Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Lunes, 9 de mayo de 2016
Refugiados, mi voz desde esta orilla

Pedro Sanz: "Las personas nunca somos una amenaza para nadie y menos cuando se trata de personas indefensas que han dejado toda su vida atrás y necesitan salir adelante"

Noticia clasificada en: Pedro Sanz

Pedro Sanz (Taller Ojos Abiertos)

 

 

 

–– ¿Estás de acuerdo con la manera de actuar de tus gobernantes en la situación que viven los refugiados sirios? Si no es así, ¿qué les pedirías? ¿qué deberían cambiar o mantener?

 

No estoy de acuerdo con la actuación de los gobernantes europeos, se puede calificar de vergonzosa. Les pediría que rompan el acuerdo firmado con Turquía mediante el cual están expulsando a los refugiados al territorio turco, y que acojan a los refugiados con humanidad y hospitalidad. Más que cambiar o mantener, deberían respetar y aplicar en la práctica las normas europeas sobre refugiados y los demás acuerdos internacionales sobre refugio y asilo.

 

 

–– ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para cambiar lo que está pasando, para influir en ello? ¿o no podemos hacer nada, solo mirar?

 

Hay que movilizarse. De hecho ya hay plataformas de apoyo y ayuda a los refugiados y migrantes, en general, que se movilizan. En Valladolid se ha constituido recientemente una plataforma de indignación y denuncia de la situación de los refugiados. Además, desde el año 2010, los Círculos de Silencio organizan concentraciones en la plaza Fuente Dorada cada dos o tres meses denunciando situaciones que atentan contra los derechos de todas las personas que, por una causa u otra, se ven forzadas a dejar su tierra. También, desde hace mucho tiempo Red Incola, PROCOMAR acoge, Cáritas... hacen un buen trabajo de ayuda a los refugiados y migrantes. Hay que dejar de mirar al cielo y arrimar el hombro en todas las iniciativas de defensa y ayuda de los refugiados, que ya están presentes en nuestra ciudad.

 

 

–– Algunas –o muchas– personas piensan que los refugiados son una amenaza (quitan trabajo, provocan inseguridad en la calle, tienen una cultura o una religión diferente...). ¿Qué te parece a ti?

 

Las personas nunca somos una amenaza para nadie y menos cuando se trata de personas indefensas que han dejado toda su vida atrás y necesitan salir adelante. Circulan muchísimos bulos sobre los refugiados: que si nos quitan el trabajo, que si la inseguridad... No se trata de elegir entre ayudar a un parado español o a un parado sirio,. Se trata de personas que llaman a tu puerta a pedir ayuda; una te pide que le ayudes a encontrar trabajo y otra que le ayudes porque si vuelve a su país su vida está amenazada. ¿Pedimos el DNI para ver dónde han nacido y saber a quién ayudar primero? No es una cuestión de nacionalidad, sino de humanidad, y parece mentira que aún tengamos que explicar estas cosas.

 

También podemos pensar que a nosotros nos puede pasar. De hecho ya les pasó a nuestros abuelos con motivo de la guerra civil. Durante esos años se exiliaron unos 500.000 ciudadanos a Francia, 15.000 a Argelia, 25.000 a México, 4.000 a la República Dominicana, 3.000 a Argentina, otros 3.000 a Venezuela... Que cada uno saque sus conclusiones.

 

 

–– Nos gustaría que hicieras un comentario a esta afirmación: “A medida que pasan los días y las imágenes se repiten y los acontecimientos dejan de ser una novedad, parece que nos “acostumbramos” a lo que pasa y nos volvemos más insensibles y pasivos ante esta y otras situaciones”.

 

Es consecuencia de la repetición que hacen de estos acontecimientos los grandes medios, que a base de repetir llegan a banalizar acontecimientos profundamente dramáticos. Debemos ser conscientes de que esto puede pasar y evitarlo. La mejor vacuna contra la insensibilización es estar en plataformas de ayuda y apoyo a refugiados y migrantes.

 

 

–– Estas personas dejan atrás su pueblo, su casa y parten huyendo de una situación difícil en busca de un futuro. No es un viaje de placer. Tal vez tú viviste esta experiencia y tomaste un día la decisión de abandonar tu pueblo en busca de un futuro mejor en otro país o en la ciudad. ¿Puedes comentarnos algo? ¿te sientes identificado con su situación?

 

No he tenido esa experiencia. Por eso me considero una persona afortunada, porque no he tenido que moverme de mi ciudad para poder salir adelante en la vida. Pero la experiencia de la emigración la tuvo que hacer mi madre, y ahora mis hijas, porque aquí no han tenido posibilidades de tener futuro. No obstante me siento identificado con la situación de los migrantes y refugiados. Intento ponerme en su lugar. Es una cuestión de corazón, de humanidad.

 

 

–– Hay un problema de acogida o, dicho con una palabra más nuestra, de hospitalidad. Los europeos les negamos un techo, una taza de caldo o un pupitre para sus hijos por razones políticas, económicas, electorales... ¿Estarías dis- puesta a participar en una iniciativa que dijera, por ejemplo: “Ven a mi casa: donde comen dos comen tres”? Si quieres decir algo más que sí o no, encantados.

 

Hay más gente de la que pensamos que ejerce esta hospitalidad del “donde comen tres comen cuatro”. Tengo la fortuna de conocer más de una y más de dos familias que practican la hospitalidad desde hace tiempo. Lo que ocurre es que estas familias no lo cuentan a los cuatro vientos ni salen en los medios de comunicación. También organizaciones que calladamente hacen muy bien su trabajo de acogida y hospitalidad. Quiero añadir que tengo la impresión, posiblemente no sea la única persona que lo piensa, de que hemos crecido mucho económicamente, científicamente, tecnológicamente, pero muy poco en cultura y humanidad. Quizás sea porque quitaron la filosofía de los planes de estudio. No sé, digo yo...

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress