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Redacción
Jueves, 29 de diciembre de 2016

Visita de un grupo de alumnos de Integración Social a La Moraleja

Noticia clasificada en: Anyelino Dancer David Frosty Fukymuky

Palabras Menores acercó a 40 alumnos del módulo de 2º Grado de Integración Social del Centro de Enseñanza Gregorio Fernández de Valladolid al Centro Penitenciario La Moraleja. Era su primer contacto con una prisión y con un grupo humano que, probablemente, puede ser el centro de su labor profesional en los próximos años. La visita pretendía ofrecer a los alumnos un conocimiento directo de la realidad que a diario conocen de una manera teórica, propiciando un contacto personal con los reclusos del Módulo UTE de la prisión. Tras una visita a algunas instalaciones de la prisión, alumnos y presos compartieron un interesantísimo coloquio en el que unos y otros hablaron de sus estudios, sus perspectivas profesionales, su vida en el día a día...

 

Tras el encuentro, pedimos tanto a los alumnos como al grupo que participa semanalmente en el Taller Palabras Menores que nos trasladaran sus impresiones de la visita. Este son sus palabras, necesariamente extensas.

 

 

VALORACIONES ALUMNOS CENTRO EDUCATIVO GREGORIO FERNÁNDEZ

 

 

Ainhoa García


Creo que una visita como la que nosotros vivimos el pasado viernes 18 es una experiencia que, en mi opinión, deberían vivir muchas personas de esta sociedad.


En esta sociedad existe un estigma social sobre este colectivo que todos deberíamos eliminar. Es verdad que todos están allí porque en algún momento de la vida cometieron un error que les ha llevado a esta situación, a una situación en la que están privados de la libertad.


Creo que ya el simple hecho de estar allí tiene repercusiones en su vida; no pueden ver a sus familiares tanto como les gustaría, tienen que adaptarse a unos horarios muy diferentes a los que podemos tener las personas que estamos fuera.


Pero lo más importante hemos conocido  a personas que no han tenido problema en hablar con nosotros, en contarnos sus experiencias, en enseñarnos lo poco privado que tienen como puede ser su habitación “celda” de 8 metros cuadrados.


No han tenido problema en compartir con nosotros lo poco que tienen y han conseguido que todos saliéramos de allí con ganas de contar al mundo como viven, que son personas como otra cualquiera que están cumpliendo en este momento con su condena y que al salir de allí esto debería quedar en el olvido, pero lo peor de todo es que salen y tienen que luchar contra los prejuicios de la sociedad, con la dificultad de encontrar un trabajo y muchos de ellos tienen que volver a formar su vida fuera o volver a encontrarse con sus familias.


En definitiva, si ya están cumpliendo su pena, no hagamos que cuando salgan tengan que seguir cargando con su condena.

 

 

Alicia González


Como cambian las cosas cuando dejas de ser una marioneta de los medios de comunicación y puedes ver la realidad de otra manera, ver la realidad como lo que es. En nuestra visita a la cárcel… ¿dónde estaban los trajes naranjas y los carritos de los libros? ¿Por qué no había peleas y dónde estaban las porras de los funcionarios? Cuando eres capaz de mirar más allá de los prejuicios y dejar de darle alas a la imaginación dejas de ver presos para ver personas.  


Si abres los ojos, conoces a gente víctima de sus propios actos. Encerrados no solo en una celda, sino en sí mismos. Como en la vida, muchos de ellos se arrepienten de sus actos, buscan una nueva historia que contar y para ello se esfuerzan dejando atrás lo que una vez les quitó su máxima libertad. No, no es la prisión sino las drogas. Personas que con orgullo dicen CONSEGUÍ DEJARLO, ahora están estudiando o cantando, da igual lo que hagan, pero siempre orgullosos de lo que han conseguido y luchando por un futuro mejor.


Después de conocer esto, tengo una pregunta que no sé si alguien me podrá responder. ¿Por qué ellos no pueden tener nuevas oportunidades como cualquiera que comete un error? Luchemos por la verdadera igualdad.

 

 

Almudena Martín


Como no conocíamos o como anteriormente no hemos tenido una oportunidad de acudir a un centro penitenciario, algunos o casi todos íbamos con algunos prejuicios o incluso con ciertos miedos debido a lo que nos ha transmitido la sociedad desde pequeños o incluso hemos visto en la televisión, películas…


Pero una vez recorrido los pasillos, los lugares que allí dentro se encuentran creo que todos hemos roto con nuestros prejuicios y miedos y hemos cambiado nuestros pensamientos… lo que hemos vivido allí ha sido algo gratificante, algo que siempre recordaremos ya que hemos comprobado estableciendo una conversación con ellos, que allí se encuentran personas iguales que nosotros , con los mimos sueños y deseos, con ganas de vivir, con ganas de que la sociedad les dé una segunda oportunidad porque a todos nos podría pasar, todos debido a nuestras circunstancias, podíamos haber tomado una mala decisión. Pero ellos lo han tenido que pagar allí dentro, un lugar donde la gente juzga sin darles la oportunidad, porque todos necesitamos unas segundas oportunidades y ellos están deseando que la sociedad se la dé y ¿porque no hacerlo? cuando ya he dicho que son personas con sus propias ilusiones, sueños... personas que han cometido un error pero que ya lo han tenido que pagar allí, porque tiene que juzgarles la sociedad también, es algo que tendremos que trabajar mucho desde nuestro perfil profesional porque como ya he dicho anteriormente son personas y todas las personas nos merecemos una segunda oportunidad

 

 

Beatriz Marín


Siempre tendemos a catalogar las experiencias como malas o buenas, como mejores o peores, pero esta vez el nombre que debemos darle es diferente. Creo que la primera reflexión que me vino a la cabeza tras cruzar los muros de la cárcel, fue la siguiente ¿Estoy visitando un centro más o entrando directamente en la realidad? -cuando la comunicación se hace efectiva y el dialogo cobra sentido que se merecen, comienzas  a conocer historias, hechos, realidades de persona que por unas decisiones u otras parecen estar a otro lado, que en un principio piensas que no es el tuyo. Pero no. Estamos mucho más cerca de ellos de lo nos pensamos.

 

Y es que, como bien dijo uno de los allí presentes, ¿quién no ha probado nunca un porro?” Y yo desde aquí lanzo otra pregunta “¿Quién no se ha tomado nunca una copa de vino, una cerveza o un cubata de ron-cola?” , creo que la respuesta es simple: todos hemos consumido drogas, de una forma u otra, pero eso quiere decir, que absolutamente todos podríamos estar allí. Entonces ¿Por qué etiquetamos nuestros propios actos en personas que ni siquiera conocemos? ¿Por qué estereotipamos aquello que no conocemos?, y la respuesta vuelve a ser clara: miedo. Si, miedo por aquello que no nos gustaría vivir, miedo a perder nuestra libertad.

 

Todavía no se si ese miedo o desconocimiento podrá ser afrontado algún día por la sociedad , pero lo que sí se es que yo ya no tengo miedo, y por supuesto ya conozco más, que he podido ver con mis propios ojos la realidad y no me ha asustado, y creo que eso esta bien. Finalmente debo decir que esta experiencia me ha aportado una maduración profesional pero también personal, y por supuesto muchas ganas de seguir estudiando en esta área de lo social , área tan  sorprendente como bonita y de la cual me siento muy orgullosa. Gracias a todos por hacer esto posible.

 

 

Blanca Redondo


Al principio yo sí que me lo tomaba como una visita “turística” puesto que nunca había pisado una prisión y sólo tenía la imagen de las series y películas. Imaginaba que iba a ver personas con uniforme y con actividades y horarios mucho más restringidos. Personas más serias, que casi ni iban a querer hablar con nosotros ya sea por el “qué dirán”, por vergüenza o simplemente porque no les apetecía.  


Pero no, todo lo que yo pensaba priori era erróneo, lo que vi eran personas como nosotros, con fallos y virtudes como todos.


Allí dentro no me sentía dentro de una prisión, la sensación era de estar en un centro con gente desconocida abierta a hablar, a contarnos sus experiencias allí dentro, sus planes de futuro al salir al mundo “real” y esto es de agradecer porque se aprende más de alguien que tienes delante de tus ojos que leyendo unas simples letras en alguna entrevista, libro, o en documentales y películas que todo lo adornan.  


El vivir esta experiencia de tener la oportunidad de visitar una prisión más que para cotillear con los amigos sirve para contarles cómo es aquello, para quitarles la idea que tengan de las películas americanas y que si algún día ellos tienen la oportunidad no duden en visitar una.  

 

 

Claudia Cagigal


Mi realidad hasta aquel día era totalmente distinta a mi realidad a día de hoy, tenía una idea totalmente equivocada de una vida en prisión.


Llegué emocionada, nunca había visto un centro penitenciario y lo único que sabía  era lo que veía en películas y series de televisión, y como siempre aquello que desconoces es lo que más curiosidad e intriga me da. Mis pensamientos no dejaban de decir, tú estás eufórica por conocer esto y, en cambio, las personas que entra aquí vienen rotas por dentro sabiendo que no van a poder salir en no sé cuántos años…  


Hablamos con personas normales, en un lugar inusual. Nos contaron su día a día, que para mí, sinceramente, sería una situación insostenible, sin embargo en ellos vi fuerza para seguir adelante luchando por dejar atrás lo que un día les llevó allí, no sé si es lo que sienten todos o solamente unos pocos, pero yo lo vi.  


Hay personas que consideran que son monstruos, que todos volverán a las andadas nada más dejen la cárcel, que viven como reyes y que no les falta de nada ahí. Si vivir como un rey es estar privado de libertad y que, una cosa tan superficial como ir a tomar un café con tus amigos a una cafetería del centro sea imposible creo que estamos muy lejos de la realidad… yo en mi visita al centro penitenciario vi a personas que querían salir y hacer las cosas bien, personas que querían volver a disfrutar de sus familiares, conseguir un trabajo y rehacer su vida, cada persona es un mundo y hacer las cosas bien está de mano de cada uno, pero ¿quién me dice a mí que el día de mañana no cometa un error y esté en su misma posición?  


En nuestro encuentro en el módulo 14 con los chicos de la UTE vi como ellos luchaban, o al menos lo intentaban, por una igualdad de derechos a la hora de encontrar trabajo, y que el hecho de estar en la cárcel no sea un lastre que te acompañe toda la vida. No sé si la forma más adecuada de conseguir una inclusión en la sociedad es ir con un papel en el que diga que esa persona estuvo en un centro penitenciario, y en mi opinión, lo importante a la hora de trabajar no es tu pasado, si no tu presente, tus cualidades y tu actitud. Vi a personas interesadas en que conociésemos su realidad para que comenzásemos nosotros a cambiar esto desde fuera, que el boca a boca corre más rápido de lo que la gente se piensa y que lo que al principio sabe una persona pueden terminar sabiéndolo 100. Yo ya he comenzado a contar mi nueva realidad sobre el centro penitenciario y espero que la gente se entere pronto de la verdadera realidad. Seguimos siendo personas, y como en todo ser humano la perfección no existe y el error es inevitable.  


Es hora de hacer un cambio en esta sociedad, hay que tratar de eliminar todos esos prejuicios que no nos dejan conocer a las personas en su totalidad, todas aquellas leyendas sobre la vida en la cárcel, todo eso que nos cuentan sabiendo únicamente 30% de la realidad, ya que no hay mayor ignorante que el que cree saberlo todo y no busca la verdad en un mundo tan mentiroso.


Me siento afortunada de haber podido conocer a todas estas personas, su vida y las condiciones en las que viven, conocer cómo llevan el estar encerrados 16 horas en una celda minúscula y el resto de horas, aunque con un poco más de libertad en un centro del que saben que no van a poder salir. Ver la realidad de estas personas es la que me hace recapacitar tema ya que muchas veces pasamos por alto estas cosas que algunos consideran sin importancia y en cambio, otras personas no pueden tener por un error que cometieron y por el cual se les priva de un derecho fundamental como es la libertad, para de este modo, pagar su deuda con la sociedad.


Gracias por enseñarnos un lugar desconocido, hacernos ver una realidad distinta, descubrirnos vuestras ilusiones y futuros planes, por abriros delante de completos desconocidos y por hacernos partícipes en la lucha de una inclusión social.

 

 

David Nieto


En el tedioso viaje en bus de vuelta a mi pueblo, un pensamiento inundó de lleno mi mente, esta noche: va a ser una larga noche de parque, conclusiones y cerveza.


Tapados hasta las cejas y con la luz de la única farola que todavía funciona, varias latas de cerveza acompañaban la fría noche, y el debate que había surgido después de contar a los parroquianos la experiencia que había vivido horas antes.


Las latas de cerveza se iban vaciando, y los cigarros consumiendo, pero había una conclusión que permanecía en mi cabeza y en la de mis amigos: “la propia sociedad supone un gran obstáculo para las personas que conocí esa tarde”.


Esta conclusión, sacada de una frase dicha por una de las personas presentes en la charla, fue el eje de nuestro intenso debate. El esfuerzo se queda en algo vacío, cuando gritar no sirve de nada, si nadie tiene voluntad de escuchar.


Soy pesimista y optimista a la vez, pues veo un desierto árido donde nacen poco a poco brotes verdes. La sociedad sería ese desierto, y los brotes todos aquellos que reflexionamos esa taciturna noche de parque.


Como punto final, asegurar que este mensaje no se quedará solo en el parque. Los inicios siempre son complicados, pero sin un inicio, no habría un objetivo.

 

 

Deborah Paredes


Después de salir del centro penitenciario me quede reflexionando sobre las historias contadas por lo internos y sus motivaciones cuando salgan de allí y me quede pensando ¿Por qué no darles una segunda oportunidad?, todos comentemos errores de mayor o menor medida a largo de nuestra vida y merecemos esa segunda oportunidad, muchas veces a la hora de encontrar trabajo se les pone muchos inconvenientes a la hora de encontrar trabajo por el mero hecho de estar en la cárcel porque la mayoría de la sociedad piensa que volverán a cometer el delito pero quien me dice a mí que mañana cualquiera de nosotros se puede encontrar en la misma situación, ante todos son personas y debemos tratarlas como tal.

 

 

Iván Ramírez


Todo lo que he visto, sentido... tiene que ver con personas, con vidas de personas. No son presos: son David, Rubén, Carlos... De personas marcadas, aisladas, socialmente ''malas''. Pero yo he visto, he sentido, he descubierto... ¿Qué les digo que vaya más allá de lo trivial?


Todos cometemos errores, es una facultad que el ser humano tiene y es de las peores vistas por nosotros mismos. Pero también, tenemos la capacidad de solventarlos y creo que no se le da la importancia que se merece a esto último.  


El querer superar nuestros errores, es el hecho de que podamos seguir evolucionando y conseguir seguir adelante, salir de lo malo. No se debe ver tanto los errores, las marcas,  sino fijarnos en la fuerza de voluntad que cada individuo pone para contrarrestarlos, y este aspecto es algo en lo que la sociedad debemos mejorar, es decir, modificar ese error.


Lo que vimos el otro día no fueron presos, sino personas con errores, al igual que los tenemos todos. Lo único que nos distingue de esas personas, es el hecho de que sus errores fueron mayores, pero desde luego su fuerza de voluntad también es mayor que la nuestra.  


Creo que el mayor error no es el que ya han cometido, sino el hecho de que quieran abandonar, el tirar la toalla una vez empezada la pelea, porque eso, seguramente no acaban perdonándoselo. Ninguno les consideramos unos cobardes como para hacerlo, podrán salir de ésta.

 

 

Ivana Tesorero


Tras la visita al módulo UTE del centro penitenciario La Moraleja, hemos podido comprobar que no son ciertos algunos aspectos que la televisión nos muestra como pueden ser las duchas colectivas, que los funcionarios llevan porras, armas o pistolas, que hay presos de confianza…


Ha sido una experiencia muy emocionante porque hemos visto a personas con deseo de cambiar y que son conscientes de que es muy difícil reinsertarte tras cumplir su condena, y más si antes de entrar en prisión han perdido todo lo que tenían, su casa, su familia, su trabajo… pero todos somos personas, y todos nos podemos equivocar alguna vez y elegir el camino equivocado, pero siempre merecemos una segunda oportunidad realizando muchos esfuerzos por cambiar y por no volver a cometer los errores que se cometieron alguna vez.

 

 

Juan de la Torre


Encontrar las palabras para expresar lo que sentí en el módulo de la UTE seria "romper estereotipos". Yo tenia una idea preconcebida de lo que era una cárcel: por la televisión o por las películas, medios de comunicación.....


Al sentarme allí en esa sala y escuchar lo que decían los presos, sus opiniones, sus respuestas a las preguntas realizadas por mis compañeros de clase se me iban quitando o borrando esas ideas que yo me había creado. Por ejemplo: que tuvieran una biblioteca dentro del modulo de la UTE, que hubiera asambleas donde se contaban los problemas que tenían, que algunos de presos tuvieran estudios de formación profesional, rompiendo con la idea de que estuvieran encerrados sin ninguna ocupación, simplemente dejando pasar el tiempo. Me resulto muy interesante que pudieran aprovechar una situación desfavorable con actividades que les ayudaran a reconducir su ánimo y tal vez su vida. Creo que aunque la vida sea injusta siempre tienes que tener ganas de vivir y esforzarte para no perder tus sueños.


Creo que es una buena experiencia de unos cortos minutos que hacen cambiar de postura sobre lo que es una prisión y modificar ideas previas. Se la recomendaría a todo el mundo.

 

 

Laura García


Cuando nos dijeron que iríamos de visita a la cárcel se me erizaron los pelos; siempre me ha producido especial inquietud qué es lo que se esconde detrás de esos altos muros.


Ahora ya lo puedo contar: detrás de las vallas hay historias, unas más duras que otras, hay emociones, gustos, miedos, sueños, familias, tiempo que pasa lento; hay personas de aquí y de allá, como tú y como yo, pero ellos con el peso sobre sus hombros de una etiqueta errónea que la sociedad les hemos impuesto. 


Yo todavía no me he ido de allí.

 

 

María Palomino


Un encuentro que abre los ojos, los sentidos y caminos para la reflexión.


Conocemos una cárcel muy enmarcada en estereotipos generados por películas, series y  noticias manipuladas captando la atención del espectador o lector.


La realidad va mas allá, personas que viven privadas de libertad, pero personas que visten sin prendas a rallas, que caminan hablando hacia el gimnasio sin vivir esposados, sin ser perseguidos continuamente por un funcionario; funcionarios que no van porra en mano durante toda su jornada laboral.


Personas que comparten sus experiencias con sus compañeros y que se han ofrecido a hacerlo con nosotros, a hacernos ver que son personas de carne y hueso, con pensamientos, sentimientos y reflexiones, con pasado, con presente y con futuro.  


Un presente que depende de ellos, un presente cargado de esfuerzos, metas y aprendizajes, que cuenta con el apoyo de sus compañeros y la ayuda de profesionales, pero no podemos olvidarnos del futuro, un futuro que nunca sabemos de quien depende, pero sabemos que es un futuro por el que hoy luchan ellos y por el que debemos trabajar y movilizarnos los demás.


Movilizarnos para difundir un mensaje real, un mensaje que elimine las cárceles y los internos de película, un mensaje que no se disfrace de ideales del mismo modo que no debe hacerlo  de estereotipos. Trabajar para eliminar la imagen de personas socialmente “malas” que les ayude a ser reconocidos como personas, simplemente personas, que les facilite el acceso a un empleo, a no ser señalados, etc.


Ellos no son nosotros y nosotros no somos ellos, pero no podemos desvincularnos, todos vivimos en esta sociedad, da la sensación de que permanecen en el olvido, no les vemos por lo tanto no les pensamos, socialmente quedan reducidos a gastos públicos, miedos y prejuicios.


El cambio de esta situación está en todos, en todos nosotros.

 

 

Melani A. García


Cuando entré en aquel lugar, entré con miedo, nervios, sin saber qué me iba a encontrar o cuál era la sensación con la que iba a salir de allí. Hoy, después de una semana puedo decir que parece que todavía un cachito de mi mente, permanece en aquél sitio, entre tantas personas con historias diferentes y con experiencias de las que aprender. Me parece irónico todos los estereotipos que hoy en día existen de esas cárceles, si esas personas que los crean, hubieran estado en mi lugar lo verían como nuevos sitios de aprendizaje.


Y a vosotros, deciros que gracias por compartir con nosotros un pedacito de vuestra esencia.

 

 

Roxana de la Cal


El viernes pasado tuve una experiencia que jamás penque que iba a vivir, hacer una visita al Centro Penitenciario La Moraleja, Dueñas, Palencia y a los usuarios del Módulo UTE. Estaba tan ilusionada que le pedí a mi tía (que trabaja con este colectivo) que me contara algunas cosas acerca de estos centros.


Y una vez llegado el día, una vez allí, estaba con los ojos y los oídos abiertos de par en par para absorber toda la información que nos iban dando, además de situarme en primera fila para no perderme ningún detalle sobre lo que veía y contaba la subdirectora y algunos usuarios del centro.


Ellos nos contaban su experiencia allí, horarios, lo que les gustaba, lo que no y de algunas preocupaciones que tienen a la hora de salir del centro. Recuerdo que uno de los internos comento que había personas que entraron en el centro sabiendo que los teléfonos móviles tenían teclas, y el día de mañana cuando salga se va a encontrar con móviles con pantalla plana, táctiles y claro, tienen que hacer un esfuerzo para adaptarse a estos nuevos teléfonos móviles. Generalizando, a día de hoy la tecnología y la sociedad avanza y ellos al estar en el centro desconocen todos esos cambios que se están desarrollando fuera. Cuando les llegue el momento de salir del centro tienen que hacer un gran esfuerzo por adaptarse a la nueva sociedad, que además cabe mencionar que no es nada fácil porque la sociedad en sí, rechaza a estas personas por haber estado en un centro penitenciario, las oportunidades de trabajo son menores, y las personas que ya conocen su pasado les ignoran por miedo a que les puedan hacer algo.


Como futura integradora social, me podía imaginar trabajar con diversos colectivos, ya sean personas con diversidad funcional, personas sin hogar, minorías étnicas, personas vulnerables por razón de sexo, personas mayores, etc, es decir, con personas que se encuentran en riesgo de exclusión social, pero en ningún momento me imaginé que podría trabajar con reclusos o ex reclusos, pero no por miedo, sino por desconocimiento. Me imaginaba cómo podía ser el centro, pero hoy ya conozco la realidad allí, cómo funciona el centro y cómo se desarrollan las diversas actividades... Además de conocer el funcionamiento, también interactuamos con algunos internos de la UTE y esto me enriqueció tanto que hoy me puedo plantear otras miras de futuro para poder ayudar a estas personas. Además le cuento a todas las personas que me rodean todo lo que vi, oí, y aprendí para que rompan esos estereotipos y no se imagen que todo es como en las películas.

 

 

Sara Pedrero


Lo que en principio parece una simple visita turística con tu mente llena de estereotipos se acaba convirtiendo en un centro de interés que derrumba todos los esquemas mentales que llevas. Al principio te preguntas como será, pensando en si lo que las series de televisión te muestran es cierto, pero cuando llegas allí, todo cambia. Entras en un lugar diferente a como creías que era y descubres que los presos que llevan un mono amarillo con un número colocado al lado del pecho es simplemente ficción, que visten como tú y como yo.

 

Todos cometemos errores en nuestras vidas, unos más graves que otros, pero al fin y al cabo errores, y esos errores nos enseñan y nos construyen; nos  hacen pensar en lo que debemos cambiar para no volver a fallar si realmente nos arrepentimos. Esos presos que al salir de esa prisión no tienen oportunidades por los prejuicios de la gente a mi aquel día me enseñaron que lo único que nos diferencia es que yo puedo disfrutar mi libertad cuando la necesite y ellos están encerrados,  ya no hablo de la cárcel en sí, sino encerrados en sus pensamientos, en su rutina. A mí, estar en la cárcel me quitó la venda de los ojos.

 

 

Virginia Blanco


Cuando entras por primera vez en una cárcel te das cuenta de lo equivocada que está la sociedad en la concepción que generalmente se tiene de los centros penitenciarios y de las personas que viven en ellos. Probablemente esto sea fruto de los prejuicios, del desconocimiento y de la idea de prisión que nos venden las películas y las series de televisión, las cuales, obviamente, siempre buscan llamar la atención y no plasmar la realidad.


Creo que generalmente se necesita conocer (y querer conocer) esta realidad, que vemos tan ajena desde fuera siendo mucho más cercana a nosotros de lo que creemos.


Por suerte, gracias a Palabras Menores, el Centro Penitenciario La Moraleja ha hecho un gran esfuerzo por abrirnos sus puertas y darnos la oportunidad de acercarnos y conocer desde dentro esta realidad tan desconocida. Por otra parte, los presos del Módulo UTE hicieron esta gran experiencia mucho más cercana y real.


¡Muchas gracias a todos los que habéis hecho posible esta visita!

 

 

 

VALORACIONES DE LOS PRESOS DEL MÓDULO UTE

 

Anyelino


Para empezar, diré que la visita estuvo fenomenal. Me extrañó que en su mayoría fueran casi todo chicas: su porqué tendrá. Estos encuentros son muy positivos, tanto para ellos como para nosotros. Rompen con el mito de cómo somos los reclusos, ven que a pesar de estar aquí somos gente normal, llena de aspiraciones, y que nos proponemos un cambio, marcándonos unas metas.


Tienen mucho valor para lo jóvenes que son. Su oficio les va a suponer meterse en el pellejo de los demás, algo muy difícil, pero no imposible, va a ser un verdadero reto. Y he visto que tienen mucha curiosidad con las cosas para que luego no las pille de sorpresa: es un comienzo positivo.  


En esta sociedad, por desgracia, somos muchos los que tenemos el grado, por decirlo de alguna forma, de exclusión social. Cuando salimos a la calle, por el mero hecho de haber estado en presidio, se nos cierran casi todas las puertas, sobre todo en el ámbito laboral, que es el sustento de vida y por el cual tendríamos más facilidad para integrarnos. Sí que nos dan un pequeño subsidio, pero eso es pan para hoy y hambre para mañana. En la calle vamos a necesitar gente como vosotros, que medien y nos orienten para hacer cursillos o buscar trabajo organizadamente.  


Pensar que lo hacéis por los demás tiene mucho sentido y que vais a enseñar a los demás que tenga más sentido su vida. A por ello, y a por el toro.

 

 

Dancer


Es una buena forma de integrarnos poco a poco a la sociedad. Sirve de preparación, tanto paro nosotros como para ellos, hablando claro de un futuro. Liberando los estigmas que la mayoría de la gente tiene sobre el perfil de preso, haciendo llegar a cada persona. Con las visitas que tenemos descubren que aquí dentro hay personas con ilusiones, ganas de hacer una nueva vida, con objetivos, proyectos y, ante todo, reinsertarse a la sociedad. Por eso son súper importantes este tipo de visitas a parte de psicólogo, trabajador social etc… Gente con aire fresco, ideas frescas, ganas, jóvenes como nosotros que empaticen con lo vivido y lo sufrido, que se puedan poner en nuestra piel. Eso es una forma muy profunda de ayudar. Pues en algún momento de sus vidas han sentido como nosotros, han sufrido, desorientados, incomprendidos, sin encontrar su sitio en la vida. Eso es tener una sensibilidad especial, ser jóvenes tan cercanos.  


Hablo de esta forma porque mi mejor amiga fue una de las personas que más ha influido en mi vida a la hora de ayudarme a encontrarme conmigo en un momento de mi vida en el que no tenía ganas ni de vivir. Me enseñó mucho de los valores que hoy en día tengo con ella: aprendí a quererme, a luchar por mis objetivos y a levantarme cuando caes. Me dijo que siempre que algo malote pasa, algo bueno viene después. Hoy en día es psicóloga en un Centro de Menores. Por eso digo que gente joven es fundamental a la hora de empatizar con nosotros, en ponerse en nuestra piel. No dudaría en tener charlas con cualquiera de ellos, porque me podrían ayudar y aportar.

 

 

David


La llegada de aquel grupo se demoró y la tensión en el módulo era palpable. Ya desde la mañana el entusiasmo era general: la mayoría recién afeitados, otros incluso, al contrario de otros días, recién duchados, lo que para el resto es de agradecer, tan sólo por la presencia de chicas. Qué es lo que nos preguntarán o qué es lo que estudian... y sin más preámbulo en la incertidumbre, entraron por la puerta.


Cuando me di cuenta ya estaba todo el mundo sentado, unos por un lado, otros por otro. Y como si hubiese un muro, nos distanciamos. Yo esperaba haber interactuado más, ya que es siempre grato que alguien se interés por nosotros. Finalmente, cuando comenzó todo a tener una cierta armonía se tuvieron que marchar, lo que a todos nos apenó. Tal vez en una futura visita ese muro sea derrumbado desde el comienzo y pueda dar más de sí la visita.


– El día de mañana me gustaría que fuesen ellas, o gente como ellas, las que realmente cambien el sistema de integración social. Cambiar desde aquí, la cárcel, que podamos tener un trabajo, con el que comenzar una vida de labor y digna. Que a aquellos que muestran signos de cambio se les concedan derechos de tener una vida en el exterior, que ahora no tenemos. En fin, que una persona que ha tenido que robar para vivir no se vea en la misma necesidad cuando retorne.

 

 

Frosty


– Dan a conocer una realidad que, normalmente, está demasiado distorsionada por las personas que no saben cómo es y cómo funciona una prisión, y cómo somos las personas que estamos aquí dentro.


– Siento que la vida continua ahí fuera, el tren no para. Las nuevas generaciones vienen cargadas de vida, de ganas de querer hacer las cosas un poco mejor. No llevan encima el gran desgaste de haber trabajado tantos años dentro de estos muros.


– Hay una persona que me ayudó bastante, me enseñó a pensar por mí mismo, a reconocer mis propios valores, me guió para volver a ser lo que un tiempo dejé de ser: yo mismo. No me implantó ningún marco a seguir, no juzgó mi forma de ser, ni intentó que mi vida fuera otra: simplemente me enseñó a ver quién era y a escucharme a mí mismo. Parece fácil, pero muy probablemente todos mis errores se deban a que no era consciente de nada más allá del dinero y la droga.


– El mayor de los sentidos, la condena, no debe plantearse solo en el hecho de pagar lo que has cometido,. Aunque algunos no lo crean, las personas son capaces de aprender y por muchos prejuicios que hayan, aquí hay personas a las que se les debe enseñar a vivir. Es evidente que no hemos sabido hacerlo. Vivir implica un sacrificio constante y diario, trabajar honradamente, ser comprensivo con todos los que te rodean, saber muy bien lo que quieres y cómo lo quieres, alejarte de los peligros que, por supuesto, debes tener presente a cada momento. Un día el muro dejará de estar y aprender a vivir de verdad debe crear una moral, una ética, unos principios que hagan de nuevo de barrera sobre lo que es bueno y lo que no. En ese aprendizaje debe invertirse nuestro tiempo entre estos muros.


– Creer, creer en ti cuando lo merezcas, ser cercano y conocerte. El tiempo para y la persona de hoy no es la de hace ocho años. En verdad que no todos cambian, pero muchos sí, y juzgarnos por los errores de otros que han estado en nuestra situación no es justo.  


Crear tablas y variables de una persona sin conocerla puede ser una buena guía, pero a veces no es una realidad. No todas las personas somos iguales. No prejuzgar por nuestros errores ni por nuestra apariencia, aunque sé que esto último es bastante difícil.

 

 

Fukymuky


– Este tipo de visitas in situ, es decir, a un Centro Penitenciario, les ayuda a conocer y descubrir la realidad que viven las personas internas. Nuestro día a día, la convivencia, cómo es y qué tipo de tratamiento nos ofrecen para recuperarnos de nuestras situaciones de (drogodependencia).


Aquí reciben información de primera mano. Información veraz y real que los ayudará, complementariamente, en sus trabajos como Integradores Sociales.


