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Redacción
Miércoles, 14 de junio de 2017
El regalo

Anhelos

Noticia clasificada en: El Gallén

El Gallén

 

 

 

Hoy 5 de enero, se engrandecen las ansias de Wilmer de estar con su familia, aunque no cree mucho en los reyes ni en la fantasía comercial de que hay que regalar algo. Extraña a los suyos que no ve desde que ingresó en prisión. Extraña las reuniones, ver a su madre y a sus hermanos y desde luego a su pequeño hijo Alex.

 

En la soledad de su celda, Wilmer piensa antes de cerrar los ojos en cómo sería si pudiera pedirle algo a los reyes magos, y este deseo se hiciera realidad. ¿Cuál sería? Sin duda alguna sería estar con su familia. Para Wilmer, ingresar en prisión le ha marcado para siempre, estar en medio de tanta gente todos los días y no sentir afecto alguno de nadie, le hace deambular por los pasillos y patios muchas veces sin hablar con nadie.

 

Anhela un abrazo de su hermana o un beso de su madre.

 

Wilmer, se levanta de la cama y coge papel y un boli y empieza a escribir una carta a los reyes en la que les dice que él sabe que no se va a hacer realidad su deseo de estar con su familia, pero que lo único que quiere es que se pase rápido el tiempo para poder reunirse con su familia nuevamente.

 

Después la sella y la deja junto a sus zapatos y vuelve al mar de recuerdos que le vienen. Recuerda el día que su mamá le dio su primera bicicleta, y otros regalos que no le gustaron tanto, pero que aún así llegaban para que no se quedara con las manos vacías.

 

Extraña todo eso pero lo que más añora es ver los ojos de su madre y la sonrisa de su hermana.

 

Para Wilmer, estar preso no es estar impedido de ir aquí o allá. A él lo que le duele es no ver ni poder estar, aunque fuese un momento, con su madre y perderse la oportunidad de ver crecer a su hijo Alex, ver sus primeros pasos, oír sus primeras palabras y todos aquellos momentos mágicos de la niñez.

 

A Wilmer le pesa no haber tenido un padre, y le duele que el destino le arrebate a su hijo la oportunidad de estar junto a él.

 

No hay día en el que no piense en su hijo y en su familia, y ver que, a pesar de que sólo cometió un error, debe pagar casi toda la condena: está en un atolladero le deprime.

 

¡Recuento módulo 6! Wilmer se levanta, enciende la luz y se pone a cepillarse los dientes. Mientras está en ello piensa en lo ridículo que fue haber escrito la carta. Hace mucho que dejó de creer en los reyes o en la navidad. Llega el funcionario a su puerta, que no manda en su casa pero en su trabajo va de chulo y prepotente, le ve con la carta en la mano y se ríe como si supiera de qué se trata. Después Wilmer rompe en pedacitos la carta y se termina de preparar, pues ha analizado que, simplemente, por mucho que lo desee, en prisión no hay días especiales. Los reyes, la navidad, los cumpleaños…. todo se reduce a recuentos, inspecciones de celdas, cacheos rutinarios y amonestaciones, y que aunque él quiera cambiar, la prisión no es el lugar para hacerlo.

 

Un día más en el patio, un día menos en el calendario.

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