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Redacción
Viernes, 2 de junio de 2017
COLEGIO GABRIEL Y GALÁN

Lucía le dijo a su madre que no sea intolerante

Kevin Fernández

 

 

 

 

“Los nervios estaban de punta, pero también la ilusión. “Son emociones típicas en los primeros días, seguro que todos se sentirán igual hoy en clase”, pensó Sandra. Sandra  tenía 16 años y era caribeña; de Puerto Rico. Morena de piel y pelo, tenía el pelo largo adornado con unas cuidadas trenzas. También tenía un acento marcado, inconfundible. Ese día era un día muy importante así que su familia, en concreto su madre y abuela, se habían pasado la semana anterior pensando y comprando la elegante vestimenta que hoy llevaba. Iba muy arreglada, con un vestido y una chaqueta de punto.

 

Era un lunes soleado de Septiembre en Segovia.Cuando entró por la puerta vio que no todo el mundo lucía tan bien como merecía la ocasión. ”Estos españoles, qué sosos son”, pensó mientras les miraba. Unos cuantos le pusieron ojos encima, Sandra se dio cuenta.

 

Se sentó, todo transcurría con normalidad, charlas y más charlas, como en todas las clases en las que había estado. A la salida tuvo la suerte de coincidir con Lucía, una chica española  simpatiquísima que vivía en su mismo barrio. Decidieron volver juntas a casa comentando y chismorreando  todo lo que había pasado durante el día y las clases. Se reían mucho.”Tú y yo nos lo vamos a pasar fenomenal” le dijo Sandra. Intercambiaron los teléfonos  de sus casas para quedar por la tarde a dar una vuelta. Cuando pasaron por casa  de Lucía, Sandra vio cómo la madre de Lucía la saludaba desde la ventana de un piso bajo.

 

 

Lucía subió a su casa y su madre discutía con ella porque no quería que se juntara con una extranjera. Lucía le explicó que Sandra era buena y que había que confiar más en la gente. Su madre dijo que vale, que podía ir con ella. Desde esa tarde todos los días se llamaban, no podían estar separadas. Y una semana después del instituto: las vacaciones. Y estuvieron todo el verano juntas y se echaban a dormir juntas."

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