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Redacción
Sábado, 29 de abril de 2017
Tres marchas confluyen en la estación para volver a exigir el soterramiento del ferrocarril

Desde dentro (crónica de un 'Canto de esperanza' frente a los muros que trazan fronteras, dividen el territorio, separan a las personas y crean desigualdades)

Noticia clasificada en: José Luis Alcalde

José Luis Alcalde

 

 

 

Comienza la manifestación en una de las zonas cero del conflicto. Hace dos años había ahí un paso a nivel. Ahora unos barrotes donde cuelga un cartel que dice: 590 días encerrados. Nos organizamos, la policía corta el tráfico y nos ponemos en marcha. Unas mujeres –las llamamos “las chicas de oro” por ser las de más edad en la protesta– cogen la pancarta de cabecera. Maite, una de ellas, dice: “no sé si llegaré a ver el tren soterrado, pero no vamos a dejar que porten la pancarta manos que no se han ganado la dignidad de sujetarla”. ¡Claro!; había políticos en las proximidades deseando salir en la foto...


Estoy dentro de la manifestación. Hay gritos a mi alrededor y mucho ruido de latas, cacerolas y megáfonos a todo trapo. Pero no aturde, porque todas las personas van a una. Tienen claro lo que quieren. En realidad lo tienen claro desde hace más de 30 años: Valladolid sin barreras. Sí al soterramiento.


Y me viene a la cabeza esa otra situación que estamos viviendo en nuestra ciudad durante los últimos meses. Es ahí donde me siento aturdido y desnortado de verdad. El cambio de posturas, las zancadillas políticas, el anteponer los intereses electorales de mi partido al bien general. El poder. El deseo de alcanzarlo o de conservarlo por encina de todo.


La gente grita en la manifestación: “¡qué carajo , la vía por debajo!", "Pilarica pide paso", "hay dinero pa robar, pero no pa soterrar!”. Yo grito también.


Encuentro emocionado con los otros manifestantes procedentes de Pajarillos y Delicias.


Y cantan. Cantamos. Lo hacemos a ritmo de jota castellana. Es el ‘Canto de Esperanza’ del poema de López Álvarez que en su día interpretó el Nuevo Mester de Juglaría. Pero le han cambiado la letra. Hasta ha venido un dulzainero que acompaña. Se llama Miguel Ángel y es el cura de Pilarica. Nuevamente la Pilarica con los vecinos. Me gusta. Chuchi Rueda ha escrito el texto para la ocasión. Breve, pero significativo.


Llevamos ya 30 años
Gritando y protestando
Por una ciudad sin fronteras
Abierta y sin barreras.

La vía sigue existiendo.
Problemas en nuestros barrios.
Así la pobreza aumenta.
Poco a poco nos entierran.

Que no se rían de nosotros
Políticos responsables.
No somos juguetes con votos.
Somos ciudadanos iguales.

Lalalala…
La ciudad por el soterramiento.
Lalalala…
Nos entierran y no pasa na.


Carmen comienza a leer el manifiesto: “el mejor muro es el que no existe”. ¡Cuánta verdad! Que se lo pregunten a los berlineses, a los mejicanos o a los que acampan junto a la valla de Melilla.


Reproduzco el texto en su integridad.

 

El mejor muro es el que no existe. Los muros trazan fronteras, dividen el territorio, separan a las personas y crean desigualdades. También en Valladolid. El muro de la vía diferencia inversiones y selecciona distintos equipamientos. Podemos construir pasarelas sobre la vía o túneles por debajo, podemos adornarlo con vidrieras si queremos, pero siempre nos quedará un muro que ofrece oportunidades desiguales a los ciudadanos según sean residentes en uno u otro lado de la vía. Es lo que tienen los muros. No pueden dejar de ser muros.

El tren llegó a Valladolid hace más de 150 años. Lo hizo con lentos vagones tirados por máquinas de vapor y en ancho ibérico. Se crearon los pasos a nivel con guardabarreras. Y surgieron núcleos de población que vivían “al otro lado.” Fue allí donde se alojaron los fenómenos de marginación y exclusión social.

Las cosas han evolucionado velozmente. Llegó el AVE a toda pastilla y en ancho internacional; se suprimen los pasos a nivel y se hacen estudios de impacto ambiental para preservar especies amenazadas de flora y fauna. Pero a la vez se produce un dramático olvido: las personas. En el siglo XXI no podemos olvidar a Juan, Mercedes, Álvaro, Rocío y a cada habitante de nuestra ciudad. Hay que suprimir barreras, derribar muros, soterrar las vías y crear una ciudad más justa y solidaria donde Juan, Mercedes, Álvaro o Rocío puedan ser más felices y llevar una vida más digna.

Nos dicen: “no se puede hacer porque eso cuesta mucho dinero.” Claro que cuesta y también sabemos que los recursos públicos no son infinitos. Pero esta obra se puede hacer si existe voluntad política de hacerla. El Ministerio de Fomento tiene la responsabilidad de realizar y financiar las obras públicas y de hacerlo con criterios del siglo XXI. Ya no sirven criterios de hace dos siglos. Más de 30 años llevamos reclamando el soterramiento de la vía del tren en la ciudad de Valladolid. Más de 14 años han pasado desde que se constituyó la sociedad Valladolid Alta Velocidad. Y, sin embargo, no se ha excavado ni un solo metro de túnel en la ciudad. Creemos que ya nos toca a los vallisoletanos. Este es el momento de cambiar el curso de los acontecimientos.

Señores integrantes del consejo de administración de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad: les pedimos un compromiso para soterrar el tren a su paso por toda la ciudad de Valladolid.

Señor Íñigo de la Serna, Ministro de Fomento; señor Juan Vicente Herrera, presidente de la Junta de Castilla y León; señor Óscar Puente, alcalde de Valladolid: el soterramiento es posible y se puede hacer. A ustedes les toca ponerse de acuerdo para que sea una realidad. Si pudiendo hacerlo no lo llevan a cabo, no acudan a nosotros en las próximas elecciones a nivel local, autonómico o nacional, solicitando el voto para ustedes o los partidos a los que representan.

Valladolid sin barreras. Sí al soterramiento


Vuelvo a casa pensativo. Me acompañan mi mujer y muchos amigos. No estoy sólo. Qué bien.

 

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