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Redacción
Martes, 31 de octubre de 2017
Historias de mi historia

Hacia Plassey Mills

Noticia clasificada en: Alberto García Historias de mi historia

Alberto García

 

 

Aquella noche di un buen portazo a la puerta. Sí, salí de casa muy cabreado; el porqué se debía a que en la habitación de al lado estaba mi colega y compañero de vivienda, el señor Osama, pasándoselo de miedo con una señorita, y lo peor, armando un gran escándalo. Así que me propuse dar un largo paseo por detrás de la Universidad, junto al río Shannon, y de algún modo, encontrar la serenidad que necesitaba en aquel momento.

 

El camino estaba oscuro, pues aunque la Luna brillara en lo más alto de manera sublime, la arboleda del bosquecillo donde me encontraba era cerrada. Los murciélagos revoloteaban en torno a mí, pero tan sólo aquella era una causa que desequilibrara la total quietud del momento. Recuerdo que arrojé un guijarro al gran cisne blanco que allí dormía, habiéndolo confundido con una roca redondita, perturbando su manso sueño. Lo siguiente con lo que me topé, en mi improvisada excursión, fue una marisma llena de aves mansas que pasaban por allí y hacían un alto en su largo camino hacia latitudes más calidas, (flamencos, garzas, grullas y toda suerte de variedades).

 

Sin dejar de salir de mis asombrosas visiones de todo lo que puede acontecer en torno a un río, acabé introduciéndome algo más en lo profundo del bosque, donde los duendes del lugar me llevaron de bruces hasta el foso de lo que parecía haber sido un castillo en otro tiempo. Allí toqué mi viejo violín ruso e invoqué con su música a los fantasmas de la ruinosa fortaleza.

 

Sólo tuve que acceder a subir al torreón para soñar despierto con aquella princesa a la que su padre, el gran señor feudal, negaba los amores del trovador, que cabizbajo, remontaba el camino de vuelta hacia algún otro lugar que no era el de su amada.

 

Como ven, todo el mundo puede pasárselo bien en un mundo feliz y una tierra para el disfrute de los hombres y mujeres de espíritu libre como es mi siempre amada Eire.

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