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Redacción
Miércoles, 27 de julio de 2016
Huerto ciudadano en el barrio Belén

Un proyecto para el aprendizaje y el disfrute de las personas

Noticia clasificada en: José Ramón Sánchez

José Ramón Sánchez

 

 

 

El huerto ciudadano del barrio de Belén nació en marzo de 2014, un proyecto con el que se quería promover el aprendizaje de los vecinos sobre cómo debe ser una buena alimentación y sobre los productos que llegan a la mesa, a la vez que se recuperaba un espacio público cercano al barrio.

 

Para ello, seis años antes de su nacimiento, la Asociación de Vecinos se puso en contacto con la Universidad de Valladolid para que les cedieran un terreno donde dar vida a su idea. La universidad accedió y a día de hoy lo están utilizando, aunque no hay ningún papel firmado: “tres razones nos animaron a dirigirnos a una institución educativa: la disponibilidad del mismo por parte de la universidad, porque ésta es puntera en el aprendizaje de las personas y la cercanía del terreno al barrio”, comenta Javier Rojo, miembro de la Asociación de Vecinos.

 

Como el terreno cedido está al lado de la autovía, no era un terreno idóneo para el cultivo, pero con trabajo han conseguido recuperarlo. “El primer año teníamos que llevar el agua en bidones y furgoneta, luego nos dejaron conectar con el aljibe del lago”, comenta Javier.

 

El proyecto fue promovido por la Asociación de Vecinos del barrio desde donde ofrecieron para que participaran personas sensibilizadas con la idea y con la ciudad. “Empezamos ocho personas y ahora más asiduamente somos seis, que nos reunimos una vez al mes para organizar el trabajo. A veces resulta más difícil porque no se incorpora gente nueva. Hay gente a la que le gusta el proyecto, pero no se suma a él, y también influye que sea la época de vacaciones”.

 

Las personas pasan por allí, se interesan por la huerta, ellos los invitan a participar, pero siempre cuesta sumar a personas. Aunque en principio las personas que participan son del barrio, el proyecto está abierto a que personas de otros barrios se puedan incorporar. No piden ningún requisito, lo único que se pide es inquietud por la huerta, por lo ecológico, y que encaje en la convivencia con los demás, lo que al ser un grupo pequeño no es difícil.

 

“A diferencia de los huertos de producción que hay en la ciudad, que están parcelados y en los que cada vecino tiene sus metros asignados, en éste el terreno lo compartimos todos los participantes”, explica Javier, quien pone de relieve el carácter ecológico de la experiencia: “porque cuando la mayoría de los productos que llegan a nuestras casas son tratados con procesos fitosanitarios, plantar en ecológico adquiere su importancia”.

 

No han ningún tipo de formación, aunque el año pasado, María José, una chica que había plantado en ecológico, les impartió un pequeño cursillo sobre los parásitos, el cuidado de la tierra, las semillas (en que época plantarlas, cómo cuidarlas, cómo regarlas), y otros conocimientos necesarios, “ y también nos formamos a través de libros y con la propia experiencia”.

 

Por ejemplo, plantar en ecológico en un principio puede ser un problema mayor con las plagas, pero en este caso no lo es “porque es un huerto pequeño. Nosotros, por ejemplo, cuenta Javier, sí solemos plantar una planta de patata para que los niños la vean, algo que en los terrenos del INEA no dejan por el pulgón”.

 

Las personas que participan tienen una edad entre 40 a 55 años, aunque también acuden al huerto chicos de los colegios del barrio y del grupo de Belén Joven: “el huerto quiere cumplir un papel educativo. Tenemos abierta la participación a colegios. Uno de ellos es el García Lorca, del que su alumnado ha estado plantando y cuidándolo”, explica Javier.

 

El huerto no es un proyecto caro, aunque una tubería les costó unos 300 euros y una bomba de agua otro tanto, pero cuando hacen una valoración con el servicio educativo que prestan a las personas, lo consideran bastante rentable: “No cobramos cuota a los participantes del proyecto. Los que estamos ahora somos socios de la Asociación de Vecinos y con las cuotas de la agrupación lo organizamos, pero también participan de manera gratuita personas del barrio que no están vinculadas a ninguna actividad”.

 

Demetrio se suma a la conversación y va descubriendo algunas particularidades que tiene un huerto ecológico: “aprovechamos, por ejemplo, que clases de plantas que se alían entre sí para combatir los bichos que las puedan dañar, pero hay que saber qué plantas son porque si juntamos plantas de otras clases podemos provocar el efecto contrario”.

 

Otro de los aspectos del cultivo ecológico es el papel que pueden jugar las plantas aromáticas, “que vienen muy bien a la hora de atraer a los insectos que intervienen en la polinización. Por eso tenemos plantas aromáticas rodeando a la huerta”, comenta Demetrio. Como pesticida usan jabón de lagarto diluido en agua, con el que pulverizan las hojas.  “Además, por ejemplo, las plantas de guisantes y habas que no se vayan a consumir son buenas para combatir las plagas, porque los bichos se van a ellas, dejando a las demás en paz. Y la ceniza es muy buena para ahuyentar al pulgón y a los caracoles. Y utilizamos basura y compost, resultado de la descomposición de la materia orgánica, como abono. Y en invierno plantamos berzas, puerros y otras plantas de temporada que...”, nos sigue relatando Demetrio, como quien desvela con pasión los misterios de una actividad milenaria abierta a la participación de todo aquel que lo desee. Basta con acercarse por la Asociación de Vecinos del Barrio Belén.

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