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Redacción
Lunes, 25 de septiembre de 2017
Andreu Oliva, rector de la UCA

“Se nos tilda de comunistas porque denunciamos las injusticias, la corrupción y la violación de los derechos humanos”

Noticia clasificada en: Isaac Macho

El rector de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador, el jesuita Andreu Oliva, ha pasado por Valladolid y no hemos querido perder la oportunidad de charlar con él sobre el momento en que se encuentra la situación judicial del asesinato de los seis compañeros suyos y dos empleadas de la Universidad salvadoreña, en 1989, así como otras cuestiones del país centroamericano. También nos hemos interesado por la violencia que gangrena El Salvador y otras cuestiones sociales, además del actual escenario de la Teología de la Liberación.

Isaac Macho

 

 

 

 

-Ha asistido recientemente en Sevilla a la Conferencia y Exposición Anual de la Asociación Europea de Educación Internacional (EAIE) ¿Qué tiene en común la Universidad española con la latinoamericana?

 

-Yo creo que tenemos que aprender mucho unos de otros. El enfoque giraba en torno a la internacionalización de la educación universitaria orientado a los intercambios, a los apoyos mutuos. Las universidades cada vez van tomando más conciencia de que en cada universidad se da un contexto diferente, pero que es complementario y nos puede enriquecer mutuamente. En América Latina, pero especialmente en Centroamérica, que es lo que yo conozco mejor, la Universidad tiene gran escasez de recursos, presupuestos bajos, falta de profesionales académicos, sobre todo, a nivel de doctorado y postgrado. Entonces, las universidades europeas pueden ofrecernos mucho en este campo porque han tenido un avance muy importante en estas áreas.

 

 

-Hablaron de financiación…

 

-Yo diría que en este tema de la financiación todas las universidades nos quejamos de que es insuficiente porque la educación es cara y los laboratorios son costosos. Siempre necesitaríamos más recursos, pero, claro, si comparamos la financiación que tiene la universidad europea con la financiación que tienen las universidades centroamericanas, o incluso, latinoamericanas, hay una grave desigualdad. ¿Por qué? Porque el nivel de ingresos que tienen los países y los estados centroamericanos es relativamente muy bajo en América Latina y es que, además, las universidades están incrementando muchísimo el número de estudiantes y los presupuestos no aumentan al mismo nivel.

 

 

-Y, ¿de la endogamia…?

 

-Al hablar de internacionalización se está diciendo, de alguna manera, que la endogamia no es buena, ¿verdad? Es importante que haya intercambio entre universidades, que los académicos conozcan la realidad de otras universidades, que tengan la oportunidad de hacer estancias o de participar en programas hechos en otras universidades porque la endogamia acaba cerrándote en un mundo muy pequeño y la internacionalización te abre a otros mundos. La internacionalización favorece una visión cosmopolita, es decir, te hace cambiar como institución. No solamente recibes profesores o estudiantes universitarios o envías a profesores o estudiantes a otras universidades, sino también  como institución tienes una visión del mundo más amplia, más abierta y te enriqueces  con esa visión.

 

 

-¿La Universidad es un espacio para formar personas desde el punto de vista académico o para hacer ciudadanos libres?

 

-Yo creo que es para esto, sobre todo. Yo creo que hay que dar formación profesional y tomar a los mejores profesionales, pero hay que formar, fundamentalmente, a personas humanas que sean más humanas cuando salen de la universidad que cuando entran, que tengan una visión solidaria del mundo, que se hagan responsables de la sociedad, que sean ciudadanos democráticos, interesados por las distintas culturas, respetuosos con la diversidad, todo eso es tarea de la Universidad.

 

 

-¿Cuál es la filosofía de la UCA?

 

-La UCA es una universidad que no está centrada en sí misma sino que quiere responder a la sociedad en la que está inmersa, que es la sociedad salvadoreña y centroamericana. Apostamos por una Universidad que quiere responder y formar personas para transformar esa sociedad, para que sea una sociedad justa, más equitativa, con igualdad de oportunidades y que nuestros profesionales, pero también los académicos y los trabajos de investigación que salen de la universidad, respondan a los graves problemas que tienen nuestra sociedad. Estamos interesados en contribuir a solucionar estos problemas, a investigar cuáles son las causas de esta realidad tan injusta, tan desigual, tan excluyente, que son las sociedades centroamericanas.

