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Redacción
Lunes, 11 de septiembre de 2017
Relatos micropresos

Arena y burbuja

Noticia clasificada en: Alfil Negro Anyelino Dancer David El Gallén Mario

Mario

Burbuja de amor

Aquel hombre caminaba cerca de Mankono-Abid por la arena del mar. Tenía en la mano una radio en la que sonaba la canción de Juan Luis Guerra “Las burbujas del amor”. Le había dedicado a su difunta mujer esta canción cuando aún eran novios,. Él la conserva como un tesoro y es el himno de su vida, que le acompaña a diario.

 

 

Alfil Negro

Sueños frágiles

La fragilidad de una burbuja de jabón, también la del agua del mar, millones de gotas entre las rocas, y frágil en la espuma del alcohol que un día se rompe y manda todo al garete... soñaba en la playa tumbado en la arena.

 

 

El Gallén

¿Qué es la cárcel?

Puede ser una burbuja de jabón que limpia o también de suciedad que envenena el alma de los que aquí estamos”, piensa. Dicen que anoche se ahorcó un compañero en su celda. No sé por qué lo hizo, ni por qué motivos estaba en prisión. ¿Qué será para la sociedad que este compañero se suicide? ¿Jabón que limpia o suciedad que envenena?

Aquí, día a día tienes granitos de arena para construir tu carácter o sólo granitos de arena que ensucian tu estancia: puede que dependa de ti. En mi caso, poco a poco aprendo de mi estancia en este hotel de presos, dejo a cada quién su opinión y respeto a quien no comparta mi punto de vista.

 

 

Dancer

Por siempre jamás

En la arena de la playa, y con los ojos llorosos, se despidió de su amado. Los años transcurrieron y ella seguía allí, inmóvil, en la orilla. Las burbujas de las olas se adherían entre sí en la superficie de sus pies formando una roca blanca de coral mientras las lágrimas que derramaban sus ojos la cubrían de sal. Dicen que esa roca blanca es ella, hecha para recordarle, hecha para amarle.

 

 

Anyelino

Las navajas

Desde muy pequeño tenía la curiosidad porqué salían de la arena burbujas. Me decían que era porque se escondía un bicho en la arena, pero por mucho que desenterraba nunca aparecía nada. Un buen día un señor me dijo:

– No se hace así. Fíjate y verás.

Portaba una vara de alambre de un metro de longitud. La metió por el agujero de donde salían las burbujas y, al sacar el alambre, me quedé anonadado: de su punta colgaba un bicho parecido a las cachas de una navaja.

– Están buenas a la plancha-, me dijo el señor.

– ¿Y cómo se llaman?

– Navajas

 

 

David

Volver a nacer

Sentado allí, en la arena, miraba el mar, su inmensidad, mientras añoraba lo que fue ayer y fluía por sus venas una rabia contenida que le ocasionaban tics. Soñó despierto mientras el sol se iba poniendo y su luz enrojecía el mar. El cielo se cubría de nubes, lienzo que plasma un colorido inimaginable. Hundió las manos en la arena y las burbujas dejaron su huella: deseó volver a nacer para subsanar los errores del pasado.

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