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Redacción
Martes, 30 de mayo de 2017
Carta al presidente de Estados Unidos

Carta a Donald Trump

Noticia clasificada en: Frosty

Frosty

 

 

 

Estimado señor Trump,

 

Le escribo desde el otro lado del charco, España, ese país que habla el mismo idioma de aquellos que usted llama wetbacks y a los que quiere impedir el paso a su país con un muro. Un gran muro con enormes vallas llenas de pincho para intentar bloquear el anhelo por una vida mejor. Desde luego, no soy nadie para juzgarle por querer defender su capital y tampoco le conozco, solo veo algunas cosas que dice o hace desde mi pequeña televisión.

 

Hace tempo que escucho que el mundo está loco, que la gente está contagiada por el individualismo, por tener más y más a costa de lo que sea, sin importar que eso nos lleve a una guerra armada o no. Las malas noticias en las que podríamos hacer algo, terminan convirtiéndose en una moda pasajera. Una moda que va desfilando en la pasarela de la televisión. Los problemas siguen, usted los conoce muy bien: hambre, terrorismo, guerra, racismo o cambio climático. De repente, como caído del cielo, llega usted. Tengo que pedirle disculpas por lo que voy a decir (aunque estará acostumbrado), pero es como si hubiera personificado todos esos problemas. No sé si queriendo o no, pero lo ha conseguido y en un período extremadamente corto para tan ardua tarea.

 

Supongo que era cuestión de tiempo que llegara al escenario mundial alguien como usted. Alguien que le diera cara a nuestra vergüenza por no hacer nada, que le diera voz a nuestro silencio por dejarlo pasar. Dicen que toda acción conlleva una reacción igual y opuesta. Usted representa todo lo que nosotros, como humanidad, hemos dejado que florezca por activa o por pasiva y, de alguna manera, está despertando una conciencia colectiva. Usted representa nuestros errores, nuestra avaricia, nuestro machismo, nuestra indiferencia hacia el medio ambiente, hacia el que no ha tenido la suerte de nacer en un país del que mal llamamos “primer mundo”.

 

Deseo, de todo corazón, que la mala noticia que es usted no termine pasando de moda. Que esta conciencia global que usted ha despertado no se duerma en el olvido de la desigualdad. Que, como en su día nos llevó a firmar una carta de derechos humanos, esta vez nos lleve a dar un paso más como civilización que nos acerque a ese sueño de ser un mundo lleno de patriotas cosmopolitas. De momento, habrá que conformarse con una espera activa, cada uno de la manera que pueda aportar su grano de desacuerdo hacia el mundo al que usted nos quiere llevar.

 

Me despido sabiendo que será difícil que lea esta carta escrita en el idioma de los “espaldas mojadas” y que probablemente sea tarde para saltar el muro de su conciencia. Pero, si en algún momento mira hacia afuera, no sienta miedo, aquí aceptamos a todos por igual. No importa lo altas que hayan sido sus vallas ni lo cortas que sean sus ideas.

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