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Redacción
Lunes, 19 de junio de 2017
Relatos micropresos

Montaña y estrella

Frosty

Inalcanzable

Cambió de mil formas intentando alcanzarlo. Era un intento inútil por acariciar su destello. Su destino no eran las estrellas, pero, tal vez, ese intento fue lo que la convirtió en montaña

 

 

David

La respuesta

Desde la montaña observaba el firmamento. Todo parecía en calma. Le preguntó a la luna, pero la luna no le contestó. Entonces le preguntó al sol, y más tarde a una estrella lejana. Finalmente descubrió que la respuesta no estaba ahí.

 

 

Deseo compartido

La pareja subió a la montaña para acampar. Junto a la cumbre encontraron una campa. –– Pasemos aquí la noche, acordaron. Prepararon una hoguera para calentarse mientras, bajo la luna, observaban las estrellas. De pronto, surgió en el firmamento un cometa. Él pidió que el fuego fuera eterno, ella que nunca se apagara.

 

 

El Gallén

Dulces anhelos

Y ahí estaba como por arte de magia, en una tumbona con Liliana mirando las estrellas y tomando tequila de la Montaña Roja. Olí y su cabello y le dije que la amaba. Y me respondió: –– ¡recuento módulo 14!

 

 

Dancer

Pídeme un deseo

Hace mucho tiempo, una hermosa joven vivió encerrada en una torre en lo alto de una montaña. Como nadie la podía ver, tampoco la podía amar. Todas las noches lloraba mirando al cielo. Dicen que, muriendo de pena, los dioses se apiadaron de ella convirtiéndola en una estrella fugaz capaz de conceder los deseos de las personas enamoradas.

 


Alfil Negro

Txaki

Jamás se había alejado de la cueva más de cien metros. El clan, lo tenía prohibido a los niños, aunque con siete años Txaki era casi adulto. El bosque frondoso no dejaba ver el cielo, ni de noche ni de día.

Una noche, decidido, mientras todos dormían en torno a la hoguera, ataviado en una piel de zorro, huyo, corrió y corrió, hasta escapar de los altos árboles. El cielo se abrió ante él. Era novilunio. Alzo la vista y diviso una estrella que titilaba más que las demás, nunca había visto algo así, ni sabía lo que era, pero no lo dudó. Quería alcanzarla y empezó a subir una pequeña montaña, en un vano intento de inconsciencia.

 

 

Miguel

El Teide

Mi padre y yo escalamos la montaña más alta de España, el Teide, con más de 3000 metros de altitud. Por la noche, la cima roza las estrellas. Es impresionante, merece la pena verlo

 

 

Mario

Dibujo

Entre sus deberes de la escuela la niña tenía que hacer un dibujo libre en artes plásticas para que así el profesor tuviera material para detectar cualidades artísticas entre sus alumnos.

El más reciente que había pintado era de unos animales extraterestres con tres patas, un ojo, tres cuernos y orejas muy grandes, que subían y bajaban de la nave por una puerta diminuta. Con un fondo celeste claro, se podía apreciar la presencia de una montaña volcánica que vomitaba lava incandescente que en la noche parecía una estrella de tamaño incalculable y brillante. La niña, contenta, me mostró su trabajo

 

 

Anyelino

Añoranza

Después de una buena caminata llegamos a lo alto de la montaña con sus maravillosas vistas: el ratón de Guetaria, la isla de Morini, la playa de Zarautz... Se nos pasó la tarde casi sin enterarnos. De vuelta se hizo la noche y la estrella polar nos iluminaba el camino. Al llegar, no lo dudamos ni un instante: el agua de la playa, buenísima... como siempre

 

 

Marcelo

A veces no es lo que piensas

María estaba mojada, caliente... Salió de la ducha y cogió la toalla. Al secarse fue cuando vio las estrellas. Colocó el sujetador sobre sus dos montañas y sus braguitas sobre su negro monte. Acabó de vestirse y salió a la calle.

 

 

Deseo astral

Le preguntaron a María –– ¿Por qué siempre piensas en montañas?-. Y ella respondió; ––   Porque es el sitio de la tierra que está más cerca de las estrellas

 

 

Travis

La sorpresa

Unos amigos estábamos planeando dar una sorpresa a los novios para ir a la montaña a pasar el fin de semana, y después de cenar y hacer una buena parrillada, hacer el amor viendo las estrellas

 

 

Fukymuky

¡Toma, marrana, toma!

¡Toma, marrana!, ¡toma, marrana! Haciendo senderismo por una montaña, Mario y María creyeron oír los gritos e insultos que un hombre profesaba a una mujer desde la cima de una montaña... ¿O era otra cosa lo que hacía? Decididos, continuaron subiendo para ver qué sucedía. De nuevo, se sobresaltaron al escuchar. ¡Toma, cerda! ¡Te gusta, ¡eh?, marrana!

Al llegar, la pareja de tortolitos se quedó perpleja. Tras separar las hojas de unos arbustos, comprobaron cómo un hombre daba bellotas a una cerda a la vez que la llamaba Estrella y esta jugaba en un lodazal.

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