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Redacción
Lunes, 21 de noviembre de 2016

La victoria de Donald Trump

Nerea Belmonte  (2º Bachillerato)

 

 

La victoria del magnate Donald Trump no ha sido algo que deba sorprendernos, sobre todo si tenemos en cuenta que los políticos no “caen del cielo”, sino que son un reflejo de la mentalidad de la sociedad y producto del sistema que nosotros construimos. Es por esto por lo que debemos ser conscientes de que EE.UU. es uno de los países más ignorantes del primer mundo, así como de ese rechazo a la misoginia que parece mostrar la mayoría cuando el multimillonario humilla públicamente al género femenino, no se ve luego respaldado por unas estadísticas que establecen que en torno a un 80% de las mujeres estadounidenses entre 18 y 64 años ha sufrido algún tipo de acoso callejero.


El punto de la cuestión se encuentra en que la también candidata a la presidencia, Hillary Clinton (que tampoco es de mi particular agrado) ha perdido votos, simple y llanamente por el mero hecho de ser mujer. Esto me hace preguntarme; ¿cómo puede sorprendernos que salga elegido presidente un hombre profundamente racista, xenófobo, machista y misógino cuando aún permanece un sector de la población que considera que una mujer no está capacitada para dirigir un país?


Considero vergonzoso y abochornante que personas hispanas, así como mujeres hayan votado a Donald Trump, cuando todo aquello que él persigue va en contra de sus propios intereses. ¿Cómo estamos educando a las siguientes generaciones? ¿Dónde está su espíritu crítico?


Y digo “estamos”, sí, porque esto no un problema simplemente de EE.UU. y su mentalidad, sino de toda la mentalidad occidental.


Debemos concienciar a nuestros hijos, sobrinos y nietos de la necesidad de ser críticos, de sentir curiosidad acerca de lo que sucede a nuestro alrededor, de meditar las cosas y sus consecuencias. Debemos enseñar a ser tolerantes. Y por encima de todo, debemos enseñarles que el aprendizaje se encuentra en la diversidad; la diversidad de culturas, de pensamientos, de ideas y de religiones.
Nadie sabe tanto que no necesite aprender nada de otros.
Dicho esto, me parece importante informar sobre cómo, desde el primer día que Donald Trump fue elegido presidente, se dieron ya casos de insultos y ataques racistas y misóginos en el país. Sin ir más lejos, una amiga de una de mis conocidas allí ha sido víctima del acoso verbal y físico al que un grupo de jóvenes la sometieron, a ella y sus compañeras de universidad.
Me gustaría concluir con la esperanza de que los próximos años de gobierno con Trump relajen sus radicales posturas, y finalmente no sean tan perjudiciales para todas aquellas personas que no pertenecen al grupo de estadounidenses blancos, así como para los países asociados de cualquier manera con EE.UU., como en su campaña nos presentó a todos.

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