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María Herrero
Miércoles, 31 de mayo de 2017
Celebración del TAC en Valladolid

Una butaca al aire libre

Noticia clasificada en: María Herrero

Con motivo de la celebración del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC), muchas son las compañías teatrales de diferentes estilos que han pasado por la capital. Histrión Teatro y Nando Caneca ofrecen sus opiniones acerca de los espectáculos callejeros. Dos vertientes de una pasión común: el teatro.

María Herrero

 

 

 

Al público le gusta la cultura y le gusta cercana, emocionante, amena y, por qué no, gratuita. Y también le gusta la calle, con sus diferentes versiones, porque les da proximidad y empatía. Muestra de ello es el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC) que se celebró durante la pasada semana en la capital. En estos días, más de 60 compañías de teatro han inundado las calles, teatros y salas para ofrecer sus espectáculos a todos aquellos viandantes que estuviesen interesados en sentarse un rato en unas escaleras, en una plaza o en una butaca para disfrutar de la cultura y de la diversión del teatro y la danza.

 

Entre todas ellas, Histrión Teatro y Nando Caneca han pasado por Valladolid para ofrecer dos propuestas totalmente diferentes. Por un lado, un emotivo trabajo de texto representado en sala, con un monólogo de una actriz en absoluto silencio. Por otro, un hombre clown que, mediante la entera participación del público, despierta carcajadas y aplausos en el centro de la plaza.

 

 

Las compañías

 

“Juana. La reina que no quiso reinar” se presentó en el TAC el pasado 21 de mayo. Este es uno de los espectáculos de la Sección Oficial del festival que se ofrece en teatros y salas, concretamente en el LAVA. La compañía Histrión Teatro, creada en Granada en 1994 y una de las referencias nacionales de teatro de texto, está capitaneada por Gema Matarranz y Nines Carrascal, y fue la encargada ofrecer este trabajo de texto, íntimo, emocional y especial sobre la historia de Juana I de Castilla, interpretada en el escenario por Gema con el único acompañamiento de un vigilante sin guión, encarnado por Enrique Torres, y un escenario muy concreto. 

 

 

Esta Juana representada como mujer, como esposa, como madre y como hija, lleva ocho años viajando por los escenarios. Un recorrido que también le ha permitido a la propia Gema Matarranz crecer como actriz y como mujer encima de las tablas, y que para por primera vez en este festival vallisoletano.

 

Fernando Ateca es Nando Caneca y llegó a Valladolid para presentar su nuevo espectáculo titulado “Wooow” dentro de la Sección Off del TAC. Durante cuatro días realizó ocho funciones con su personaje, una mezcla de clown, circo, magia, teatro físico e improvisación, que conseguió despertar muchas carcajadas entre los asistentes a sus funciones y en las que también, quién sabe, descubrió alguna futura promesa del teatro. Varios niños y adultos participaron durante los 50 minutos de actuación y consiguieron que ninguna función se parezca a la anterior. “Los espectáculos van a variar seguro, hay números cerrados pero siempre existe una puerta abierta a lo que sucede en el momento”, comenta Nando.

 

Se trata de la segunda vez que acude al TAC. La primera fue hace unos cinco o seis años cuando vino con su compañía anterior, Los Caneca. Ahora ha decidido comenzar un nuevo reto profesional con su viaje de trabajo en solitario, o como él lo llama “traviajar”. “Soy el director, el actor, el conductor, el costurero, todo, de mi espectáculo. Esta nueva andadura tiene sus pros y sus contras, paso mucho tiempo solo, sobre todo en la carretera, pero también está siendo muy satisfactorio y terapéutico”, señala Nando.

 

 

La calle y el público

 

La visión de la calle de estos dos artistas es completamente diferente ya que sus propuestas y su estilo también lo es. Al tratarse de un trabajo de texto, “Juana. La reina que no quiso reinar” resultaría mucho más difícil representarlo como una función de exterior. “Nuestro espectáculo cabría hacerlo en la calle, pero en otro contexto: en palacios, en patios de armas de castillos, etc. Son 50 minutos sin parar de hablar, necesitamos silencio”, comenta Gema. Además, en estas funciones el público tiene el papel de observador, recibidor de emociones y espectador, la función va destinada a los asistentes pero no existe interacción: “yo lo llamaría comunicación. Ellos saben que no pueden responderme pero se sienten cuestionados en determinados aspectos. Trabajo para ti, pero sin ti, pero contigo”, añade. Todo lo contrario le sucede a Nando. Su performance también ha entrado en teatros y en salas, pero tiene mucho más interés y dinamismo en la calle. Nando Caneca pide la colaboración del público, que se implique e interactúe durante todos los números que realiza. “El personaje está todo el rato con el público y se mezcla mucho. Paso por donde están ellos, les invito, juego y hasta les vacilo. Hay muchos más estímulos”, apunta. 

 

 

 

El teatro de calle

 

La calle es muy sincera. Y por sincera también es dura y difícil. El espectáculo callejero se supone atractivo y que consigue captar la atención porque el público es muy valorativo y elegirá reírse o no, aplaudir o no, quedarse o no. “Creo que hay que valer, igual que en el trabajo de texto. Desde mi punto de vista requiere un sobresfuerzo brutal”, habla Gema, cuya compañía nunca ha hecho este tipo de espectáculos donde reconoce que “tienen que tener una dirección y un concepto muy potente”. Para Nando, que lleva en ello toda su vida, no le resulta tan difícil aunque sabe que aún sigue “en observación”. “Es una maestría estar bien en el escenario pase lo que pase, resolver todas las situaciones. A veces, ves al público que no aplaude, no participa y al final te llevas una ovación y piensas, ¿esto qué es?”, señala. Otro aspecto mágico de este tipo de espectáculos es la posibilidad que tienen de crear un teatro de la nada, generar un espacio en la calle donde sucede algo y de repente, a los pocos minutos de terminar, el lugar continúa con su vida normal.

 

También es más fácil que una performance de calle entre en una sala, y es algo que se ve cada vez más en las programaciones teatrales, como por ejemplo el circo. “Mientras el espacio reúna las condiciones, se puede hacer y puede funcionar muy bien. Creo que, de alguna manera, se están fusionando estas dos vertientes”. Por otro lado, ambos artistas están de acuerdo en que hay determinados espectáculos de sala que resultaría muy complicado ubicarlos en el exterior. “El teatro está en silencio, es oscuro y eso en la calle es dificilísimo de conseguir, hay demasiado ruido, demasiada dispersión”, apunta Nando. No obstante, también coincide en que cada vez las diferentes opciones se mezclan más y todo vale: “la cosa es que llegue, que funcione”, añade.

 

Quién sabe si algún día Gema y Nando se cambien los papeles y comiencen a explorar tipos de interpretación que no han descubierto hasta ahora. Aún así, la visión del teatro de calle de una compañía experta en salas y de otra especializada en el espectáculo de exterior tampoco es tan diferente: el respeto a la profesión y al público es y será siempre un denominador común. 

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