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Redacción
Miércoles, 14 de junio de 2017
Letras de Buenos Aires

Las milongas de Jorge Luis Borges

Noticia clasificada en: Graciela Mantiñan Letras de Buenos Aires

Graciela Mantiñan

 

 

 

 

En 1965, Jorge Luis Borges, un escritor argentino de dimensión universal, publica Para seis cuerdas, una pequeña colección de milongas. Allí se anuncia todo: las historias que narran: “Traiga cuentos la guitarra / De cuando el fierro brillaba / Cuentos de truco y de taba / De cuadreras y de copas” (“Milonga de dos hermanos”). Sus escenarios: “Allá por el Maldonado / Que hoy corre escondido y ciego [1]/Allá por el barrio gris / Que cantó el pobre Carriego” (“Un cuchillo en el Norte”). También sus protagonistas, que son esos arquetipos borgeanos, habitantes de un mítico arrabal, donde la muerte y el tiempo juegan su propia partida. El peligro acecha a Alejo Albornoz: “en una esquina del sur, lo está esperando un cuchillo”.

 

Hay resignación frente al final de Manuel Flores: “Eso es moneda corriente / Morir es una costumbre que sabe tener la gente”. Pero también humor desacralizante cuando narra el asesinato de un compadrito en una esquina de Buenos Aires: “Se mudó a un barrio vecino / El de la Quinta del Ñato”. Y queda para otra entrega contar por qué los porteños aludimos al cementerio como "la quinta del Ñato.

 

Memoria y olvido tienen compases propios en las milongas borgeanas, porque el tiempo se ha llevado a los hombres. Y también a los escenarios donde vivieron según sus propias reglas. Lo ejemplifica Don Nicanor Paredes: “Ahora está muerto y con él  / Cuánta memoria se apaga / De aquel Palermo perdido / Del baldío y de la daga “.

 

¿Cómo no evocar el famoso ubi sunt[2] de las españolísimas coplas de Jorge Manrique al leer una milonga que lleva como título “¿Dónde se habrán ido?” Elige un lugar muy cercano al romancero ibérico para marcar la fragilidad de las cosas: “Y en el patio como, ayer / Hay una luna amarilla, / Pero el tiempo, que no ceja, / Todas las cosas mancilla”. Desde allí evocará a los morenos que pelearon en las guerras de la Independencia, esas guerras que eran para el poeta la última manifestación del valor como ética colectiva: “Se acabaron los valientes / y no han dejado semilla”.

 

El Borges que crea estas milongas es un autor consagrado: sus obras ya han hecho del Sur, ese lugar límite  donde el barrio se hace pampa como dice uno de sus poemas, un territorio único en la literatura argentina. ¿Por qué entonces las milongas?: quizá porque ya en 1930, Borges había marcado la originalidad de la milonga rioplatense, anterior al tango, central en la cultura argentino-uruguaya. A esa milonga siempre le había bastado “con las seis cuerdas de la guitarra” para desplegar como dirá años después: “la fiesta de la inocencia y del coraje”.

 

Inicialmente las milongas borgeanas no tuvieron música: en el prólogo, el autor nos pide que imaginemos a un hombre que en un zaguán o en un almacén, canturrea acompañándose con una guitarra. E inmediatamente agrega “La mano se demora en las cuerdas y las palabras cuentan menos que los acordes”.

 

En 1960, él había escrito que Dios le había dado los libros y la ceguera. ¿Acaso con estas milongas no nos está  diciendo que, en su mundo de sombras, oye la música de las palabras?

 

Quizá te dé una respuesta escuchar la “Milonga de Jacinto Chiclana” de Borges musicalizada por Astor Piazzola. 

 

 

 

 


[1] Maldonado es un arroyo que periódicamente inundaba la ciudad. La obra de entubamiento se prolongó entre 1924 y 1940.

[2] Expresión latina: ¿Dónde están? Jorge Manrique (1448-1479) usa este motivo retórico en  las Coplas a la muerte de su padre.

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