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Redacción
Martes, 3 de octubre de 2017
Historias inconclusas: el viaje

Coca-Cola y whiskey

Noticia clasificada en: El Gallén

El Gallén

 

 

 

Xiam es un empresario de 46 años, exitoso y con una vida próspera. Tiene su esposa Kim y su hijo Tau, y Tau quiere ir de safari a Australia y le ha insistido a su padre tanto que ya se imagina durmiendo en el desierto australiano y viendo saltar a los canguros. Cumple años el 25 de febrero y Xiam ha decidido darle de regalo ese viaje juntos porque a su esposa le daba pánico viajar en avión, cuando se casaron viajaron por tierra hasta la costa para evitar volar.

 

Xiam fue a la agencia de viajes a que le acomodaran un buen paquete de viaje, falta un mes para el 25 de febrero y Xiam espera que todo salga bien. Tau cree que su padre le va a regalar un jersey como el año anterior cuando cumplió 16 y piensa que su padre es un tacaño cicatero. Llega el día del cumpleaños de Tau y Xiam le dice a su esposa que no le diga nada sobre el viaje y que le haga pensar que se han olvidado de su cumpleaños.

 

Tau llegó a casa después de salir con sus amigos y pasar un buen rato y su papá le dice que por qué está tan feliz. Él le respondió:

 – Es mi cumpleaños y acabo de dar una vuelta con mis amigos ya sabes viejo, lo normal.

– Oh hijo, es cierto, hoy es 28 de febrero. Lo había olvidado con el trabajo, feliz cumpleaños ven acá dame un abrazo.

– Gracias papá

– Ahora hablemos de tu regalo, estoy inspirado. ¿Qué quieres?

– Tú ya lo sabes llevo todo el año diciéndotelo

– Vamos hijo, dímelo, que no tengo tan buena memoria

– Bueno papá, quiero ir de safari a Australia

– ¿Ya tienes la maleta hecha?

 

Tau se quedó perplejo y con la boca abierta durante unos segundos hasta que salta y le abraza. Xiam le muestra el cronograma del viaje y le dice que salen al día siguiente y regresan el 8 de marzo. Tau se fue corriendo a su habitación y su mamá entra corriendo detrás de él a decirle que no se olvide de llevar ropa interior limpia. Luego le dice que no se olvide del cepillo de dientes, la cámara, el bañador, calcetines y un montón de cosas.

 

Al día siguiente después de un ritual de despedidas como si se fueran a la luna, Siam y Tau ya se sentaron en sus asientos de primera clase rumbo a Australia. 

 

– De ida hacemos escala en Singapur y de venida en Kuala Lumpur– , comentó a Tau mientras él juega al Call of Duty en su PSP. La gente viene y va en sus asientos, Tau está inmerso en el videojuego y apenas asiente con la cabeza. Siam se pone a leer un libro digital que tiene en su tablet: “Renueva tu empresa”.

 

La azafata pasa repartiendo toallitas para la cara y bebidas. Xiam se toma un whiskey y Tau una Coca-Cola. Después de leer y leer y jugar y jugar se quedan dormidos. Cuando despiertan, ya están casi por aterrizar y las azafatas corren a ofrecerles algo de tomar o de beber. Tau pide un bocadillo y Xiam pide otro whiskey.

 

Después de seis horas aterrizan en Singapur pasan los controles de aduana y migración los primeros después van a Starbucks a tomarse un café y comer algo luego se dirigen al siguiente vuelo Singapur-Sidney. Pasan los días y Tau comienza a subir fotos con canguros y delfines en lugares estrambóticos de los que en su país quedan pocos, cortesía de la inconsciencia humana y la proporcionalidad progreso-naturaleza destruida. No es raro que Tau soñara con la naturaleza cuando en el entorno en el que vive brilla por su ausencia. 

 

Llegado el 7 de marzo por la noche Tau ha inundado sus redes sociales con cientos de fotos de su viaje, desde su despegue hasta ese momento crudo de retorno a la realidad en el que quisiera quedarse siendo parte de eso tan maravilloso que ha visto y vivido durante esos días con su padre. Xiam le mete prisa a Tau para salir en el taxi hacia el aeropuerto. Una vez llegan pasan migración compran recuerdos en el Duty Free y se van a comer algo mientras llega la hora del abordaje. Xiam y Tau pasan rápido y las azafatas les ubican y rápidamente están en sus asientos bebiendo whiskey y tomando Coca-Cola, leyendo y jugando a la play. Sonó la megafonía.

 

– Damas y caballeros, les habla el capitán Zahari Ahmad Shah. Estamos a punto de despegar, abróchense sus cinturones y pongan el asiento en posición vertical.

 

Despegaron a las 00:42 y Xiam y Tau se durmieron después de que el capitán anunciara los detalles del viaje. A la 1:20, se despertaron por un giro brusco que dio el avión y muchos pasajeros dieron un grito del susto que causó ese inicio de la pesadilla. Xiam llamo a una azafata que estaba recogiendo unas copas y le preguntó que, si pasaba algo, esta le respondió que no que todo iba bien.

 

A las dos de la mañana se escuchó un grito en la cabina. Todos los pasajeros supieron que algo iba mal, y una azafata se asomó a la cabina de mando y por una ventanita de vidrio de seguridad vio que el copiloto estaba amarrado y con la boca tapada.

 

El capitán había tomado el vuelo en secuestro y había anulado la comunicación del avión desde la cabina y estaba dirigiendo el vuelo a la deriva. La azafata empezó a gritarle al capitán que por qué hacía eso  e inmediatamente todos los pasajeros de primera clase se agruparon en la puerta de la cabina para gritar. Se empujaban para tratar de ver por la ventanita, algunos se quedaban atónitos y sin palabras, otros empezaban a llorar, otros despotricaban en inglés y Tau y Xiam fueron a buscar algo para tratar de abrir la puerta.

 

Desafortunadamente nada que pudiera ser útil.

 

Después de tres horas el llanto de 237 personas y las oraciones era insoportable el bullicio y el pánico se volvía agobiante. El capitán Zahari seguía sentado como ido sin siquiera moverse. Mientras, Xiam y Tau grabaron un video para despedirse de Kim. Tau le dijo:

– Mamá, no sé verás este vídeo, pero solo quiero decirte que te quiero y que ahora entiendo por qué no te gusta volar.

 

Xiam le dijo que la amaba. Luego de tres intentos, decidieron que ese era el mejor, pues ninguno de los dos encontraba las palabras adecuadas para despedir a la mujer que le dio la vida y la mujer de su vida. El ambiente en el avión era bullicioso llanto y gritos por todos lados, unos lloraban, otros oraban. En el baño se oían ruidos y gemidos, al parecer a alguien le parecía buena idea morir haciendo lo que tanto le gustaba. 

 

Una azafata decidió repartir el whiskey que tenían: 22 botellas de Johnny Walker. Después de cinco horas, unos bebían otros seguían orando y esperando un milagro los que estaban en el baño ya habían salido y la gente se miraban unos a otros.

Después de pensar mucho, Xiam decidió decirle a su hijo que era el mejor viaje que había hecho en su vida y no pudo evitar llorar con su hijo abrazado. Tras escuchar a su padre se secó los ojos y le dijo que para nada era tacaño y que hubiera sido mejor un jersey.

 

... tras el descanso, Maylin volvía a subir a la torre de control para el próximo vuelo que aterrizaría en Pekín seis horas después. Afrontaba el día un poco cansada, pero era ya el último de su guardia y solo deseaba que terminase cuanto antes. Al día siguiente por la tarde, como todos los nueve de cada mes, se reuniría con sus amigas en el restaurante de siempre: una cita perfecta para desconectar.

 

Pasadas las once y media de la noche, recibió la comunicación del aeropuerto de Kuala Lumpur afirmando que el Boeing 777-200 estaba listo en la pista y que todos los pasajeros ya estaban embarcando. Pese a que aún quedaban varias horas para que el avión entrase en el espacio aéreo chino, Maylin se preparaba mientras consultaba informaciones sobre el tiempo, y el previsible tránsito de aeronaves durante la noche. Aunque siempre sigue el mismo protocolo de actuación, le gusta imaginar historias acerca de los pasajeros y los aviones: de dónde vienen o qué harán en Pekín. Le ayuda durante la espera.

 

El vuelo MH370 despegó de Kuala Lumpur como estaba previsto, una hora más tarde. Mientras gestionaba otros asuntos, esperaba a que entrase en su zona de control. Pasado un buen rato, recibió un aviso desde Vietnam: el avión no había llegado a contactar con sus controladores. Maylin activó el protocolo de búsqueda, aunque poco se puede hacer cuando la aeronave deja de mandar señales y mucho menos cuando aún no ha entrado en el espacio aéreo chino. Cinco minutos más tarde, volvió a recibir comunicación desde la capital vietnamita que efectivamente le confirmaba que no había rastro del avión. Maylin, nerviosa, trasladó el problema a sus compañeros de la torre y activó el protocolo de emergencia.

 

Con la llegada prevista a las seis y media de la mañana, eran ya más de las tres y seguía sin haber noticias. ¿Un accidente? No se registraba ningún aviso desde Vietnam. ¿Un secuestro? No se había comunicado nada. El vuelo de Malaysia Airlines había dejado de contactar con todas las torres de control previstas durante su trayecto. Sin rastro. Nada.

 

Fue en ese momento pánico cuando Maylin volvió a pensar en las historias de aquellos pasajeros, en sus vidas y en todos aquellos planes que tenían al aterrizar en Pekín. ¿Qué pasará por sus cabezas en este preciso instante?

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