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Redacción
Martes, 18 de abril de 2017
Taller de cocina en el Gabriel y Galán

Aprender a cocinar, aprender a comer

Los alumnos del Gabriel y Galán recibieron un premio culinario con motivo del II Festival Solidario de Tarjetas de Navidad de la Fundación Segundo y Santiago Montes y la Asociación Comercial Torrecilla. Mediante una galería de dibujos, los chicos y chicas muestran su visión de la experiencia acompañado de unas fotografías y, tras el texto de su profesora, Ángela Hernando, publicado hace unos días, también conocemos las impresiones de la chef Paloma Arranz.

Isaac Macho

 

 

 

Alumnos de los colegios públicos Gabriel y Galán (La Pilarica) y Francisco Pino (Parquesol) han participado en una experiencia singular. Han tenido la oportunidad de asistir en sus propios centros a varios talleres de cocina. Durante unas horas disfrutaron entre fogones y aprendieron a preparar y degustar nuevos sabores como una pizza, unas rosquillas, una palmera salada de hojaldre, un pincho vegetal o una brocheta de rollitos de jamón york. Al frente de estas sugestivas clases prácticas estuvieron Paloma Arranz, jefa de cocina del restaurante Puerto Chico y Javier Cabrera del café-bar Astrolabio.

 

Los talleres son la prolongación del II Festival Solidario de Tarjetas de Navidad que concedió el premio a la Multiculturalidad al Ceip Gabriel y Galán y que le concedió también un galardón al colegio Francisco Pino por su alta participación de trabajos en el certamen. El festival estaba organizado por la Fundación Segundo y Santiago Montes, la Asociación Comercial Torrecilla y en el que también ha participado la publicación Palabras Menores.  

 

 

Cocinando con los niños

 

Son las 11 de la mañana en el colegio público Gabriel y Galán. Va a comenzar el taller de cocina impartido por una gran conocedora de los fogones de medio mundo. Paloma Arranz ha madrugado para preparar la masa de hojaldre antes de ponerse manos a la obra con los niños. Llegar con tiempo le he permitido ya colocar el horno portátil en la sala multifuncional. La alargada mesa de trabajo está preparada también con los materiales necesarios para que los pequeños aprendices puedan practicar en las propuestas culinarias de la instructora.

 

 

 

 

Las jóvenes promesas del taller no han pasado por el temido casting, que hacen en el programa de televisión, ni tendrán enfrente a un jurado que vigile el resultado de sus platos ni, por supuesto, tampoco estarán pendientes del castigo de la eliminación. Todo es más sencillo, menos competitivo, más inclusivo y didáctico. 

 

Entre curiosos y titubeantes entran en este inusual laboratorio culinario Juan, Mercedes, Raquel, Yoel, Jowayria, Elías, Carmen y Christian, por citar a algunos alumnos de tercero y cuarto de Primaria. Enseguida, les da la bienvenida la chef y llega la primera lección: hay que lavarse las manos antes de manipular los alimentos. A continuación, Paloma anuncia que la primera tarea de los novatos será hacer una mini pizza. Les tocará trabajar con estos ingredientes: tomate, queso, salchichas y albahaca… Terminada esa fase, pasa el preparado por el horno y mientras se pone a punto preparan salchichas en masa de hojaldre para terminar con rosquillas. Al cabo de un rato, sale el primer refrigerio a la mesa y a comer. ¡Rico, rico!, se sinceran los principiantes. No quedó ni un bocado sobre el mantel.

 

El taller tuvo un segundo grupo de pupilos de quinto de Primaria: Mariam, Kevin, Bilal, Gabriel, Fátima… Para ellos, la cocinera propuso palmeras saladas con hojaldre y queso, así como rosquillas con canela, dos manjares a la vista de la rápida cuenta que dieron los colegiales de esas delicias.

 

 

 

“La experiencia ha resultado muy gratificante”, señala Paloma Arranz, tras pasar una mañana con los chavales con esta iniciativa gastronómica. “A los alumnos todo lo que sea salirse de la rutina les encanta y para ellos siempre resulta muy atractivo”, añade. Con esta forma de aprender, los chicos, -dice Paloma-  avanzan pequeños pasos hacia la participación activa y solidaria en el ámbito familiar. “Ojalá los programas escolares pudieran introducir, advirtió también, elementos más prácticos en la enseñanza porque en mi opinión es la mejor manera de formarse y, además, el resultado es inmediato”.

 

A Gloria Alonso Garzón, directora del colegio Gabriel y Galán, le “ha encantado” la experiencia. “Vi a los chicos supermotivados y lo entiendo porque habitualmente desde el centro no podemos ir a sitios a realizar actividades ni lamentablemente tampoco pueden hacerlas a iniciativa de las familias. Por eso, es maravilloso aprovechar todas las oportunidades  que se nos puedan presentar aquí”. “Siempre que tenemos la ocasión, trabajamos los temas a través de los talleres porque sabemos que el rendimiento de los niños cala más en este tipo de habilidades prácticas que si se tratase, por ejemplo, de una ficha”, asegura. Concluye la directora que “seguro que este taller a los alumnos no se les ha olvidado dentro de tres años, pues, los aspectos mecánicos y manipulativos permanecen en su memoria con más facilidad”.

 

 

 

* Fotografías de Juanjo Hermoso.

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