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Redacción
Lunes, 9 de octubre de 2017
Relatos micropresos

Gato y niña

Dancer

Mala suerte

Pobre niño desgraciado que siempre se cruzaba con ese gato negro. Ingenuo lo miraba; el gato lo observaba. Ahora sus padres lloran su muerte. "Se busca gato negro desaparecido".

 

 

Anyelino

El perro tuerto

Estaba encantado con Eskay, su regalo de cumpleaños. Ronroneaba, se volvía loco con el ovillo de lana. Sultán lo miraba con recelo, gruñía cuando se acercaba. Cuando llegó del colegio, sorprendida observó cómo Sultán lamía el rabo de Eskay mientras Eskay jugaba con el ojo de Sultán.

 

Menú del día

Atemorizada llama a su gatito. Él no hace caso. Está centrado acechando a su próxima víctima. De repente, desiste: el avestruz no entra en el menú del día.

 

 

Miguel

El escondite

La niña tenía un gato que se llamaba Toby. Era dulce y juguetón. Los dos jugaban al escondite. El gatito era muy bueno en esto de esconderse. Él tenía una corbata blanca y ella era muy vanidosa. Un día contó hasta diez, pero después de buscar y buscar, la niña no encontraba a Toby.

- ¿Dónde estás?- preguntaba. Pero el gato no la oía; se había hecho mayor.

 

 

David

Mis dos gatos

Jugando como un niño aún recuerdo a mis dos gatos, Mu y Paquito. Uno con su pelaje blanco y negro, como una vaquita lactante. Otro, negro, con una mancha de rubia sobre el ojo arqueándose como una ceja, Paquito. Juegan, se pelean, se acurrucan y ronronean.

 

La pelotita

Junto al gato, el niño juega con una pelotita, rueda que rueda. El gato la va persiguiendo, el niño ríe, trampas le está haciendo. El gato se ofusca, saca sus uñas. Eso al niño no le abruma pero, ¡zas! la mano está sangrando. El niño ahora llora mientras el gato juega con la pelotita, rueda que rueda.

 

 

Zero

Beep, beep

Entré en la consulta de mi psiquiatra y me dijo

- Buenos días, Pepe. Yúmbese en el diván y dígame

- No sé qué me pasa últimamente, pero sueño mucho

- Y los sueños, ¿son muy reales?

- Sí, muchísimo

Beeep, beeep, beeep, beeep

De repente, me desperté.

 

 

Mario

Maya y su gato

Maya es la hija menor de una familia joven que son vecinos de mi madre en Caramavi, Bolivia. Cada tarde daba de comer a Oto, un hermoso gato blanco y grande que permanecía en el balcón, como contemplando hacia el infinito. Entre el gato y la niña había un entendimiento admirable a los ojos de los habitantes del pueblo.

 

 

Emilio

Puntos de vista

A la niña se le cruzó un gato negro en su camino. “Señal de mala suerte”, dicen los superticiosos. Pero la niña estaba tranquila, porque le avisaba del peligro

 

Toda una vida

La niña se enamoró del gato persa de su abuelo y terminó junto a él toda la vida.

 

La búsqueda

El gato de Agustín se escapó en busca de una niña y terminó perdiéndose

 

Frosty

Instinto

- ¿Por qué maúllas?

- Supongo que es para que me escuchen los míos

- Pero aquí solo estamos tú y yo, ¿o no lo ves?

- Será mi instinto, no lo puedo evitar

- Entonces seguiré acariciando tu colita...

- ¡¡Miau!!

 

Conservador

De pequeña siempre quiso tener un gato, pero su madre se oponía enérgicamente cada vez que intentaba convencerla. Ella no entendía por qué y pasó el tiempo. Hoy, su hija aparece con un gato pequeñito y le pide por favor quedárselo. Ella, por algún motivo, se lo prohíbe casi hasta el enfado. La niña se queda llorando mientras se llevan al gato. Igual que la manera de romper con costumbres que tanto nos cuesta entender.

 

 

El Gallén

El Gato con Botas

La niña estaba en el cole deseando que acabaran las últimas horas de clase para ir con su madre a casa y ver los dibujos de El gato con botas.

 

La cama

... El gato echaba de menos dormir con la niña de aquella familia que adoptó ese gato tan gracioso.

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