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Redacción
Jueves, 10 de agosto de 2017
Caravana Abriendo Fronteras

Día 17: de Algeciras a Málaga pasando por Tarifa

La Caravana Abriendo Fronteras, formada por cientos de personas de muchas partes de España, partió el pasado mes de julio a Melilla con el objetivo de reivindicar los derechos de las personas migrantes y denunciar las políticas de asilo que se llevan a cabo en este país. Un viaje que les llevó a algunos CIEs y aeropuertos, entre otros lugares, para ofrecer su solidaridad a los refugiados y proclamar diferentes consignas. Martín Rodríguez Rojo, profesor de la Universidad de Valladolid, nos cuenta su experiencia en este viaje.

Martín Rodríguez Rojo

 

 

 

Aún con la garganta exasperada por los gritos lanzados ante el CIES de Algeciras, la Caravana Abriendo Fronteras, dirección Melilla, 2017, llegó a Tarifa. Eran las 9 de la tarde del 16. Se agradecía el airecillo que empezaba a soplar. El verde del Campo de Fútbol brillaba bajo los chorros de agua expelidos por los aspersores. La puesta de sol, por su parte, coloreaba las figuras caprichosas que se retorcían lujuriosas ante la atónita mirada de los caravaneros. Tarifa. Cerca de 19.000 habitantes. A 14 kilómetros de Marruecos. Punto de encuentro Atlántico-Mediterráneo.  Punta de lanza  de hazañas y proyectos. Reducto medieval. Arcos de triunfos y testigo de refugiados muertos en el Estrecho. Tarifa, obligada a contemplar la vergüenza de un CIES que trata a sus inquilinos con maneras inapropiadas a la dignidad de sus habitantes.

 

Esta noche tendríamos a las estrellas por techo. Mucho aire y la compañía del saco de dormir serían nuestros necesarios acompañantes. El aire, porque ejercía su mando natural. El saco, porque al intemperie de la noche había que combatirlo con medios adecuados. Los cuatro faros  que iluminaban el campo de fútbol se encargarían de excitar nuestras neuronas, ubicadas en las gradas desde donde un nuevo público se imaginaría a la pelota del mundo recorriendo el alocado césped de la vida finamente afeitado.

 

Recogimos la cena en los locales de la planta baja. La mañana del día 17 se avecinaba repleta de emociones. En efecto, algunas compañeras y compañeros se embadurnaron de barro. ¿Para qué serviría ese disfraz? Constituía una sorpresa. A las 10 de la mañana del 17, en una reunión de más de 250 asistentes se nos recordaron las formas más adecuadas y útiles para superar una posible agresión policial. Un repaso a la agenda del día y fijación de un comportamiento caravanero. Puntualidad y atención a las indicaciones de los coordinadores de cada bus, de cada territorio, de la coordinadora estatal. Fueron las normas que se explicaron en la clase sobre una educación ciudadana, impartida en las gradas del estadio.

 

I2 de la mañana: nos enfilamos hacia la playa. Se anunció la celebración de una performance. Es entonces cuando entendimos por qué y para qué aquellas compañeras habían cubierto de barro su cuerpo entero. Rostros embadurnados, heridas en las manos y en las piernas, ciegas agarradas a su amable guía que le salvaba de tropiezos, ayudándoles a caminar sin ser atropelladas. Mujeres embarazadas, madres con su hijo en brazos, ancianos cachaba en mano, cojos sostenidos por su bastón. Todos en tierra, con talante teatral hacían creer a los espectadores que aquello iba de verdad. Era un teatro no de ficción, sino representativo de una historia reciente. A la memoria de los caravaneros, conocedores de esta tragedia de los refugiados, no se les escapaba que sólo en el año 2016 se habían ahogado en el mediterráneo más de 5.000 personas y que estos artistas sólo pretendían rememorar esta tragedia. Un grupo musical llenaba de lirismo a la marcha de cuatro en fondo. Una señal dada por la dinamizadora de la escena indicó a los 20 embarrados que tenían que tirarse encima de la arena de la playa.  Y apareció en todo su esplendor  el significado de aquel escenario. Era preciso callarse, no hablar, pisar suavemente la arena para no herir al silencio requerido por la emoción que producía tanto dolor comprimido y plastificado junto a las ensangrentadas aguas del Estrecho.

