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Redacción
Jueves, 27 de octubre de 2016
Charla de Ana Rojo en la inauguración del curso 16/17 del Colectivo de Cultura Pilarica

Del pensamiento mítico al pensamiento científico

El pasado 13 de octubre tuvo lugar la inauguración del curso 16/17 del Colectivo de Cultura Pilarica. En el acto, Ana Rojo habló a todos sobre el cambio del pensamiento mítico al pensamiento científico. Publicamos el texto de su intervención, que fue muy celebrada por los alumnos que asistieron al acto.

Ana Rojo

 

 

Cuando Pedro me llamó para proponerme que os acompañara esta tarde me sugirió un tema para tratar: el paso del pensamiento mítico al pensamiento científico en el proceso de aprendizaje de las personas adultas.

 

Es un tema que a mí también me interesa mucho y al que doy vueltas en mi práctica profesional cotidiana. Así que, en lugar de buscar textos difíciles en libros especializados, me he decidido por explicaros cómo veo yo este tema, basándome en mis propias experiencias con los grupos de clase.

 

Si buscamos en el diccionario de la RAE estas dos palabras, mito y ciencia, dice lo siguiente:

 

Mito: 1. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. 4. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.

 

Ciencia: Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.

 

Los mitos, las narraciones maravillosas, buscan satisfacer una necesidad de saber, una inquietud o una duda. Pero recurren a un atajo: dan una explicación inventada, a veces muy bonita, otras veces menos, que no se corresponde con la realidad. Resultan fáciles de creer, pero no son ciertos, no se ajustan a lo que de verdad sucede en la vida. Como son fáciles de creer, los mitos se propagan a gran velocidad.

 

Sin embargo la ciencia busca dar explicaciones a nuestra necesidad de saber pero sin atajos, buscando con paciencia y con rigor qué sucede de verdad, cómo funciona la naturaleza, qué existe y qué no existe. La ciencia requiere honradez de pensamiento, prudencia, paciencia, trabajo, estudio, observación, escucha, compartir con otras personas lo que vas descubriendo, rectificar a veces.

 

Durante muchos siglos los mitos fueron las únicas explicaciones que teníamos ante las incertidumbres de nuestra existencia y los usábamos para regirnos en muchos aspectos: en las tareas agrícolas, en las relaciones familiares, en las creencias... Algunos de los mitos más conocidos los inventaron los antiguos griegos. Todas conocemos las historias del Minotauro, de Dédalo e Ícaro, que querían volar, de Eco y Narciso... Pero existen otros mitos, creencias, mucho más cotidianos que siguen estando presentes en nuestra vida diaria, a veces sin que nos demos mucha cuenta.

 

Poco a poco hemos sido capaces de desarrollar una ciencia que nos ha facilitado la vida produciendo medicina y tecnología, avances que han mejorado mucho nuestra vida. Sin embargo, aunque en muchos aspectos nuestra vida utiliza la ciencia y la tecnología, en otros seguimos utilizando los mitos, ¡¡como los antiguos!!

 

Por ejemplo, siguen presentes en nuestra vida creencias como estas:

– Es mejor estar casada que estar soltera

– Una embarazada tiene que comer por dos

– Participar en movimientos sociales es meterse en líos

– Toda la vida ha habido festejos taurinos y así tiene que seguir siendo

– Los extranjeros son peligrosos

– Tener un coche potente es señal de éxito social y de felicidad

 

Cualquiera de estas afirmaciones, en cuanto la piensas con un poquito de rigor, no se sostiene. Pero resulta muy cómodo dejarse llevar por ellas.

 

La publicidad maneja muy bien estos mitos cotidianos para sacar lo más irracional de nosotras. Los prejuicios y los estereotipos que provocan rechazo y división en la sociedad están siempre basados en mitos, en narraciones fantásticas, falsas.

 

¿Cómo podemos nosotras, en educación de personas adultas, alimentar el pensamiento científico y no el mítico? No vamos a estudiar con gran especialización biología, ni ingeniería, ni filosofía, pero sí podemos cultivar la honradez de pensamiento, el rigor, la prudencia. Además, las personas con muchos estudios y carreras también se dejan arrastrar a veces por mitos y prejuicios. Nadie estamos a salvo y todas tenemos que estar alerta. ¿Cómo?

 

Yo os hago estas sugerencias:

 

Preguntándonos siempre el porqué de las cosas, buscando el origen, el motivo.

 

Teniendo mucha curiosidad por el mundo y por la vida, alimentando nuestras ganas de saber. Y no conformándonos con los atajos de los mitos, claro. Buscando respuestas que se ajusten a la realidad. Aprendiendo sobre ciencias, historia, literatura, música, sociología...

 

Sacudiéndonos la pereza que nos da a veces pensar. Hay que admitirlo: el pensamiento científico es mucho más cansado que el mítico. Hay que estar siempre atenta, alerta, no dejarse llevar.

 

En muchas ocasiones, las respuestas rigurosas necesitan conocimientos profundos, razonamientos científicos que no están a nuestro alcance, que no comprendemos. Sí, eso es cierto. Entonces hay que confiar en la inteligencia y los pensamientos de personas con más formación.

 

Isaac Newton, un científico que vivió entre los siglos XVII y XVIII, un gran genio, que descubrió las leyes de la gravedad, le escribió a un colega en una carta una frase muy conocida y muy bonita: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.” Newton quería decir que todo el trabajo, el pensamiento y los hallazgos de anteriores generaciones habían hecho posible que él llegara a sus descubrimientos. Que hasta las mentes más lúcidas se apoyan en otras personas.

 

Apoyémonos nosotras también en hombros de gigantes, pero de gigantes, claro, no de cualquiera que salga por la tele.

 

Confiando también en nosotras, en nuestra propia intuición, nuestra inteligencia, nuestra capacidad de aprender. Sintiéndonos orgullosas de nuestro aprendizaje.

 

Leyendo. Leyendo mucho en libros, revistas, prensa. Leyendo con sentido crítico, no creyéndose lo primero que cae en mis manos. Yo les digo a mis alumnos de secundaria: Leed, leed, pero cosas buenas. El Pronto no vale.

 

Apagando la televisión. Escuchando música, escuchando la naturaleza, escuchando nuestro interior.

 

Dialogando. Escuchando a otras personas, intercambiando opiniones, contrastando puntos de vista.

 

Estando dispuestos a cambiar de opinión y rectificar si llega el caso. Sin miedo.

 

Viajando. Conocer otros lugares, otras maneras de vestir, de comer, de hacer fiesta... nos lleva a caer en la cuenta de que el mundo es mucho más grande que nuestro rinconcito de todos los días. Eso nos hace más flexibles y ricas de espíritu.

 

La Educación de Personas Adultas, vuestro Colectivo de Cultura Popular Pilarica, tiene como objetivo esto que os estoy diciendo: alimentar estos hábitos intelectuales que conducen a una forma de pensar científica, profundamente humana, que nos hace a todos crecer como personas más completas.

 

Yo creo que el pensamiento científico nos convierte en personas mucho más completas y desarrolladas, mientras que el pensamiento mítico nos lleva a comportarnos de una manera muy inflexible y muy chata.

 

Aprender a lo largo de toda la vida destierra el pensamiento mítico y alimenta el pensamiento científico.

 

Por eso os animo a seguir cultivándolo en este grupo.

 

Os agradezco mucho que me hayáis invitado a esta inauguración del curso y os deseo que los meses que están por venir resulten muy provechosos y nutritivos para vuestra inteligencia.

 

Muchas gracias.

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