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Redacción
Jueves, 15 de junio de 2017
Una tarde con la fotógrafa del TAC

La escena inmortal o el fuego congelado

Noticia clasificada en: Alberto García

Alberto García

 

 

 

Son las seis de la tarde de un viernes 26 de mayo. Nos situamos en la plaza Mayor de Valladolid, cubierta en estos momentos de lluvia, a punto de asistir a la presente edición del espectáculo del Teatro de Calle. Me han encomendado la misión de cubrir este evento para Palabras Menores, tras la mirada de la fotógrafa May Rodríguez Isla.

 

May y yo nos encontramos en la puerta del Teatro Zorrilla; nos presentamos, nos saludamos y cruzamos la calle hasta le recinto donde se va a celebrar a función al aire libre. May en una primera mirada, es una hermosa mujer, apasionada de su trabajo y de una fría inteligencia práctica. La lluvia pasajera ha dado paso a un sol brillante sobre la afición que guarda ahora sus paraguas, mientras se adentra en el recinto para ocupar su asiento en la grada.

 

May y yo nos hacemos un hueco entre el escenario y la grada, ya repleta de público.

 

Ella intercambia impresiones en este momento con algunos camaradas que allí se encuentran. Lleva su cámara en la mano y sostiene una pesada bolsa con otros elementos de su equipo. De fondo suena el “Get up, stand up” de Bob Marley. El público, la profesional, May, y yo estamos expectantes.

 

Son las seis en punto de la tarde, comienza el show con Leet Hayes… May está realmente muy concentrada. Un clown aparece en escena con cierto aspecto desastroso y cómico a la vez. Se dirige al público hablando unas palabras en inglés. Se trata de un espectáculo mímico en el fondo, aunque el simpático payaso hace uso también de su voz para atraer la atención de los asistentes y sorprende haciendo malabares con unas botellas de whiskey sobre un monociclo y celebra que todo va saliendo bien a ritmo de unos lingotazos de las susodichas botellas.

 

May toma diversas fotografías, desde diferentes ángulos. No para, diría yo, de moverse en busca de las mejores tomas. En un momento ella me dice que no toma fotos en balde, o sea que solo dispara cuando hay una buena imagen delante. Le pregunto acerca de las cámaras de revelado instantáneo, así como de las cámaras llamadas de acción. “No son malas cámaras, responde ella, incluso me pueden parecer interesantes, hace poco he visto una de estas fotos y no estaba mal, pueden ser bonitas y atractivas”.

 

Entre tanto, la afición está simpatizando con el clown, incluso yo mismo que soy víctima de una de sus bromas.

 

 

A continuación, va a empezar en breves instantes la segunda actuación. La tarde se presta calurosa en exceso. El siguiente show lo presentan dos actores que representan a dos hermanos mal afeitados, pero bien vestidos y absolutamente beligerantes entre ellos. Son franceses y se hacen llamar los Hermanos Rebonst. Son pasmarotes, rudos y acróbatas y su espectáculo gira en torno a una disputa constante e incoherente entre ellos, pero son buenos hermanos conservando, eso sí, su ego… aunque esto son la base de las bofetadas.

 

Son  súper clowns, gente muy divertida realmente y generan una sana tensión entre el público que les contemplamos y ellos mismos. Se tiran al suelo, hacen una pira con sillas que han destrozado, realizan complicados ejercicios de equilibrio. Veo de alguna manera que tratan de crear “el calor de un hogar” de maneras imposibles, pero el público se divierte y al final siempre hay aplausos.

 

May, gusta de medir, (no tirar demasiadas fotos), y es como ya les dije disciplinada y seria. No le gusta, al igual que a otros camaradas de su profesión que este tipo de espectáculo se cierre físicamente al gran público, que se pongan vallas pues “esto limita al espectador y al artista y pone barreras donde no ha de haberlas”. El teatro, afirma, “ha de ser abierto e interactivo”.

 

May es una profesional que se dedica hace 10 años a la fotografía y hace reportaje gráfico de cerca el teatro de sala en directo. Es intrépida, sabe escoger y encontrar un hueco entre el público para interpretar su fotografía, todo, con un eslogan personal que es toda una filosofía de trabajo para ella y un vademécum: no molestar, ni al artista ni tampoco al público. “Lo último que queremos en nuestro trabajo es molestar, ni ruidos innecesarios, ni empujones ni nada de eso”.

 

May ha conseguido hoy una vez más capturar la imagen móvil del espectáculo para que nosotros podamos luego admirar los gestos “imposibles” de aquel clown que ha quedado para siempre inmortalizado “en un abrir y cerrar de ojos”.

 

* Fotografías: May Rodríguez

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