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Redacción
Martes, 3 de octubre de 2017
Historias inconclusas: el viaje

Quién sabe dónde

Noticia clasificada en: Dancer

Dancer

 

 

 

Los pasajeros ya estaban volando. En el interior del avión las azafatas iban de un lado a otro atendiendo a la gente que, para su comodidad, pedían algo para beber, algún tentempié o revistas para ojear y relajarse. Otros hablaban por teléfono. Y los niños, que jugueteaban entre los asientos. Pero, curiosamente, en el asiento de la última fila un hombre mayor, cubierto con un manto dorado y repleto de joyas esotéricas, respiraba a través de una mascarilla que le proporcionaba oxígeno. La azafata se acercó.

 

– ¿Necesita algo señor?, ¿se encuentra bien?

 

Se apartó la mascarilla y dijo:

 

– No, muchas gracias señorita, que Dios le bendiga.

 

Se volvió a poner la mascarilla y, respirando profundamente, cerró los ojos a la vez que apretaba un botón escondido de la máquina que le ayudaba a respirar. De repente, un gas incoloro empezó a envolver poco a poco a todos los pasajeros, azafatas y pilotos. El gas se iba colando por todos los lados, provocando un sueño profundo. Todos cayeron desplomados y se hizo un silencio aterrador. El avión quedó volando solo a la deriva, flotando en aire.

 

Mientras, el señor de la mascarilla contemplaba la situación, viendo cómo la muerte acechaba a su alrededor.

 

Eso es lo que quería ver, el fin de la vida con sus propios ojos. No le importaba cuántas vidas iban a morir. Solo quería tener los ojos abiertos para ese momento final. Observó por última vez mientras andaba por medio del pasillo, se quitó la mascarilla y en segundos cayó de golpe en un profundo sueño.

No se supo nada del avión, quizás se evaporo entre las nubes o se hundió en las profundidades del mar posándose hermosamente entre las rocas como si del Titanic se tratara.

 

Nadie lo supo. Nadie sabrá lo que hay, o donde vamos después de morir.

 

... tras el descanso, Maylin volvía a subir a la torre de control para el próximo vuelo que aterrizaría en Pekín seis horas después. Afrontaba el día un poco cansada, pero era ya el último de su guardia y solo deseaba que terminase cuanto antes. Al día siguiente por la tarde, como todos los nueve de cada mes, se reuniría con sus amigas en el restaurante de siempre: una cita perfecta para desconectar.

 

Pasadas las once y media de la noche, recibió la comunicación del aeropuerto de Kuala Lumpur afirmando que el Boeing 777-200 estaba listo en la pista y que todos los pasajeros ya estaban embarcando. Pese a que aún quedaban varias horas para que el avión entrase en el espacio aéreo chino, Maylin se preparaba mientras consultaba informaciones sobre el tiempo, y el previsible tránsito de aeronaves durante la noche. Aunque siempre sigue el mismo protocolo de actuación, le gusta imaginar historias acerca de los pasajeros y los aviones: de dónde vienen o qué harán en Pekín. Le ayuda durante la espera.

 

El vuelo MH370 despegó de Kuala Lumpur como estaba previsto, una hora más tarde. Mientras gestionaba otros asuntos, esperaba a que entrase en su zona de control. Pasado un buen rato, recibió un aviso desde Vietnam: el avión no había llegado a contactar con sus controladores. Maylin activó el protocolo de búsqueda, aunque poco se puede hacer cuando la aeronave deja de mandar señales y mucho menos cuando aún no ha entrado en el espacio aéreo chino. Cinco minutos más tarde, volvió a recibir comunicación desde la capital vietnamita que efectivamente le confirmaba que no había rastro del avión. Maylin, nerviosa, trasladó el problema a sus compañeros de la torre y activó el protocolo de emergencia.

 

Con la llegada prevista a las seis y media de la mañana, eran ya más de las tres y seguía sin haber noticias. ¿Un accidente? No se registraba ningún aviso desde Vietnam. ¿Un secuestro? No se había comunicado nada. El vuelo de Malaysia Airlines había dejado de contactar con todas las torres de control previstas durante su trayecto. Sin rastro. Nada.

 

Fue en ese momento pánico cuando Maylin volvió a pensar en las historias de aquellos pasajeros, en sus vidas y en todos aquellos planes que tenían al aterrizar en Pekín. ¿Qué pasará por sus cabezas en este preciso instante?

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