 

 

-¿La UCA fue creada para las élites de El Salvador?

 

-Eso no es real. Desgraciadamente, es una universidad en la que los estudiantes tienen que pagar los estudios, pero la UCA ha buscado desde su fundación, ser la universidad más accesible posible a las distintas clases sociales y, sobre todo, a aquellas personas que tienen talento, que tienen ganas de superarse y que desean contribuir a la transformación de la sociedad. Por eso, tenemos un sistema de cuotas diferenciadas, cuotas que se calculan en base a las capacidades económicas de las distintas familias y un programa de becas que en este momento llega al 12% de los estudiantes. Nosotros recibimos a estudiantes de zonas rurales como Chalatenango o Morazán y hacemos todo lo posible para que entren en la universidad, pero, sobre todo, para que terminen con éxito sus estudios. Yo diría que ya no tenemos estudiantes de las élites de la sociedad salvadoreña porque esos estudiantes siguen sus carreras en otras universidades que tienen cuotas de 600-700 dólares mensuales o se van a estudiar a Estados Unidos y a Europa.

 

 

-¿Es cierta la idea que se tenía en 1965, cuando se creó la UCA,  que se trata de una universidad comunista?

 

-La UCA es considerada por las élites, por los sectores más conservadores de la sociedad como una universidad comunista. ¿Por qué?  Porque  nosotros formamos a los alumnos en los valores del cristianismo, de la igualdad de oportunidades, de la solidaridad, de la justicia, de la distribución equitativa. Cada cual tiene que contribuir a la sociedad en función de sus posibilidades, y a nosotros se nos tilda de comunistas porque denunciamos las injusticias, la corrupción, la violación de los derechos humanos, porque defendemos los derechos humanos de toda la población, especialmente de los más desfavorecidos, de los más pobres.

 

 

 

-¿Los asesinatos de 1989 tuvieron relación directa con la proyección social de la UCA?

 

-Completamente.  La Universidad creó ese modelo donde la proyección social era una de sus funciones fundamentales. Eso continúa siendo así, ¿verdad? El querer incidir en la transformación de la realidad y en que esa realidad cambiara para que beneficiara a la mayoría de la población, no solamente a un grupo muy pequeño, fue siempre una de nuestras preocupaciones. Desde la proyección social de la UCA se trabajó en denunciar todas aquellas situaciones que generaban injusticia, violaciones a los derechos humanos, en dar a conocer lo que la población salvadoreña pensaba aunque en el país nunca se había podido hablar científicamente de esta cuestión hasta que no lo hizo la UCA. Fue Ignacio Martín Baró, con su Instituto Universitario de Opinión Pública, quien comenzó a hacer sondeos de opinión para saber qué sucedía sobre los temas fundamentales, para demostrar qué pensaba la gente.

Y Segundo Montes, con el Instituto de Derechos Humanos, también pudo mostrar con datos objetivos que en El Salvador se violaban los derechos humanos y tenía  estas denuncias documentadas de cómo el ejército, la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda, los grupos paramilitares estaban cometiendo tales y tales atropellos. Todo eso realmente resultaba muy incómodo para el gobierno de turno y ponía en cuestión a las clases pudientes que tenían el control del poder.

Pero, además, con la guerra civil, la UCA inició un proceso para hacer ver que el sufrimiento que estaba causando la guerra era brutal y que no tenía fin. Advertimos que era necesario conseguir la paz por la vía del diálogo y la negociación porque por la vía del enfrentamiento armado ninguna de las fuerzas iba a imponerse sobre la otra y esa guerra duraría muchos años como hemos visto que ha pasado en Colombia, ¿no?  Entonces, los que defendían la guerra, los que, además, se enriquecían con la guerra, sobre todo los militares, y los que los apoyaban, no estaban interesados en el fin de la contienda. Estaban recibiendo, cada día, ayuda militar de Estados Unidos por importe de un millón de dólares y por eso les convenía seguir el camino militar. Todo el trabajo de la UCA fue, principalmente en los últimos años, defender y apostar por una salida dialogada al conflicto armado y eso fue lo que les causó la muerte a los jesuitas la madrugada del 16 de noviembre de 1989.

 

 

-¿Se puede afirmar que UCA está en las esferas del poder político de El Salvador?

 

-La UCA tiene una opción política como negociador, aunque no es una opción partidista, sino una opción política porque la vida económica, social y política del país es de nuestra incumbencia y es lo único que nos interesa. Como Universidad tenemos la responsabilidad de decir no solo una palabra sino de tratar de incidir para mejorarla, para que el bien común crezca y avance en el país. Desde esa perspectiva, la UCA ha asumido una función política, entendida no desde una perspectiva partidista sino desde el punto de vista de incidir en la transformación de la sociedad para que sea una sociedad justa.

 

 

-Dentro de esta llamada a la participación activa, ¿hay que entender, por ejemplo, el apoyo de la UCA para que la Asamblea Legislativa suprima los matrimonios infantiles?

 

-Exactamente. Todo aquello que afecte a los salvadoreños y que nos parezca a nosotros que es dañino para la población más desfavorecida es de interés de nuestra  Universidad.

 

 

-¿También habéis tenido un papel reivindicativo en la aprobación de la Ley contra la Minería Metálica?

 

-Claro, es de interés general que se prohíba la Minería Metálica en El Salvador porque la Minería Metálica iba a contaminar todas las aguas y a destruir el medio ambiente, en definitiva, hacer muy difícil la vida en El Salvador. Y, por tanto, a la UCA nos incumbe y proponemos una ley que finalmente fue aprobada prohibiendo la Minería Metálica.

 

 

-Actualmente, ¿cuál es el conflicto que se vive en El Salvador con el tema del agua?

 

-Estamos haciendo un trabajo importante para que se apruebe una Ley General de Aguas porque el agua es un derecho humano. Proponemos una gobernanza del agua que asegure ese derecho y evite que se quede en manos privadas.

 

 

-¿Con qué dificultades os encontráis al reivindicar este derecho?

 

-Nos encontramos, sobre todo, con los intereses de particulares, de las empresas que están interesadas en tener un control del agua porque para ellas el agua es un recurso natural que utilizan para obtener beneficios. Entonces, ellos lo que quisieran es poder incidir y decidir sobre el agua y quitarle al Estado ese servicio para maniobrar a sus anchas.

 

 

-Estas reivindicaciones en las que participa la UCA, chocan de frente con la forma de trabajo de las universidades españolas, mucho menos beligerantes frente a los gobiernos.

 

-Es una gran diferencia, sí, y eso se lo debemos al pensamiento de los mártires de la UCA que buscaron reflexionar y dieron muchas vueltas para ver cómo debía ser una Universidad que fuera de inspiración cristiana y, que a la vez, luchara por la justicia en contextos concretos. Si la Universidad quería ser realmente responsable tenía que ejercer desde planteamientos inteligentes poniéndose al servicio de la sociedad con la finalidad de construir una sociedad distinta que buscara el bien común. Esta debería ser una preocupación de las universidades de todo el mundo, pero es cierto que vemos más universidades del Sur inmersas en estos problemas que en el Norte. En Filipinas, por ejemplo, hay universidades que se han implicado mucho en la lucha contra la minería porque están viendo cómo esta actividad destruye el medio ambiente. Y hay que hacerlo como Universidad. Ignacio Ellacuría lo decía: tiene que ser un trabajo político, pero hecho desde el papel que le corresponde a la Universidad, utilizando el conocimiento, la razón, tratando de dar formación a los tomadores de decisión para que conozcan y sepan que sus decisiones pueden impactar muy negativamente a un país o al revés, puede contribuir al bien general.

 

 

-Casi 30 años después de su asesinato, cuál es el legado de Ignacio Martín Baró?

 

-Martín Baró es una referencia en todo el tema de la Psicología Social. Él vio a las sociedades como entes que funcionan, de alguna manera, como la persona humana. Sus teorías apuntaban que hay que atender todos esos problemas sociales desde la visión de la Psicología… Él es considerado el padre de la Psicología de la Liberación que, quizás, aquí en España es poco conocida pero en países como Colombia o Argentina y en la propia UCA sí se estudia y se ha continuado su obra.

 

 

-Y, ¿el de Segundo Montes?

 

-Segundo Montes fue el primero que estudió el fenómeno de la emigración en El Salvador. Se dio cuenta de que había muchos salvadoreños que habían emigrado a otros países, especialmente, a Estados Unidos y que comenzaban a enviar remesas de dinero a El Salvador y sostenían a sus familias. Gracias a él empezaron a estudiarse las causas y el significado de esa migración en El Salvador, así como la defensa de los derechos humanos y el derecho de las víctimas a conocer la verdad. Él fue también quien estudió la problemática de la violencia en El Salvador, en aquellos años era la violencia que llevó a la guerra civil y la violencia que producía la misma guerra civil. Montes advirtió que aunque se solucionara la contienda si no se daban las transformaciones que el país necesitaba, si no se superaba la exclusión que generaba el sistema económico y social salvadoreño, vendrían otras violencias. La violencia que hoy tenemos de las pandillas, de alguna manera, él ya adelantó que se iba a producir.

 

 

 

 

-El Salvador tradicionalmente fue un país mayoritariamente católico, pero en la actualidad ha perdido esa hegemonía. ¿Cómo se explica?

 

-Este cambio se explica desde varios puntos de vista. El primero es que fue parte de la lucha contrainsurgente. El Salvador es un fenómeno muy diferente a otros países pero los grupos que optan por la lucha armada proceden de grupos católicos, de la Comunidad de Unidades Eclesiales de base, que a través de la nueva evangelización, después del Concilio Vaticano II, de las conferencias de Medellín y de Puebla, se dan cuenta que son personas que tienen derechos y que desde la religión, desde la fe,  ven que Dios no quiere que ellos vivan oprimidos y que tengan una vida de sufrimiento, sino que tienen derecho a ser felices, que poseen derechos humanos como personas, con una dignidad que es inalienable. A partir de ahí comienzan a organizarse, primero, civilmente en estructuras campesinas, sindicales y son reprimidos. Después, optan por la lucha armada al entender que no tienen otra alternativa.

 

 

-Y, ¿pierden la fe?

 

-Algunos pierden la fe, otros, no. Otros siguen manteniendo la fe y la fe se convierte en algo que alimenta esa lucha por la justicia, esa lucha por la transformación social.  Esos nuevos grupos nacen desde la Iglesia. La lucha contrainsurgente movida, muchas veces, desde Estados Unidos aprovecha las circunstancias para ofrecerles una alternativa religiosa que defiende la autoridad, que defiende el statu quo, y así se introducen las iglesias evangélicas en El Salvador. Iglesias evangélicas que son importadas desde Estados Unidos y que ofrecen una perspectiva religiosa muy alienante y comienzan a crecer…

 

 

-¿Se podría hablar de sectas?

 

-Primero nacieron como sectas y luego se fueron extendiendo hasta aparecer en la actualidad como iglesias con muchos seguidores,  iglesias neopentecostales que propugnan que si tú eres muy trabajador, sí tú eres buena persona, si tú ayudas a tu iglesia, Dios te bendecirá y te retribuirá. Les prometen prosperidad económica y eso ha hecho que tuvieran mucho éxito porque ante la situación de pobreza en la que viven, etc., estas iglesias te auguran un futuro mucho mejor aquí en la tierra.

 

 

- ¿La Iglesia católica ha hecho autocrítica?

 

-Desde luego, se tenía que hacer alguna autocrítica porque la Iglesia católica se ha quedado muy replegada. Con el conservadurismo que trae el papado de Juan Pablo II, la Iglesia se va apartando de la gente, van abandonando esa misión de buscar el reino de Dios y de trabajar por el reino de Dios y dejan abandonadas a las Comunidades de Base y se convierten en iglesias mucho más conservadoras, con tendencia a trabajar desde el interior del templo.

 

 

-Después de 50 años de la aparición de la Teología de la Liberación, ¿se puede decir que ha muerto?

 

-No, yo creo que no se puede decir que la Teología de la Liberación haya muerto. En esa línea se ha formado mucha gente, que actúa y tiene una visión teológica desde una perspectiva liberadora. Aunque en América Latina ya no hay tan grandes teólogos de la liberación ni con la brillantez de Gustavo Gutiérrez, Ellacuría, Jon Sobrino y muchos otros… sí creo que contamos con otras personas que abordan los problemas actuales desde una perspectiva liberadora.

