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Redacción
Martes, 3 de octubre de 2017
Historias inconclusas: el viaje

Giro inesperado

Noticia clasificada en: Frosty

Frosty

 

 

 

Eran las 10 de la noche cuando sonó el despertador. Zaharie apagó la incesante alarma sin abrir los ojos, apenas cinco horas de sueño intermitente no parecían suficientes como para poder decir que había descansado. Se incorporó despacio repasando mentalmente los pasos de la noche de trabajo que le aguardaba, como tantas otras a sus bien llevados cincuenta y tres años; mientras saboreaba su desayuno nocturno, un espléndido café con leche junto a tres tostadas integrales untadas con mantequilla, leía las noticias del periódico local de ese 7 de marzo que ya tocaba a su fin. Cuarenta minutos más tarde, ya lucÍa su impoluto traje de comandante, mientras daba pasos firmes hacia la cafetería del aeropuerto de Kuala Lumpur, donde su compañero, el copiloto Fariq Ib Hamid, ya le esperaba con el protocolario café para llevar.

 

– Buenas noches Fariq ¿Qué tal has dormido? ¿Listo para volar a Pekín?

– Buenas noches comandante, he descansado tanto que podría hacer la ida y vuelta seguidas, aquí tiene su café con leche.

– ¡Cuanta energía muchacho! Pero hoy solo haremos una ida, ¿va todo en orden para el despegue?

– Todo va sobre ruedas, si no hay ninguna novedad podremos despegar como estaba previsto, con diez minutos de retraso, lo normal.

– Perfecto, informes meteorológicos ¿Te los han pasado?

– Aquí los tiene, una pequeña borrasca al noroeste del Mar de China, nada que nos de dolor de cabeza.

 

Todo transcurría como era de esperar. Los pasajeros estaban terminando de embarcar en el Boeing 777-200, la tripulación ejercía su organización sin ningún problema más que el descuido normal de pasajeros que se equivocaban de asiento y otros que por alguna razón buscaban cambiar el que se les había asignado.

 

A las 00:30 del 8 de marzo del 2014, se autorizaba al vuelo MH370 a tomar pista de despegue, catorce minutos más tarde, despegaba del aeropuerto de Kuala Lumpur sin novedad.

 

– Fariq, ascendemos a altitud de vuelo.

– Todo en orden.

– ¿Qué dice el informe de la borrasca?

– Sigue rumbo este, tocará Japón por la mañana.

 

A la 1:15 el avión se estabilizó en altura de vuelo, la señal de abrocharse el cinturón se apagó pasados unos segundos, todo transcurría con total normalidad, algunos pasajeros se levantaban para ir al servicio, otros empezaban a ojear la carta de vuelo, pero la gran mayoría aprovechaba el trayecto para dormir.

 

– Buenas noches Malaysia Tres Siete Cero.

– Comandante ¿Qué delicioso plato desea degustar esta noche?

– ¿Delicioso? Pídeme una ensalada César y un helado de vainilla, que no estoy hoy para mucho más, estoy un poco cansado de estos menús.

– Pues yo tengo un hambre de elefante, así que no se sienta mal si repito más de una vez.

– Tranquilo muchacho eres joven, y si te sirve de consuelo yo hacía lo mismo cuando tenía tu edad, aunque mi gusto era más fino que el tuyo por comer hamburguesas aplastadas.

– Ya, ya, eso habría que verlo; salgo de cabina, ¿vaso de té caliente para beber?

– ¡Vaya! Ya me conoces mejor que mi exmujer.

– Y eso que solo me invita a comer los menús de vuelo, que encima son gratis.

– Lo dicho igual que mi exmujer.

 

La puerta de la cabina se cerró y Zaharie pulsó el botón de cierre interior. Terminó de calibrar el piloto automático y dando un suspiro por el trabajo bien hecho se desabrochó el cinturón reclinándose hacia atrás mientras se estiraba.

 

La noche negra y estrellada se abría delante suyo, una imagen realmente acogedora, pero a la que ya se había acostumbrado después de tantos y tantos vuelos; una profunda respiración de tranquilidad le invitó a cerrar un par de minutos los ojos, por alguna razón, comenzó a rememorar la primera vez que sintió el vértigo de tener un avión en sus manos, aquel viejo Cessna de ala alta que le enamoró con el cálido ronroneo que desprendía su única hélice delantera, entre esos recuerdos, una fuerte luz le atravesó los párpados – ¿Qué pasa?,- se preguntó asustado.

 

Al abrir los ojos vio como todas las luces de cabina no paraban de parpadear, el avión se había desconectado del piloto automático y Zaharie por puro instinto, tomó fuerte los mandos de la nave. El exterior de la cabina brillaba como si el avión estuviese rodeado por una especie de fuego electrificado, todo el aparato digital parecía que se quería encender pero se apagaba en menos de un segundo. Los motores no parecían que se hubiesen apagado, entre toda la confusión se escucha desde el otro lado de la puerta de cabina los golpes de Fariq.

 

– ¡Comandante abra la puerta!

 

Zaharie, rápidamente, pulsa el botón de apertura, pero este no responde.

 

– ¡No puedo! ¡El control digital no responde!- gritó, mientras calculaba todas las posibilidades que tenía para controlar, de alguna manera, la situación. Decidió soltar los mandos para abrir manualmente la puerta, pero tal como apareció ese fuego endemoniado, desapareció y con el volvió a restablecerse todo el cuadro eléctrico en cabina, sin haber llegado a levantarse del asiento pulsó el botón de apertura de cabina.

 

– ¿Qué ha pasado? He notado como se desconectaba el automático y todas las luces empezaron a parpadear.

