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Redacción
Lunes, 19 de junio de 2017
Relatos micropresos

Quién me lo iba a decir

Frosty

Luciérnagas

Se había pasado la vida creyendo que se podía domar a las luciérnagas. ¿Quién se lo iba a decir? No se puede iluminar la vida de los demás a voluntad, por muy grandes que sean los deseos: el sentido de un brillo nunca será el mismo ¿Cómo se puede domar a la libertad?

 

 

Alfil Negro

La cebra

Una manada de cebras pastaba en la sabana africana. “Pumby”, la benjamina, no se separaba de su madre; le daban pánico las leonas. Un día se acercó a “Cebrín”, el macho de la manada, y le preguntó:

– ¿Cómo puedo vencer a las leonas? ¿Cómo puedo ser más fuerte que ellas?. Tengo miedo de que me coman.

Él le contestó

– ¿Quién me lo iba a decir?, no esperaba tus preguntas. Te contestaré: no podrás vencerlas ni con la fuerza ni con la inteligencia, tus rivales no son las leonas, sino las cebras. Corre, corre y sé más rápida que ellas.

 

 

Dancer

Rica por sorpresa

– Señora, es hora del té

– Muy bien, tráigamelo con media cucharadita de azúcar, por favor

– Si señora.

Miré a mi alrededor, y suspiré tranquila. Quién me lo iba a decir que iba a acabar viviendo como una reina, después de tan intenso y continuado esfuerzo físico y mental. Al fin, la vida y el azar me recompensaron ayudándome a salir adelante a mí y a los míos. ¡Bendito el día de El niño!

Me quedé sentada en el inmenso sofá mientras contemplaba por la cristalera de la ventana cómo los pajarillos bebían agua en la fuente de mi humilde mansión.

 

 

David

Llego tarde

Corriendo por toda la casa, de arriba abajo, desde el baño al salón, pasando, ¡claro!, por la cocina.

Pero, ¿dónde estarán? Miro hasta en la nevera. Dios, ¡a mí me da algo! En plena desesperación vuelve a mirar el reloj, aunque no sabe para qué. “Si ya llego tarde, muy tarde”, piensa. Siente cómo el sudor ha empapado la camisa recién puesta y suspira. “Al final me tendré que cambiar de ropa”.

Es entonces cuando mete la mano en el bolsillo del pantalón y... ¡¡sorpresa!! Quién ee lo iba a decir: las malditas llaves llevaban ahí desde el principio.

 

 

Marcelo

Nunca se sabe

Carmen estaba preparando los papeles de su divorcio. Ya no podía más. Recogió a su hija y su hijo y abandonó aquella villa marinera y al resto de su familia para intentar rehacer sus vidas en la gran ciudad.

Desde el principio las cosas se pusieron muy de cara. ¿Quién le iba a decir a esa mujer que tanto el futuro de sus hijos como el suyo estaban en Madrid en lugar de en aquella pequeña villa marinera del norte de España?

Es un final feliz de una historia triste, aunque aún hoy sigue con pinceladas claroscuras: siempre hay algo de blanco en el negro, y al contrario.

 

 

Mario

-

Conoció una vez un hombre de mediana edad que repartía entre la multitud pequeñas reflexiones que en el párrafo final tenía pequeñas moralejas. Una de ellas decía: “Ten cuidado, mucho cuidado, desconfía siempre incluso de tu sombra”. Con el paso del tiempo pensó que tenía sentido, aunque quién se lo iba a decir, dónde y en qué circunstancias. En el patio de la prisión, entendió por qué tenía público que le escuchaba.

 

 

Anyelino

El metomentodo

– Pues sí, como te lo cuento. Y ahí no queda la cosa; le estaba robando los melones a tío Justino y los corderos al pastor de la calle de arriba

– Pero… ¿Quién me lo iba a decir? Tú, encima de no haber estado esta semana en el pueblo, parece que sabes más que nadie. Anda a contar milongas a otro sitio, so chorizo.

 

 

Fukymuky

La hora de…

“…Pero si es el concejal “Roñeras”. Me acercaré para enseñarte mi esplendor”

– ¡Eh, Roñi! Mira lo que tengo para ti

– ¡Anda, la vieja el visillo!

– ¿Quieres que te enseñe mis muslillos; de pollita?

– ¡Si, si!

– ¡Hoy no, mañana!

– ¡Fssschorizo, fsssmorcilla, fssstocino, fssspanceta!

– ¡Adivinas! ¿Quieres ver mis mandarinas?

“¡Quien me lo iba a decir!”, – decía José Mota mientras releía el nuevo guión de su último programa y memorizaba asombrado las tonterías que tenía que contar.

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