 

 

-¿Los pobres de América Latina pueden esperar algo de la Iglesia?

 

-Los pobres esperan de la Iglesia, en primer lugar, acompañamiento. Ellos agradecen que la Iglesia sea cercana, esté con ellos, esté al lado de sus luchas, defienda sus derechos con ellos y los considere también mayores de edad. Los pobres tienen pensamiento,  no son niños y, por tanto, también ellos pueden seguir su camino y esperan pastores que los acompañen, no que les digan lo que tienen que hacer como si fueran menores de edad.

 

 

 

-¿Por qué se mata tanto en nombre de Dios?

 

-Porque cada uno nos hacemos una imagen de Dios y utilizamos a Dios. Es totalmente inconsistente e incoherente matar en nombre de Dios, hacer guerras en nombre de Dios. Dios es el padre de todos y Dios es un Dios de la vida, entonces, a mí me parece que son visiones que no responden al Dios de Jesús, ni mucho menos al Dios cristiano ni tampoco al Dios musulmán. Esas identificaciones que se hacen de la Yihad, con la religión musulmana, son erróneas. Dios es un Dios de paz. Lo que pasa es que en la Edad Media los cristianos y los católicos comenzamos a matar a los herejes en nombre de Dios y ahí cometimos un gran daño y eso ha continuado. Gran error.

 

 

-Una radiografía apresurada de la Iglesia católica indica que es piramidal, dirigida por unas pocas personas de edad muy avanzada, mayoritariamente hombres y europea.  ¿Este perfil puede mantenerse por mucho tiempo?

 

-Yo creo que no. Yo diría que en América Latina la Iglesia es más cercana a la gente,  más comunitaria, ofrece un espacio de encuentro que no se da en la Iglesia europea. Pero, evidentemente, la Iglesia católica tiene que hacer cambios. Y creo que Francisco ha comenzado a hacerlos empezando por las formas. Él es una persona mucho más cercana, más respetuosa con la diversidad, mucho menos dogmática, más abierta y pienso que ese es un comienzo que tiene que continuar. Evidentemente, tiene que haber un espacio para las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres, tiene que ser más horizontal, más comunitaria y, por supuesto, que esté más en la calle, al lado de la gente.

 

 

-25 años después de los acuerdos firmados entre el Gobierno y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, ¿la paz ha llegado a El Salvador?

 

-Mi tesis es que no. Se dieron las condiciones para que se pudiera construir una sociedad en paz, pero desgraciadamente no se dieron los pasos suficientes y necesarios para que hoy podamos hablar de una sociedad en paz en El Salvador. En estos momentos, El Salvador sigue siendo una sociedad muy violenta, excluyente. Hay muchas actitudes machistas, sectarias, racistas incluso y elitistas. Se hacen grandes diferencias entre las personas, no hay una vigencia de los derechos humanos para toda la población y, bueno, el hecho de que tengamos hoy más homicidios que muertos durante la guerra civil es una clara señal de que no se puede hablar de paz.

 

 

 

-La Comisión de la Verdad hizo justicia con las víctimas?

-La Comisión de la Verdad lo que hizo fue escuchar a muchas de las víctimas, investigar los casos más significativos en relación con la violación de los derechos humanos durante el conflicto armado. El problema fue que hicieron solo un informe, unas recomendaciones y que los políticos que estaban entonces en la Asamblea Legislativa, 20 días después  de salir el informe, aprobaron una amnistía para la consolidación de la paz lo que, en la práctica, dejó sin efecto el informe de la Comisión de la Verdad. Afortunadamente, el año pasado la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia suspende esa ley por anticonstitucional y la expulsa del ordenamiento legal salvadoreño. Esperamos que ahora se puedan llevar ante los justicia los crímenes que la Comisión de la Verdad decidió que no quedaran impunes.

 

 

-El anuncio reciente de que EEUU concederá la extradición a España del excoronel Inocente Montano, implicado en los asesinatos de los jesuitas de la UCA, ¿qué grado de esperanza le concede al caso?

