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Redacción
Miércoles, 28 de junio de 2017
Relatos micropresos

Vuelo rasante

Noticia clasificada en: Alfil Negro David El Gallén Frosty Mario

FROSTY

Alas para el recuerdo

¿Has pensado alguna vez por qué las avestruces no vuelan? Fueron ellas las que inventaron el vuelo rasante. Tanto fue así, que un día terminaron corriendo por el suelo con las alas abiertas, mientras le decían a los otros: “¿Has visto lo cerca del suelo que puedo volar?”. Lo demás ya lo conocemos: por mucho que corran, sus alas ya no despegan.

 

 

ALFIL NEGRO

Frenopático

Con los pies en la mesa y degustando un Cohiba, el inspector Mulero fantaseaba con la mujer de moral frágil que había vendido su alma por 15 euros. Desde que se había separado, todos los viernes antes de entrar en la jefatura, le gustaba pasar revista a su arma, y no precisamente a la reglamentaria.

 

El estridente sonido del teléfono le sobresaltó, ya eran las 11:30 de la noche. El agente Santos esperaba al otro lado del tabique.

 

- ¿Sí?, ¿dígame?

- Inspector, una llamada del psiquiátrico. Se ha producido una desaparición.

- ¡No me joda! ¡Que se ha escapado un loco! Que llamen a protección civil, la policía está para cosas más importantes.

- Inspector, lo más grave es que se ha llevado toda la medicación del psiquiátrico.

- ¿Cómo? - respondió Mulero.

- En el microbús de las excursiones.

- De acuerdo, vamos para allá - colgó el inspector.

 

Llegaron en diez minutos. El celador les abrió la barrera y en la entrada les estaba esperando la enfermera jefe Casandra que les guió por un pasillo largo y estrecho. Mulero y su adjunto percibieron un olor muy extraño y pensaron: “debe ser el olor de la locura”. En ese momento, el inspector Mulero pensó: “este caso va a ser un vuelo rasante al submundo de la mente”.

 

La enfermera jefe se paró junto a una puerta. Numerosos cerrojos y una gran cerradura indicaban que lo que se guardaba allí era, probablemente, peligroso. Mulero preguntó:

 

- ¿Aquí estaban los medicamentos?

- No- contestó Casandra. Aquí estaba Serafín, el interno que se ha fugado.

- Pues dígame usted cómo ha salido de aquí y cómo se ha podido ir con media tonelada de psicotrópicos, cargarlos en un microbús y salir tan campante.

- Disculpe, pero usted es el policía- le arremetió Casandra.

- Vamos señora, usted es la que entiende de cocos.

- ¿De cocos?- preguntó Casandra molesta.

- Sí, hombre. De mentes.

- ¡Ah! Eso es otra cosa.

 

Desde el otro lado del pasillo, una enfermera se acercaba apresurada.

- ¡Inspector! - gritó - ¡detenga a ese hombre!

 

Mulero, atónito, pensó que él también estaba loco. ¿Qué hombre? Allí no había nadie. La nueva enfermera cogió a Casandra de la pechera y le dio una bofetada al tiempo que le decía:

 

- Serafín, te he dicho mil veces que no te disfraces de enfermera. Vuelve a tu celda- le espetó.

Disculpen agentes, todo ha sido una falsa alarma. Serafín es un bromista, seguramente llamó por teléfono y creó toda esta histeria.

- Entonces no hay fuga, no faltan psicotrópicos.

- No, váyanse tranquilos.

 

Mulero y Santos abandonaron el psiquiátrico. Antes de subir al coche, miraron por última vez y vieron un cartel que al entrar no habían visto. Allí ponía: “Despojaos de toda esperanza”. El mismo que clamaba en la puerta del infierno, en la “Divina Comedia” de Dante.

 

 

DAVID

Las golondrinas

Ya han vuelto las golondrinas y, como el año pasado, han anidado en esos nidos que dejaron. Es un espectáculo aéreo continuo. Vienen y van con sus cuerpecillos en forma de caza.

 

Te puedes pasar una tarde entera mirándolas, mientras tu mente viaja en un vuelo rasante que me lleva al ayer, pensando en ti. Luego, sueño despierto una golondrina. Tal vez porque deseo salir volando de aquí, o quizás porque parecen felices surcando el cielo azul. No lo sé, pero siempre me pregunto por qué vuelven aquí, donde nadie quiere estar.

 

MARIO

Tata inti

Cada año se celebra la fiesta andina en la isla de la Orca del inca, que mide aproximadamente 20 kilómetros cuadrados. Es un atractivo para los habitantes de la región del lago Titicaca, tanto de Bolivia como de Perú.

 

Una pareja estadounidense llegó a está fiesta. Encantados, se quedaron a vivir en la isla dejando todo en el país de origen. La noche del 23 de junio de cada año, miles de personas, turistas y curiosos observan los sacrificios de animales: corderos, palomas, gallinas y llamas. El día 24, el presidente de Bolivia saluda desde el vuelo rasante de una pequeña hidroavioneta lanzando globos blancos que llevan una inscripción: ¡Hallalla Bolivia!

 

 

EL GALLÉN

Cadena alimenticia

Mientras tanto, en algún lugar del mar, un pez nada sin ver que un ave de rapiña en su vuelo rasante le está acechando. Así mismo están los políticos, esperando una oportunidad de llenarse los bolsillos. Asimismo, un ciudadano desempleado se va desesperado, sin oportunidad de salir adelante.

 

“Púnica” por aquí, “Gürtel” por allá, y así sin mermar, así de normal es nuestro día a día. El ciudadano vive preocupado por el pan de su mesa, mientras que nuestros políticos se preocupan por la mordida que puedan recibir, sin que la ley les muerda el trasero.

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