 

Y así, una y dos y tres y cuatro veces durante todo el paseo marítimo hasta llegar a la punta de Tarifa. Entre caída y caída, los gritos consabidos, los lemas de la caravana. El público asomaba sus cabezas desde las ventanas de sus casas vecinas a la costa. Tarifa comprobaba que las noticias de la TV y de la prensa y, sobre todo, de las redes sociales no inventaban el genocidio del siglo XXI, la vergüenza histórica de una Europa recostada en la indiferencia, sin abrir fronteras, cerrando puertas, sin construir puentes. Por si acaso algún vecino oriundo de otros lares y de otros idiomas no entendiera los cantos en castellano, echamos mano de eslóganes apropiados para estas circunstancias: “No borders, no Nation, stop deportation”.

 

Llegamos al brazo de tierra que une a la ciudad con el CIE de Tarifa. Este Centro de Internamiento de Extranjeros ocupa un antiguo recinto militar. Nos dice el Informe ICADE que “en él se alojan 90 personas, la inmensa mayoría subsaharianos. Los dormitorios no reúnen las condiciones mínimas necesarias. Sí existe una buena zona de esparcimiento y deporte. El médico y el enfermero pasan consultas solamente por las mañanas y no los fines de semana. En las próximas horas el Defensor del Pueblo  realizará el informe completo de la visita, así como recomendaciones oportunas a las administraciones de las que se dará cuenta en las Cortes Generales”.

 

Terminado este recorrido desde la playa cercana al campo del fútbol hasta las puertas del CIE, al cual  apenas se nos permitió acercarnos, bajamos  a recoger las mochilas y a montar en los autocares que nos conducirían a Málaga.

 

Allí nos esperaban nuestros compañeros de la Asociación PRODEIN y otras entidades. El programa que tenían preparado nos lo dieron por escrito antes de llegar y se ajustaba a los siguientes puntos:

  1. Bienvenida Batucada y presentación. 2. Vicky, cante flamenco y Pablo Tejada, cantautor. 3. Poetisas y Ajnas. 4. Intervenciones sobre programas de acogida, testimonios de refugiados y leyes migratorias. 5. El Cirguero, cantautor. 6. Otras intervenciones: luchas vivas en la ciudad. 7. Ajnas, música mozárabe con danza giro místico. 8. Rakatá. Flamenco poético. 9. Desestresados. 10. Video Asilo. 11. Cierre del acto.

 

Si hubiera que dar una calificación a esta velada y a este recibimiento yo los evaluaría con sobresaliente “cum laude”. Nuestros compañeros supieron reunir la pertinencia de sus actuaciones con la amistad, el compromiso social, el realismo y el arte. Nos enteramos de su trabajo militante en la ciudad de Málaga y en Andalucía. Un trabajo que se centra no sólo en el problema de las personas refugiadas, sino también en otros como la educación, la salud, los desahucios, la infancia, la pobreza, el paro,  la discriminación de género, etc.  La presentación de los números que componían su programa se desarrolló con fluidez, ajustándose a los tiempos, con abundancia de intervenciones y, además, con arte. La palabra, la música, el cante, la poesía y el baile fueron las pulcras herramientas que deleitaron, ilustrando, a los asistentes, quienes sentados o de pie en plena plaza de la Marina mantuvieron su atención hasta el final de la actuación. En pocas palabras, nuestros compañeros malagueños, también miembros de la caravana, nos mostraron su cariño, ordenaron con eficacia nuestros pasos en ese día y nos dieron un ejemplo de andalucismo. 

 

Juntos partimos hacia Melilla. Era el cuarto día de nuestra andadura, el paso del ecuador de la caravana. Hacia las 12 de la noche tomamos el ferry y comenzamos la marcha acuática sobre el Mediterráneo. Mañana seremos ciudadanos del Estado Español  en tierras africanas. Día cuarto.

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