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Redacción
Viernes, 23 de junio de 2017
ASVAI en Valladolid

Un lugar especial para niños y mayores

Noticia clasificada en: Eva Martín

La Fundación Social ASVAI trabaja desde hace 17 años en las necesidades de niños y ancianos en situación de riesgo de exclusión social. Ubicada en Valladolid, desarrollan diferentes programas y actuaciones de apoyo educativo, social y jurídico.

Eva Martín

 

 

 

Aunque la Fundación Social ASVAI fue constituida en el año 2000 con el objeto de suplir las deficiencias de la Asociación Vallisoletana de Ayuda a la Ancianidad y a la Infancia, puesto que necesitaban la figura jurídica de la fundación, debido a que muchos ancianos carecen de capacidad de obrar y es la propia fundación la que se encarga de asumir su tutela, los orígenes nos remontan al año 1907, cuando se llamaba Asilo de Caridad. Este, a su vez, surgió de la unión de la antigua Asociación de amigos de los pobres, constituida en el año 1865, y del Asilo de mendicidad abierto en 1872.

 

Tiene mucha solera y también abolengo. La idea surgió de la burguesía de Valladolid que se reunió y, observando las necesidades de ancianos y niños en situación de riesgo de exclusión social, decidió atenderlos urgentemente.

 

ASVAI solo existe en Valladolid, no tiene una red extensa de sedes. No obstante, se relaciona con otras entidades, colaborando en la amplia tarea de protección a la ancianidad y a la infancia con estas características.

 

Así, la Fundación social ASVAI es una institución privada sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es proporcionar a los niños una educación en valores y ayudar a las familias y mayores en situación de vulnerabilidad social, dándoles un apoyo educativo, social y jurídico.

 

Tiene su sede social en la calle Chancillería, 5 de la capital. Aquí está la sociedad matriz, y luego adyacente a ésta, se encuentra el Centro de Integración para la Infancia en la calle Palacio Valdés, 3. Recibe numerosas donaciones privadas, entre ellas, de La Caixa o el Banco Santander; y subvenciones públicas como la Junta de Castilla y León, la Diputación y el Ayuntamiento de Valladolid.

 

 

Los niños, lo primero

 

En primer lugar me acerco la sede destinada a la infancia porque invertir en la infancia es fundamental para romper el círculo de la pobreza y reducir las desigualdades existentes en una sociedad. No sólo se trabaja en el ámbito económico, sino que también se pretende un apoyo integral a las familias, facilitando el acceso a servicios de calidad (sociales, educativos, salud, etc).

 

Al llegar al Centro, llamo al timbre, y me recibe amablemente un monitor, que me indica que la coordinadora, Ana Ruth Fuertes, tardará unos minutos. Espero en la antesala, y desde allí se puede percibir la dulce algarabía de los niños. El espacio está lleno de pósteres y panfletos, todos ellos muy reivindicativos, que hacen referencia los Derechos de los niños y a las actividades que se realizan allí.

 

Aquí hay niños con edades comprendidas entre los 7 y los 16 años. Es la hora de la merienda y las monitoras y los voluntarios les han repartido fruta, pues consideran que una buena alimentación trae como consecuencia una salud de hierro.

 

Están divididos en dos grupos. En el grupo de los mayores hablo con unos cuantos que me explican cómo les enseñan a organizarse para hacer los deberes o las manualidades. Además de los conocimientos teóricos todos coinciden en que les gusta venir, especialmente, por la cantidad de gente que conocen. Varios de ellos vienen de otros países, como República Dominicana y cuentan cómo les ha costado adaptarse un poquitín.

 

Cuando les preguntamos qué quieren ser de mayores todos tienen claro el oficio o profesión: traductora de idiomas, enfermera, o ingeniera.

 

 

El grupo de los pequeños ahora está viendo unos vídeos de dibujos animados. Ana Ruth me presenta, y a la pregunta de qué es lo que más les gusta hacer dentro de las actividades de ASVAI, todos quieren contestar a la vez, son súper participativos. Unos dicen que si cantar, otros que jugar, otros, con cierta picardía comentan que trabajar (supongo que se lo habrán oído a los mayores).

 

Me indica Ana Ruth, que también celebran las fiestas como la Navidad, Halloween o Carnaval. También que en verano suele haber campamentos, pero este año se ha suspendido la actividad por falta de recursos. Han realizado excursiones como al antiguo zoo de Matapozuelos, hoy convertido en parque temático.

 

Asimismo, ofrecen terapia con animales, porque es una forma que tiene el niño de socializarse, primero interactuando con el perro y luego lo extrapola a sus relaciones con las personas. Sobre todo hay que tener en cuenta que son niños con unas necesidades especiales, que a veces demandan un mayor afecto, ello debido a que viven situaciones complicadas con sus familias. No obstante, la fundación trata de formar a estos padres para que puedan orientar a sus hijos. Todo ello a través de la escuela de padres o la figura del mediador familiar.

 

 

Visita a los ancianos

 

La sede destinada a los ancianos es la Residencia Nuestra Señora del Carmen. Se dirige a las personas mayores de 65 años, que por razones de una minusvalía o situación social, se hallen necesitados de amparo. Esta labor se realiza bajo el cuidado de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, junto a profesionales cualificados en cada una de las ramas de actuación y voluntarios.

 

Entramos en la Residencia y podemos observar a la Virgen del Carmen que es muy venerada aquí. La recepcionista nos informa que Sara, la coordinadora social, nos recibirá en un momento, cerca se escucha una película del padre Hoyos que están proyectando en la sala de al lado.

 

 

Al fin salen, y Sara nos presenta a un grupito, son Nicasio, María, Melitón y Víctor. Nicasio y Víctor llevan en la residencia 5 meses y 12 años, respectivamente. Cuando llegó, Víctor arreglaba el jardín, luego tuvo un accidente y lo tuvo que dejar: “eso sí el apetito y la cabeza sí me funcionan” dice bromista.

 

Todos proceden de Valladolid y provincia: Valdunquillo, Mojados, Langayo. “Y del mismo Valladolid”, dice Nicasio, porque él vivió mucho tiempo en el Hospicio. Cada palabra que dicen es para hacerte sonreír, son así de pillastres, ellos lo saben y lo hacen más.

 

Todos han desempeñado trabajos en el campo. Así, Melitón se ha dedicado al pastoreo de ovejas, y dice sabiamente que “el trabajo en el campo, es como la poesía, te inspira y te da fuerza, y tienes como buena compañera la soledad”. De hecho ha escrito un libro “Vivencias y reflexiones”, donde también están, en un lugar importante, los poemas dedicados a su mujer. Nicasio trabajó en una granja, al cuidado de los animales y María se dedicaba a la extracción de resina de los pinos, actividad hoy día en desuso.

 

Durante el rato que estamos juntos, pasan diversas personas, todas ellas residentes aquí. Unas son asistidas, y otras no necesitan asistencia constante, porque se valen por ellas mismas. Todos suelen recibir visitas de amigos y familiares continuamente y también están en contacto telefónico, lo cual es importante también para el ánimo. Además, según tengo entendido, las comidas son excelentes.

 

Tampoco les queda tiempo para aburrirse con las numerosas actividades que realizan. Ya hemos visto la filmoteca, pero también tienen bingo, periódico, donde leen un fragmento y le comentan, o lecturas en las que se habla de los valores universales de la persona como el respeto, la amistad, la justicia, y la paz. También hay gimnasia, informática, y excursiones culturales.

 

El ambiente en la Fundación Social ASVAI es muy agradable y siempre encontrarás a alguien con quién charlar.   

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