Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Miércoles, 14 de diciembre de 2016
Fátima y sus semillas

El señor y las tres semillas

Saray Borja Vaquero acompañada por Azucena Vaquero Hernández (madre)

 

 

La profesora le había contado en clase que en el interior de cada tomate hay un tesoro más grande que cualquier tesoro que pudiera imaginar: las semillas.


–– Porque las semillas son como huevos Kindel que guardan en su interior un gran regalo: la vida, -les dijo. Gracias a las semillas, la vida vuelve a nacer cada primavera año tras año, como el corredor de relevos que entrega el testigo después de completar la carrera.


Desde que su profe le había contado esto, Fátima miraba los tomates de otra manera. Ahora, para ella un tomate era muy, que muy importante; ¡ser un tomate no era cualquier cosa!


Cuando llegó el momento, tal y como le habían explicado, cogió un tomate y lo partió con mucho, mucho cuidado. ¡Tenía miedo de hacerle daño! Y también, con gran delicadeza, cogió de su pulpa unas semillas. ¡Tenía miedo de hacerlas cosquillas!


Las puso al grifo dentro de un colador y las lavó bien, bien, como hacía ella cada mañana con su cara, y con sus dientes después de comer. ¡Listas!


Entonces ... las tres semillas empezaron a correr y dice un señor:

– ¡Unas semillas corriendo!
Las para para hablar con ellas y contestan las semillas:

– Hola, nos llamamos, Mariam, Jesica y yo Fátima.

Y él contesta:

– Yo me llamo Antonio.

Y dicen las semillas:

– Encantadas de conocerte, Antonio. Hasta luego, que tenemos prisa

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress