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Redacción
Miércoles, 14 de diciembre de 2016
Fátima y sus semillas

La tomatera

Fatima Zahra El Yssaui acompañada por Said El Yssaui (padre)

 

 

La profesora le había contado en clase que en el interior de cada tomate hay un tesoro más grande que cualquier tesoro que pudiera imaginar: las semillas.


–– Porque las semillas son como huevos Kinder que guardan en su interior un gran regalo: la vida, -les dijo. Gracias a las semillas, la vida vuelve a nacer cada primavera año tras año, como el corredor de relevos que entrega el testigo después de completar la carrera.


Desde que su profe le había contado esto, Fátima miraba los tomates de otra manera. Ahora, para ella un tomate era muy, que muy importante; ¡ser un tomate no era cualquier cosa!


Cuando llegó el momento, tal y como le habían explicado, cogió un tomate y lo partió con mucho, mucho cuidado. ¡Tenía miedo de hacerle daño! Y también, con gran delicadeza, cogió de su pulpa unas semillas. ¡Tenía miedo de hacerle cosquillas! Las puso al grifo dentro de un colador y las lavó bien, bien, como hacía ella cada mañana con su cara, y con sus dientes después de comer. ¡Listas!


Entonces ... las semillas empezaron a hablar;


– Hola-, dijeron, ¿Quién eres?


Fátima respondió


– Me llamo Fátima. Hola y cómo os llamáis,


Respondieron


– Yo Iñaqui


– Yo Ana


– Y yo Ángela


– ¿Queréis jugar?-, preguntó Fátima


–¡Sí, si!, respondieron.


Jugaron y se divirtieron. Al final, planta las semillas en un huerto. Después de unos días, crecía una tomatera grandísima y muy bonita.

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