– No… no estoy muy seguro, de repente la cabina se envolvió en una especie de fuego, el piloto automático se desconectó y todo el cuadro empezó a parpadear, creo que nos ha envuelto la electricidad estática de la atmosfera.

– ¿Fuego de San Telmo?

– Así le llaman, hagamos revisión de daños.

– Motores, correcto, flops correcto, tren de aterrizaje, correcto. todo el sistema hidráulico parece funcionar sin problemas.

– Contacta con torre y da informe de la situación.

– Torre de control Subang, aquí Malaysia tres siete cero…

(Silencio) no contesta.

– Vuelve a intentarlo.

– Torre de control Subang, aquí Malaysia tres siete cero contesta por favor…(nada), creo que se han jodido los sistemas de comunicación y… comandante tenemos otro problema ¿Por qué ha cambiado de rumbo?

– ¿Cómo que he cambiado de rumbo?

– Sí, nos dirigimos rumbo sur-oeste.

– Es imposible, no perdí el control del avión ni dos segundos y lo he mantenido en rumbo todo el rato.

 

En medio de la conversación, entra en cabina la jefa de tripulación.

 

– ¿Qué ocurre? Dos pasajeros dicen que han visto como las alas del avión parecían estar ardiendo.

– No estamos seguros, estamos revisando daños.

– Los pasajeros están nerviosos, yo misma he mirado por la ventanilla de cola para ver si era cierto lo del fuego, pero no he visto nada.

– Dígale a la tripulación que guarde la calma y no se preocupe que tenemos todo bajo control, yo mismo daré un mensaje a los pasajeros para tranquilizarlos.

– Muy bien comandante, si necesitan algo, estaré ahí atrás.

 

La jefa de tripulación se dio media vuelta con una increíble calma y cerró la puerta en silencio al salir.

 

– Fariq, ponme en línea con el pasaje.

– En línea, no parece que se haya estropeado.

– Buenas noches, les habla el comandante Zaharie Ahmad Shah, les informo que hemos un percance eléctrico sin importancia, que ya hemos resuelto, el vuelo continuará su destino a Pekín como estaba previsto, en nombre de la tripulación el copiloto y mi propia persona, les pedimos disculpas por las molestias y les deseamos que tengan un feliz vuelo. Buenas noches.

– ¿Sin importancia y bajo control?

– Lo último que debemos hacer es preocupar al pasaje, ese es nuestro trabajo, ya has aprendido algo nuevo.

– Eso es lo que dice el manual, pero esta situación, no entiendo nada…

– Lo importante ahora es corregir rumbo, no me creo que en dos segundos me haya desviado tanto.

– Eso es lo que marca el cuadro de navegación.

– Muy bien, cambiamos rumbo noreste.

– Virando a derecha rumbo noreste.

– Espera hacia derecha no, que gastaremos más combustible, recuerda la rotación de la tierra.

– Cierto, cambiando rumbo noreste, virando a izquierda.

– Manteniendo este viraje, volveremos a estar en rumbo en menos de una hora. Tendremos que pilotar a este gordinflón con nuestras propias manos.

– Buenos… parece que no tendré mucho tiempo para repetir hamburguesas.

– Tu hambriento estomago no se cierra ni, aunque estés cerca de la muerte ¿no?

– ¡Si hay que morir que no sea de hambre! Era lo que me decía mi abuela cuando era niño, creo que nunca lo llegué a entender del todo.

 

... tras el descanso, Maylin volvía a subir a la torre de control para el próximo vuelo que aterrizaría en Pekín seis horas después. Afrontaba el día un poco cansada, pero era ya el último de su guardia y solo deseaba que terminase cuanto antes. Al día siguiente por la tarde, como todos los nueve de cada mes, se reuniría con sus amigas en el restaurante de siempre: una cita perfecta para desconectar.

 

Pasadas las once y media de la noche, recibió la comunicación del aeropuerto de Kuala Lumpur afirmando que el Boeing 777-200 estaba listo en la pista y que todos los pasajeros ya estaban embarcando. Pese a que aún quedaban varias horas para que el avión entrase en el espacio aéreo chino, Maylin se preparaba mientras consultaba informaciones sobre el tiempo, y el previsible tránsito de aeronaves durante la noche. Aunque siempre sigue el mismo protocolo de actuación, le gusta imaginar historias acerca de los pasajeros y los aviones: de dónde vienen o qué harán en Pekín. Le ayuda durante la espera.

 

El vuelo MH370 despegó de Kuala Lumpur como estaba previsto, una hora más tarde. Mientras gestionaba otros asuntos, esperaba a que entrase en su zona de control. Pasado un buen rato, recibió un aviso desde Vietnam: el avión no había llegado a contactar con sus controladores. Maylin activó el protocolo de búsqueda, aunque poco se puede hacer cuando la aeronave deja de mandar señales y mucho menos cuando aún no ha entrado en el espacio aéreo chino. Cinco minutos más tarde, volvió a recibir comunicación desde la capital vietnamita que efectivamente le confirmaba que no había rastro del avión. Maylin, nerviosa, trasladó el problema a sus compañeros de la torre y activó el protocolo de emergencia.

 

Con la llegada prevista a las seis y media de la mañana, eran ya más de las tres y seguía sin haber noticias. ¿Un accidente? No se registraba ningún aviso desde Vietnam. ¿Un secuestro? No se había comunicado nada. El vuelo de Malaysia Airlines había dejado de contactar con todas las torres de control previstas durante su trayecto. Sin rastro. Nada.

 

Fue en ese momento pánico cuando Maylin volvió a pensar en las historias de aquellos pasajeros, en sus vidas y en todos aquellos planes que tenían al aterrizar en Pekín. ¿Qué pasará por sus cabezas en este preciso instante?

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