Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Miércoles, 10 de agosto de 2016
Mis divas favoritas

Audrey Herpburn

Noticia clasificada en: Graciela Mantiñan Mis divas favoritas

Graciela Mantiñán

 

 

 

Nació en 1929, su infancia en Holanda se vio ensombrecida por los rigores de la ocupación nazi durante la segunda guerra mundial. Era súper delgada, casi etérea, tenía cuello de cisne y mirada serena.


Debutó en Broadway con Gigí, una comedia donde personificaba una jovencita ingenua rodeada de mujeres sensuales y desprejuiciadas. En 1953, una película le depara un Oscar y la consagra internacionalmente. Era Vacaciones en Roma, la historia de una princesa que quería vivir. Con el tiempo esta película se transformó en una cita ineludible cuando la prensa narraba los escándalos que creaban las princesas europeas enamorándose de oscuros plebeyos.


Tenía talento dramático, así lo demostró en films como Historia de una monja y Guerra y Paz, una formidable superproducción de 1956, pero su estilo aristocrático se imponía en las comedias haciéndolas inolvidables. ¿Quién no la recuerda en Sabrina? Era la hija del chofer de una familia rica que viaja a París huyendo de su amor por el hijo menor. Pero cuando vuelve a su hogar descubre que el verdadero amor es… el hermano mayor que era Humphrey Bogart.


En Desayuno en Tiffany o Dessayuno con diamantes, que así se tituló en España, personificó a una chica elegante que fuma en boquilla, roba desenfadamente en las Tiendas Woolworth y canta “Moon driver” al pie de una escalera de incendios. Vestida por Givenchy, ella creó allí un nuevo tipo femenino, tierno pero sexy.


Una de sus últimas películas fue Robin y Marian con Sean Connery, la historia de un encuentro tardío entre Robin Hood y su antigua novia Marian. Quizá ya se estaba despidiendo del cine, porque en 1980 comenzó a trabajar como embajadora especial de Unicef, la prensa solía mostrarla rodeada de niños africanos a los que defendió apasionadamente. Su estrella se apagó en 1993, tiempo después se le otorgó en forma póstuma el Premio especial Jean Hersholt por su generosa labor humanitaria.


Podría pensarse que nuestra actriz había nacido con los atributos de una gran señora: era refinada, elegante, tenía un estilo exquisito, pero la historia del cine la recordará siempre como Elisa Doolittle, esa florista callejera, sucia y desgreñada, que ofrece pagar un chelín a un profesor de fonética para que le enseñe a hablar correctamente. Ella soñaba con dejar la calle y trabajar en una florería. La película se llamó Mi bella dama y contaba cómo el coronel Higgins le enseña a pronunciar el más perfecto idioma inglés. Pero también cómo ella le enseña a escuchar su corazón.


Quizá sólo bastaría esta película para explicar cómo se convirtió en un mito del séptimo arte a nuestra protagonista de hoy, que es… la inolvidable Audrey Herpburn.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress