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Redacción
Viernes, 31 de marzo de 2017

Un café con "el abuelo"

Noticia clasificada en: Asun Sánchez

José Luis Herrero, al que cariñosamente en el barrio llaman “El abuelo” es uno de los vecinos más antiguos del Barrio España. Vive en la calle Montaña desde hace 73 años.

Asun Sánchez y María Jesús Martín

 

 

Con los últimos rayos de sol y saboreando una taza de café nos encontramos con este viejo y querido amigo en uno de los rincones del barrio que casi lo vio nacer. Cuenta que nació en la calle Linares hace 80 años, cuando la Rondilla aún era de las afueras de Valladolid, con casas molineras, fincas y vaquerías. Aunque vivió en distintos sitios de la ciudad, fue en el año 1944 cuando aterrizó con sus padres y cuatro hermanos más en el Barrio España, el que ya sería su barrio para siempre. “No creáis, al principio fue duro. Llegamos aquí con cuatro trastos y una gran lona que mi padre alquiló y unas maderas que instaló a modo de tienda de campaña en el terrero que había comprado. Afortunadamente era verano y además había un pozo. Aunque lo duro para mis padres fue el intento de mantenernos a todos juntos, sin desperdigarnos, tarea no siempre fácil. Nosotros estábamos encantados correteando por el barrio y disfrutando del aire libre”.

 

¿Recuerda como era el barrio en los años 40?

 

–– En esa época carecía de todo, no había agua corriente, ni alcantarillado, una electricidad malísima, las calles no estaban asfaltadas, realmente no había calles, era un grupo de casas, más o menos alineadas sobre el polvo, o barro si llovía.

 

Parece ser que el barrio se crea hacia 1915, en los terrenos que dicen eran de una marquesa propietaria de una finca llamada “Finca Linares”. Así fue como se llamó en un principio, después fue el Barrio de la República, también le llamaron el “Barrio de las latas” y por fin fue y sigue siendo “Barrio España”.

 

¿Hicieron algo para arreglar el barrio?

 

–– Pues… como no había forma de vivir decentemente en aquellas condiciones, algunos vecinos,  entre los que estaban mis padres, decidieron crear una cooperativa para empezar a meter agua y alcantarillado en las casas.

 

Comenta que se llamaba “Cooperativa inmobiliaria del Barrio España”. “En mi casa se montó una pequeña oficina, con máquina de escribir y todo, que también servía de almacén, donde se guardaba la herramienta necesaria para acometer la obra emprendida. Todos los cooperativistas pagaban una cuota, no me acuerdo de que importe, y trabajaban haciendo zanjas y otras obras destinadas a meter tubos grandes y pequeños, que nosotros, los niños no sabíamos muy bien para que servían”, recuerda.

 

¿Y funcionó, la cooperativa?

 

–– Aunque pusieron mucho empeño, las cosas no iban bien, la obra era más complicada y costosa de lo que parecía inicialmente. Por eso, pidieron ayuda a D. Marcelo González, el que luego fuera cardenal, y a otro cura vasco que ahora no me acuerdo como se llamaba,. Con ellos  consiguieron  la colaboración de todas las fuerzas vivas de la ciudad; el Ayuntamiento, el Arzobispado y el Gobierno Civil, y se creó el “Patronato Francisco Franco”.

 

En estos tiempos, la convivencia en el barrio era muy buena, casi todos teníamos intereses comunes, esto era como un pueblo, los vecinos eran como de la familia… Aún recuerdo esas noches calurosas de verano, mientras los pequeños seguíamos con nuestros juegos, los mayores charlaban de sus cosas.

 

“El abuelo” habla y habla sin parar mientras nosotros le preguntamos ¿Y cuándo empezó a trabajar?  ¿Con quién se casó?, ¿era una chica del barrio?, pero él sigue a sus cosas, contándonos cosas del barrio: que si la primera fuente pública la pusieron en la calle Serranía de Ronda en el año 59 o 60 y que perdura todavía, que si había tres tiendas de ultramarinos y una mercería droguería…

 

Por fin nos habla de él: “empecé a trabajar a los 13 años en el matadero municipal (donde ahora está la Sala Lava de teatro, en la Rubia). Mi padre era matarife y yo iba a llevarle la comida. Así fue como me quedé de aprendiz, haciendo recados, afilando los cuchillos, barriendo... Estuve dos años de aprendiz, hasta que a los 16 empecé a trabajar de matarife, y allí  me quedé hasta que cerraron el matadero en el año 1994. Luego trabajé de conserje en el Centro Cívico de Pilarica hasta la jubilación. ¡Menuda diferencia de trabajo!”.

 

¿Y cómo fue su infancia en el barrio?

 

–– Muy divertida. Íbamos a la escuela, jugábamos por las calles, pero también había que ayudar en casa haciendo recados, sobre todo acarreando agua de la fuente, porque hasta más tarde no hubo agua potable en las casas.

 

Recuerda que en la actual plaza de Jesús Olea, que antes no se llamaba así, había una casita donde los domingos por la mañana venía un cura acompañado de unas “señoritas muy finas. Creo que eran de “Pan y Catecismo” y nos daba unos bollitos muy ricos, pero solo a los que se quedaban a escuchar sus enseñanzas. Por eso íbamos, por los bollos”.

 

Va y viene en el tiempo. Ahora habla del Esgueva, tan presente en el barrio, y de su desembocadura, "donde había una fábrica de luz en pleno funcionamiento, pero hoy solo quedan las estructuras metálicas. Yo creo que las han dejado de adorno”.

 

José Luis se casó con una chica de Piña de Esgueva, pero que entonces vivía en la Calle Tierra del Pan y allí se quedaron unos años.

 

¿Qué tal está ahora el barrio?

 

–– Comparándolo con antaño todo ha mejorado; las casas, las calles… Tenemos incluso jardines con bancos y árboles, aunque aún quedan rincones que habría que arreglar… Pero la convivencia en el barrio no es como era antes, aunque yo vivo aquí muy a gusto y no tengo problemas con nadie. Además, mis hijos siguen viviendo en el barrio, y mi nieta está casada con un gitano, que es muy buen chico”.

 

¿Los pisos altos que se han ido construyendo, que le parecen?

 

–– Pues bien,  como las de Endasa. No han perjudicado para nada al barrio…

 

Empieza a refrescar y José Luis, “El Abuelo”, sigue recordando anécdotas, chascarrillos, historias… La historia de uno de los vecinos más veteranos y más queridos del Barrio España.

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