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Redacción
Miércoles, 20 de septiembre de 2017
Letras de Buenos Aires

Mi vida entera

Noticia clasificada en: Graciela Mantiñan Letras de Buenos Aires

Graciela Mantiñan

 

 

 

 

Siempre pensé que las letras de tango son ideas que se cantan.

 

Las palabras con que esas letras construyen sus pequeñas historias, despiertan reflexiones que difieren en cada época y en cada persona. Su mensaje poético se renueva cada vez que alguien las escucha.

 

Quizá yo lo percibí siendo muy niña, cuando hacía los deberes escolares mientras mi madre escuchaba discos de tangos. Allí comencé a pensar la poesía del dos por cuatro como un itinerario que siempre nos conduce a algo. Cuándo, cómo y para qué llegamos constituye una incógnita total, pero al revelarse nos explica además por qué  guardamos en nuestra memoria esa letra de tango.

 

Hoy quiero contarles una pequeña experiencia personal que está relacionada con una frase común: “mi vida entera”.

 

Cada vez que la decía o la escuchaba, yo recordaba el verso del tango gardeliano. Pero un día por casualidad  descubrí que esa frase tenía una pequeña historia literaria. Seguramente no era la única, pero permitía pensar sobre los raros caminos que recorren las palabras hasta que llegan a nosotros.

 

La encontré por primera vez en “Viejo rincón” de Roberto Cayol, un tango creado en 1925, que narra el retorno al barrio y al recuerdo de una mujer. “Porque creí-loco de mí-por ella di mi vida entera”. Aquí la frase está claramente ligada al amor perdido.

 

En el mismo año, Jorge Luis Borges titula “Mi vida entera” a uno de los poemas de su obra Luna de enfrente. Tenía veintiséis años, había vuelto a la Argentina después de vivir su adolescencia en Europa, ansiaba constituir a Buenos Aires en su propio mito de origen. Sin embargo, en “Mi vida entera” parece casi un anciano: “he persistido en la aproximación de la dicha y en la intimidad de la pena / He atravesado el mar". No espera cosas nuevas, tal vez porque Buenos Aires ya forma parte de su vida: “He visto un arrabal infinito donde se cumple una insaciada inmortalidad de ponientes”. ¿Acaso ese poder reunir en un instante su vida entera anticipa “El aleph”, un cuento que escribirá veinte años después, donde su protagonista contempla una cifra del universo en el sótano de una casa porteña? 

 

¡Qué coincidencia! En 1925, tiempos de democracia en la Argentina, dos creadores muy diferentes habían usado “mi vida entera”, tal vez una frase común en la época, para desplegar su propia temporalidad. Uno la asociaba al amor perdido, otro al rigor del tiempo.

 

En 1934, cuando el país atravesaba lo que se llamó la década infame, una triste conjunción de pobreza, entrega y violencia institucional, Gardel y Le Pera crean Cuesta abajo. Su protagonista es un hombre vencido: habla de un pasado que añora, un tiempo viejo que llora y que nunca volverá. Sin embargo este hombre, que se sabe engañado, ratifica “el coraje de querer” a una mujer que  “Era para mí la vida entera / como un sol de primavera / mi esperanza y mi pasión”.

 

Muchas veces había escuchado este tango, pero recién ahora percibí cómo cifraba el dolor del amor perdido y el recuerdo del tiempo pasado, los dos sentidos primeros que la poesía le había asignado a “mi vida entera”. Las palabras tienen una historia que escribe la literatura, pero también nuestra propia vida. Quizá la poesía del tango te ofrezca la mágica aventura de descubrirla. ¿Querés hacer tu experiencia con Cuesta abajo de Gardel y Le Pera?

 

 

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