor guión adaptado - Emma Donoghue, basado en su propia novela). Los compañeros de profesión de Brie Larson que recibieron también el Oscar fueron Leonardo Di Caprio, mejor actor principal por “El renacido”, y los sendos Oscars a la mejor interpretación de reparto que recayeron en Mark Rylance por “El puente de los espías" y Alicia Vikander por “La chica danesa”.

 

La película se divide en dos partes muy bien diferenciadas: la primera hora, es de lo mejorcito visto en una pantalla en mucho tiempo; y la segunda hora baja un poco el nivel, pero sólo si se compara con la magistral primera parte, porque también tiene momentos antológicos.

 

En la primera hora, vemos prácticamente sólo a dos personajes (madre e hijo), viviendo en un habitáculo, en un mundo irreal que ha fabricado y creado la madre para su hijo y para ella misma para escapar de la realidad, de la dureza del secuestro y el cautiverio al que son sometidos por parte del secuestrador. No se ve nada escabroso aparentemente, en cuanto a la relación entre el secuestrador-madre-hijo, pero sí se deja entrever que ha sido psicológicamente muy duro el cautiverio para la madre, con lo que tiene que inventar un mundo aparte, una razón o un motivo que la permitan tener alicientes para seguir viviendo, tanto ella como su hijo. Es más, cuando se queda embarazada en ese cautiverio, por una parte terrible, por otra le da fuerzas para tener motivaciones y tirar para adelante. No se ve la violación, todo se intuye, se interpreta.

 

La película empieza ya en ese cautiverio viviendo con su hijo de cinco años y nos muestra con unos primeros planos antológicos, sutiles, brillantes, portentosos, como es la vida en ese habitáculo, como le narra cuentos a su hijo antes de irse a dormir, como juega con él. Vemos cómo es el lavabo, la mesa, el cuarto de estar, etc. Todo un mundo que vive ella conociendo el anterior, pero lo que es más importante: el mundo que tiene que dar a conocer a su hijo.

 

 

 

 

Hacia el final de la primera hora, viendo que su hijo empieza a sentir curiosidad por ver más allá, por saber y preguntar, y también porque la madre cree que ha llegado la hora de poner fin al cautiverio que han sufrido, urden un plan para que escape el niño. Este plan de escape está muy bien tramado, entrenado por los dos, magníficamente rodado, con una velocidad y precisión milimétrica que te deja clavado en la butaca, donde se nota y mucho el olfato del grandísimo director que es Lenny Abrahamson. Y a partir de aquí comienza la segunda parte.

 

La nueva vida del niño, que no conoce otra, es como si hubiera sido un tarzán, que ha estado en otro mundo (en la selva) y tiene que adecuarse al nuevo. Sus abuelos le intentan enseñar y psicológicamente es un poco fuerte, tanto para el niño como para ellos, ya que se acaban de enterar que tienen un nieto. Y no digamos la madre, también psicológicamente, tiene que aceptar todo esto (lo que hizo, el porqué y su nueva vida). Intenta explicárselo a sus padres con desigual fortuna. Los medios de comunicación del lugar, acuden al barrio, donde rápidamente buscan la noticia, y la madre intenta explicarles sin demasiada respuesta comprensiva lo que hizo y por qué. ¿Por qué eligió tener cautivo a su hijo dándole esa vida? La respuesta de ella es por amor, para protegerle de fuera, porque tenía derecho a criarle como madre y darle una vida, la que mejor pudo darle. No lo terminan de entender ni sus padres ni los periodistas, pero ya está hecho y hay que mirar al futuro.

 

También lógicamente van al psicólogo, tanto la madre como el hijo a explicar su experiencia, a que sean entendidos, y el psicólogo intenta darles pautas de incorporación a su nueva vida. Aquí está el meollo de la película. Para el hijo en parte es más fácil, ya que no decidió por nadie como la madre, pero también es más difícil en el sentido que todo es nuevo para él. No así para la madre, pero también empieza a sentir y tener dudas de si lo que hizo fue con la mejor intención, y si ha sido o no lo mejor para su hijo.

 

Ya al final de la película, quedamos sobrecogidos cuando se acercan (madre e hijo) a visitar el habitáculo que ha sido su vivienda en todos estos años y el niño añora la que fue su casa y como fue su infancia: su bañera, su sofá, su cuarto de baño, etc. Le dice a su madre. “Pero, ¿era así de pequeña? No me la imaginaba de esta manera. Realmente, ¿era aquí donde vivíamos? La verdad, la echo de menos. ¿No podemos volver, mamá?”. Se te caen las lágrimas por la cruda realidad, por la verdad del niño. Ese era su mundo, para bien o para mal y una de las metáforas de la película indica que en parte somos lo que fue nuestra infancia. Se están adaptando a la nueva vida, pero tienen mucho que aprender todavía, entre otras cosas a superar esa experiencia de la habitación. Es la lectura que nos dan en ese antológico, sobrecogedor, espeluznante y tierno final a la vez, dejando un poso de melancolía sobre todo para el niño, porque la madre ya sabía realmente que no era así y que conocía el mundo anterior y auténtico.

 

 

 

 

Deja muchas lecturas esta película. Guión magnífico de Emma Donoghue, basado en su propia novela y muy bien trasladado a la pantalla. Y grandísima dirección de actores y una más que notable puesta en escena, tanto en la primera hora, como en la segunda, y además, con ese final que te deja clavado en la butaca diciendo “¿cómo puede añorar ese lugar tan cochambroso?” Y acto seguido, comprendiéndole y en parte dándole la razón, “Fue su vida, su niñez, su cuarto, allí creció y jugó, sobrevivió. Realmente, por muy duro que parezca, la añora y tiene derecho a ello”. Y como espectador, sientes una doble sensación mágica, real, creíble, intensa, melancólica, claustrofóbica, terrible como pocas veces; tantas sensaciones simultáneas al ver una película. Ella (la madre) está que se sale, merecidísimo su Oscar para Brie Larson, y también el chaval está muy bien. Apunten el nombre, Jacob Tremblay. Injustamente olvidado en las nominaciones.

 

Buenísima música, montaje notable, preciosista fotografía, adecuada ambientación y el resto del reparto cumple con creces, sobresaliendo Joan Allen en el papel de abuela.

 

Muy intensa también por lo tanto la segunda hora, pero es que el comienzo y la primera hora funciona milimétricamente como un reloj, ni falta ni sobra nada.

 

Excelente, rozando la obra maestra. La mejor película de este año 2016 que he tenido el placer de ver hasta la fecha. Ha funcionado bastante bien en taquilla, pero por debajo de su calidad artística, siendo otra película que el paso del tiempo engrandecerá más aún.

 

 

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