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Redacción
Lunes, 17 de abril de 2017

Julie, "la fugitive"

Sara Lázaro

 

 

 

Después de un año de parón al estar fuera de la ciudad, esta vez no me perdí la inauguración de la 17ª edición del Festival CinHomo, el único festival de cine y diversidad Sexual en Castilla y León. En una tarde ventosa de viernes, fui con una amiga a la Sala Mergelina de la Facultad de Derecho y, tras las oportunas presentaciones y agradecimientos al Ayuntamiento de Valladolid y a una larga lista de patrocinadores, disfrutamos gratuitamente del cortometraje “The Closet” y en especial del largometraje de “Julie”.

 

Julie (Marine Discazeaux) es una joven francesa, “muy francesa” (aunque vive en España), de mirada esquiva, gestos y ropas desgarbadas. Julie lleva una mochila y se va por ahí en autobús. No parece que tenga tan claro a “dónde va” como de “dónde se va”. En el camino, y por casualidad, se encuentra al argentino Juan Martín Gravina que, como Clipo, el clip de ayuda de Office, parece darle la clave de su objetivo; un destino al que él mismo recurrió “por amor y cobardía”, le comenta.

 

 

Julie es acogida en Matavenero, en El Bierzo, cuando todo el grupo está pasando por la muerte de uno de los integrantes. En su primer día antes de acostarse pone las muñecas matriuscas que lleva en la mochila en su nueva mesilla.

 

La fotografía de la película nos retrata a la perfección lo especial que es el lugar donde acaba la pelirroja misteriosa. Nos introducimos cual fantasma, con una mirada tímida pero invasora, en la atmósfera verdaderamente especial de la ecoaldea de Matavenero. Asistimos a asambleas, escuelas y rituales de entierro muy diferentes a lo que acostumbramos.

 

 

La protagonista encontró su hueco en la comunidad como ayudante de la maestra mediante aprobación en la asamblea. Todo de la mano de Victoria, un personaje encarnado por la actriz Silvia Maya (mejor actriz de reparto por el Festival de Málaga). Julie y Victoria comparten piso, ocupación y sensibilidades de manera que terminan formando un vínculo amoroso con un sensual “¿a qué hueles?" como detonante. La cara oscura se presenta cuando Victoria le pregunta “¿quién eres?” en un intenso diálogo tras descubrir una barriga más que sospechosa en Julie, a lo que ella no fue, desde luego, capaz de responder.

 

Ya como fugitiva de su pasado confeso, la francesa y la generosa y comprensiva Victoria convierten su vínculo amoroso en un núcleo  familiar formado por ellas y el bebé de la desconocida y misteriosa Julie. Esto se transmite de maravilla en la conmovedora escena del parto acuático en la que vemos a la pareja, la asistente y el nuevo integrante de Matavenero disfrutar del nacimiento como algo divino.

 

Cuando ya pareces despistado, la película te recuerda que los círculos deben cerrarse. Lo que podía parecer el destino de la viajera, al menos físico, resultó ser sólo parte del viaje emocional. Julie se levanta de la cama una mañana, prepara su mochila, coge a su niño, se monta en un autobús y llama a su padre: "Papa, c’est moi, Julie".

 

Julie se marcha una vez más, pero en la mesilla deja las muñecas matriuscas que ya no llevará en la mochila.

 

 

Así terminó Julie, una película española, “ópera prima” de Alba González de Molina grabada con un 80% de energía solar y con un reparto esencialmente femenino. Tuvimos la fortuna de contar al final de  la proyección con un rato para comentarios con la actriz Silvia Maya y el director de fotografía, así que varios espectadores no perdieron la oportunidad de realizar preguntas e interpretaciones acerca de la alta calidad de la fotografía o la baja calidad de la audición.

 

Y mi amiga y yo terminamos enfadadas con la protagonista por el abandono cruel y egoísta como primera reacción, aunque más tarde reposamos nuestras emociones y comprendimos que todo formaba parte de su  pasajero viaje, también los fuertes vínculos que hizo en la aldea. Aunque nuestro dilema todavía no está resuelto, y eso es algo que me encanta que me provoquen las películas.

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