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Redacción
Jueves, 11 de mayo de 2017
Relatos micropresos

Caminando en círculos

Frosty

Jubilación


El cielo brillaba con un amarillo opaco. Faltaban minutos para que el sol se escondiera un día más. Para él, era extraño sentir que no había prisa, que los pasos que daba por la ciudad sin ir a ninguna parte eran como ir caminando en círculos. En un tiempo, ahora ya lejano, jamás hubiera imaginado terminar flotando en la libertad de la nada. De alguna manera, había comprado con el sudor de su vida el derecho a no tener un horario más que el de sus pequeños deseos. Lo malo era su amarga soledad, su inseparable compañera que perdió entre años de trabajo, al igual que su ignorante juventud. Ahora se ve con tanto tiempo y sin nadie para compartirlo que, entre pasos sin rumbo, se pregunta: ¿ha valido la pena?

 

 

David
Descenso a la locura


Como si estuviese en el patio de mi casa, caminando en círculos, dando vueltas y vueltas con los pies y la cabeza. Pensando en lo que fue ayer y lo que me depara el mañana. Aún así, intento no pensar y sin querer me olvido del día de hoy, y sin saber por qué continúo caminando en círculos. Será porque desde aquí no se ve el horizonte.

 

 

Alfil negro
El silencio de los traidores


La noche cayó sobre la aldea. Las antorchas que marcaban los límites caminaban en círculos. Después de la paz suele venir la tormenta. La centuria avanzaba tenían que saldar una deuda: Roma no paga traidores. El jefe celta temblaba, era consciente de su traición y sabía que el final estaba cerca.


Mientras, a dos mil kilómetros, Calígula degustaba unas uvas y levantaba su copa de oro llena de vino después de haber yacido con su hermana y de nombrar Cónsul a su caballo. Pero hasta el mismo César todopoderoso tenía los días contados. Como el líder celta, también era consciente de que Roma no paga traidores.

 

 

Mario
La calma


Recién llegados a la ciudad, capital del país islámico, Rigoberto y su hermana Nancy se alojaron en un pequeño hostal muy cerca de la gran mezquita, el edificio más emblemático que sobresale en la ciudad y que es referencia para orientarse en caso de extravío. Aprovechando la suavidad de la brisa mañanera, los hermanos estaban por las calles observando pequeños detalles y costumbres que les parecían impresionantes y novedosas.


De pronto, vino una tormenta huracanada, la gente se alborotó y los dos visitantes se preguntaban: “¿dónde estamos?” Ninguno sabía responder. Pasados once minutos de desesperación, volvió la calma y se dieron cuenta, a pesar de los kilómetros de correría, que estaban muy cerca del hostal, al lado opuesto de la entrada principal de la gran mezquita.


Ya en casa, Nancy y Rigoberto contaron con asombro esos minutos de tensión y decían textualmente: “caminando en círculos aprendimos a mantener la calma en la adversidad”.

 

 

Dancer
Obstáculos


Voy caminando por un sendero dejando que me lleven mis pies. Sin levantar la vista del suelo, sigo andando. Estoy tan abatido, tan triste que no tengo fuerzas ni para mirar al frente.


Por el camino veo una hormiguita, la noto cansada, lleva comida encima de su diminuto cuerpo. No me paro y sigo. Al rato, vuelvo a verla y extrañada me pregunta: “muchacho, ¿por qué caminas en círculos?” Justo hoy me doy cuenta que es más cómodo caminar con la cabeza en alto.

 

 

Marcelo
Un pensamiento cualquiera


Y estaba yo andando por la vida, cuando de repente me paré y me dije: “no sé muy bien si ando en círculos, en ochos o por una recta, porque no tengo ningún punto de referencia”. Aquí dentro, la única forma de ver que pasa el tiempo es pidiendo una hoja de cálculo. Lo único que veo es que me están robando ocho años y medio de mi vida.


Bueno, habrá que ver si salimos de este pozo.

 

 

El Gallén
¿Quién eres?


Álex recordó que al día siguiente era el cumpleaños de su exnovia. Se tomó un café y salió del taller. Cuando llegó al módulo se puso a hablar con César, un muy buen amigo que estaba en prisión por las mismas circunstancias que él, o al menos eso decía. Después de cenar, Álex le comentó a César que era el cumpleaños de su exnovia y que quería llamar y felicitarla. Cesar le respondió: “si fuese tú, no le llamaría. Yo prefiero no hablar con nadie para evitar que piensen “ay pobrecito, está preso y se acuerda de mí””. Álex entendió sus palabras y a qué se refería.


En el patio, al día siguiente por la mañana, mientras Álex caminaba en círculos pensaba en llamar a o no a Liliana. Después de que él cayera en el atolladero en que se había metido, ella le prometió que le esperaría. Pero, con el paso del tiempo, la relación se fracturó y ahora solo había hermosos recuerdos de un bello idilio. Después de unas vueltas, decidió regalarle cinco minutos. No quería su lástima, simplemente que supiera que él aún la recordaba.


— Hola Lili, feliz cumpleaños. Hoy quería oír tu voz y saber cómo has estado.
— Hola, gracias, ¿con quién hablo?— Al oír eso, Álex se sintió del tamaño de una hormiga. Disimuló un poco y le respondió, — ¿tanto tiempo ha pasado que ya no recuerdas mi voz?
— Lo siento, no sé con quién hablo, dime quién eres.
— No, tranquila. Solo quería desearte un feliz cumpleaños y que estés bien.
Después colgó y se sintió totalmente decepcionado. Una lección más que da el tiempo: solo tu familia te espera, solo ellos añoran tu presencia.

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