 

-A mi parecer es muy importante porque en El Salvador no se consiguió la extradición de ninguno de los militares encausados aquí, en la Audiencia Nacional española, por el caso de la UCA. El hecho de que Montano pueda ser extraditado a España permite que haya un juicio en la Audiencia Nacional española y, por tanto, permite que se conozca la verdad de lo que ocurrió y, sobre todo, quiénes fueron los autores intelectuales de los asesinatos y cómo se decidió cometer esa masacre en nuestra Universidad. Conocer estas cuestiones nos permitirá también hacer justicia en otros muchos casos en los que está involucrado el alto mando del ejército y no sabemos si también las autoridades civiles. En varias ocasiones, se ha hablado de que el presidente Alfredo Cristiani tenía conocimiento del hecho, pero fue negado por él. Esperamos saber, pues, algún día si la matanza de los jesuitas fue una decisión del alto mando militar en la que también pudieron participar las autoridades civiles.

 

 

-¿Confía en que los tribunales aclaren el asesinato de los seis jesuitas y las dos empleadas de la UCA?

 

- Tengo esperanza de que, aunque es difícil, al final se conozca la verdad y es absolutamente necesario que así sea. Con la anulación de la Ley de Amnistía y con la posibilidad de la extradición de Montano a España, creo que más pronto que tarde esto va a ocurrir. La inmensa mayoría de la sociedad salvadoreña está de acuerdo en que se lleve ante la justicia a los autores de estos crímenes.

 

 

-¿Qué opina de la denuncia interpuesta ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a través del Instituto de Derechos Humanos, contra el estado de El Salvador por el caso de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por la Policía Nacional Civil?

 

-Es una demostración del poder que tienen los militares y de cómo todavía el poder civil, de alguna manera, está bajo el poder militar. El Estado ha incumplido las recomendaciones planteadas por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, simplemente responde que el gobierno no tiene posibilidad alguna de hacerlo porque el poder judicial es autónomo y no puede entrar en este terreno. Una muestra más del poder que todavía tienen los militares a pesar de que ya están en retirada.

 

 

-La violencia sitúa al Pulgarcito de América como uno de los países más violentos del mundo. ¿Cómo cree que podría atajarse ese estado de cosas?

 

-No hay una solución fácil y eso que la violencia ha alcanzado unos niveles máximos. Las pandillas ejercen un control del territorio rural o de los barrios marginados en las ciudades y eso es así, generalmente, por la ausencia del Estado. Porque el Estado en lugar de actuar buscando maneras de prevenir y de apoyar a la juventud, toma medidas represivas y eso ha generado más violencia y más incorporación de jóvenes a las pandillas. Aunque la salida a ese grave problema es complicada, parece razonable pensar que sin una mayor presencia del Estado, sin una mayor inversión en educación, sin ofrecer oportunidades de empleo y desarrollo a la juventud, eso no tendrá solución. Al igual que, en su momento, se pidió un diálogo con la guerrilla, hay que buscar una manera de dialogar con las pandillas para que, poco a poco, sus componentes se vayan incorporando a la sociedad.

 

 

-Y en esa situación desesperada, la mujer se lleva la peor parte…

 

-La mujer sufre doble violencia. Muchos hogares son monoparentales en El Salvador. Las madres son las que ven morir a sus hijos, las que sufren todo el dolor de sus hijos, pero también las chicas jóvenes son reos de esas pandillas porque si el jefe de la pandilla quiere a una muchacha la consigue por la fuerza, convirtiéndola en su mujer contra su voluntad. Es una realidad que no podemos ignorar. Es necesario afrontar la represión del crimen pero también hay que plantear otras salidas que pasan por buscar oportunidades para estos jóvenes y la única manera de hacerlo es invirtiendo socialmente en los barrios más pobres.

 

 

-¿Se pueden hablar estos temas desde el púlpito?

 

-Se puede y nosotros lo hacemos. Otra cosa es que sean bien aceptados. A nosotros nos acusan muchas veces de defender a los pandilleros, a los criminales en lugar de defender a las víctimas, cosa que no hacemos, desde luego. Estamos siempre al lado de las víctimas y defendemos los derechos humanos de las personas pero pensamos que también hay que defender a estas personas porque a la vez son víctimas de un sistema que los ha excluido, que los ha marginado, que no les ha dado otras oportunidades sino que los ha empujado a esta situación.

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