A la persona interna se la puede recuperar; con ayuda, con tiempo, con profesionales cualificados, con terapias…


Pero él tiene que dejarse ayudar y tener objetivos claros que le servirán para reintegrarse en la sociedad.


– Principalmente, pienso que quieren construirse un futuro, un mañana mejor y más cálido. Con sus pequeños granos de arena pretenden construir, lograr una sociedad más justa, atendiendo a los colectivos desfavorecidos. Por eso quieren aprender y buscan a protagonistas. Quieren referentes, encontrar sentido a la integración social, con que se van a encontrar.  


Como todos los jóvenes, tienen dudas.


No es sencillo trabajar con nosotros. Es normal que tengan miedos. ¿Quién no los tiene? Les espera un camino con multitud de dificultades, quizás con trabas institucionales.  


Con la información tan abundante que existe y a tiempo real a través de Internet, puede adentrarse en cualquier colectivo, descubrir las caras amargas de la vida, la conducta humana, a veces atroz y otras, maravillosa. La vida de estas jóvenes son reales; tienen problemas y quizá conflictos internos.


Con sus inquietudes aportan interés y sentido de la responsabilidad. Quieren ocuparse de la vida social, participar activamente, reivindicarse como personas. Los jóvenes serán el sostén de la sociedad del mañana.


Estas mujeres, si así lo deciden, serán madres y querrán lo mejor para sus hijas e hijos. Saben que en la educación se hallan valores que posibilitan el bienestar social. Además, buscan su espacio. La igualdad, poder transmitir lo que piensan y que podemos hacer todos para lograr el cambio, la trasformación. Luchan contra aquello que no les gusta de los sistemas establecidos y son ejemplos a seguir.  


Desde la óptica femenina se descubren aspectos distintos, proteccionistas, creadores…

 

 

El Gallén


Para empezar comentarles que hacía mucho no percibía tantos aromas femeninos juntos.


– Conocer la perspectiva que tienen las personas que nunca han tenido contacto con las personas que nos encontramos aquí y saber que piensan de nosotros.


– Cuando les vi llegar pues me dieron nervios, me sentí como cuando era niño y me visitaban en casa.


– Cuando percibí sus temores pensé que se sentían como yo en el primer momento cuando me detuvieron y no sabía lo que me esperaba. Pensaba en mil y una cosas malas que pudiera encontrar.


– Percibo que sus vidas tal vez son la vida que yo quería tener: estudiar, prepararme para trabajar y empezar a trabajar. Son vidas reales, como cualquier ser humano.


– Los jóvenes de ahora no sé, pues aún soy joven.  


– De ellos siento una energía de joven que empieza a vivir, llenos de sueños y metas, y quizás ningún fracaso.


– Para mí les envidio quizás su vivir, el que puedan estudiar, prepararse y tener una vida próspera, tal cual como la que yo quise tener. Para mi forma de verlos, son personas afortunadas.


– La verdad a mi forma de ver las cosas ya para mi aportan mucho con venir a visitarme pues me siento allegado a alguien quizás sea porque a mí nadie me visita, pero eso es lo que siento y pues que mejor ejemplo de trabajo social que el de Ignacio.


– Para mí sí tiene sentido, porque ellos son el medio entre este muro y la libertad. Quienes nos escuchan, quienes llevan un mensaje, nuestros mensajes, ideas y quizás alguna queja, y quienes exponen a la sociedad otra forma de ver las cosas.


– Yo creo que sí es útil y pues lo que cualquier persona necesita es trabajo para no cometer de nuevo los mismos errores del pasado. Una oportunidad o los medios para defenderse.

 

 

Javier


Pues a la llegada de 40 alumnos de un Grado Superior de Integración Social al módulo 14 de la UTE del centro de la Moraleja fue un orgullo para nosotros, ya que tenían muchas dudas hacia nosotros, que estamos presos por motivos personales, y así conocían la vida que tenemos diariamente. Las cosas que veían en las películas eran mentira, ya que en la UTE, los que estamos queremos cambiar el problema que tenemos hacia las drogas con ayuda de programas terapéuticos, y solucionar unos caracteres que en la calle a más de uno le busca un problema. Aquí aprendemos a convivir entre grupos, participando en algunas actividades como terapias, deportes...


Las chicas que vinieron eran jóvenes y, la verdad, lo que están estudiando es una buena ayuda hacia nosotros y hacia quien se encuentre en esta situación. Al principio nos dio un poco de vergüenza abrirnos hacia ellos, pero luego, una vez que nos relajábamos, empezamos a contar todas aquellas dudas que tenían hacia nosotros y ellas nos contaban en qué consiste lo que están estudiando. Tanto nosotros aprendemos de ellos al igual ellos de nosotros.

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