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Redacción
Miércoles, 14 de junio de 2017
El regalo

Gracias

Noticia clasificada en: Fukymuky

Fukymuky

 

 

 

Hay quien hace méritos para recibir como regalo una condena envuelta en una cárcel, pero sólo recibe una pequeña reprimenda, o tal vez un ligero comentario en los medios de comunicación; “Es la princesa de tal, o es el banquero de cual, o el Presidente del Gobierno…”, donde se escriben sus nombres con mayúscula.

 

¿Qué si quiero un regalo por Reyes? A ver, déjame pensar. Ya lo tengo. Quiero un colchón en condiciones. No es para mí. Es para un compañero que se encuentra en una cárcel de mala muerte pasando las de Caín. También quiero un plato de sopa, bien caliente, que alivie sus tripas y dé calor a su cuerpo; el invierno, allí, ha llegado sin abrigo.

 

Para mí… para mí pido bien poco; una celda sin puerta ni barrotes. Ese será un buen regalo. Ah, se me olvidaba; también querría ser el director por un día y una calle para mí solo. Eso estaría bien, muy bien.

 

Querría que toda persona que cometiera un delito con pena de cárcel, fuera a la cárcel, y cuando se dice “todos somos iguales ante la Ley” se cumpliera.

 

Que no haya desahuciados, que los refugiados no huyeran de sus hogares por culpa de las guerras, que los hombres aceptasen los derechos e igualdad de oportunidades de las mujeres.

 

Que se repartiera la riqueza, afrontándose así la pobreza extrema.

 

Que se respetasen los derechos de los niños, fundamentales para el futuro de los hombres.

 

Y, ¿a quién le pido todas estas cosas? ¿A un mago? ¿A Dios? ¿O tal vez al hombre?...

 

En una prisión, los regalos son muy valorados por pequeños e insignificantes que parezcan. Nos dicen que somos importantes para alguien, que aún se acuerdan de nosotros, o que contamos para ellos.

 

Una carta es un regalo. Una llamada telefónica, un vis a vis, intimo o familiar, qué más da.

 

Cuando vienen personas voluntarias desde el exterior a hacer cualquier actividad, para mí es un regalazo. Su motivación, su entusiasmo y compromiso son como un aliento revitalizador que me saca de estos muros. Gracias por estos maravillosos regalos; siempre los guardaré en mi memoria.

 

Creo que he pedido muchas cosas y no sé si podrán, si podré regalármelas todas.

 

Un sentimiento o una emoción serian buenos regalos. Así, una amplia sonrisa iluminaría mi corazón; una mirada cómplice me aceptaría tal y como soy, y un sencillo beso me diría que alguien me quiere.

 

Hace tiempo que perdí mis zapatos. Mi ventana no da al sol. Mi edad se acerca al medio siglo. El rostro lo tengo con arrugas, huellas imborrables de lo vivido; bello y no tan bello.

 

Hoy solo quiero regalarme la palabra gracias; por acompañarme en el difícil camino de la vida.

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