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Redacción
Martes, 7 de noviembre de 2017
Corazonadas de la India

Colorida India

Noticia clasificada en: Corazonadas de la India Marina Escudero

Marina Escudero

 

 

 

India es un país que, como casi todas las cosas en este mundo, se vende. Se venden sus colores, sus canciones, su exotismo, sus ruinas, sus paisajes, su misticismo, sus monumentos, su cultura, su espiritualidad... Desde luego, todo lo que se oferta existe, pero la realidad es bastante diferente a lo que enseñan los folletos turísticos.

 

Una buena definición de India es el país de los colores. Sí, cada día se ven colores y son llamativos. Se ven los colores en los saris con los que visten mujeres que no tienen libertad ni para sonreír a un desconocido. Se ven los colores en el turbante del pequeño que espera a que alguien le ofrezca los restos de su almuerzo. Se ven los colores en los rostros prematuramente envejecidos de niños que buscan en la basura su menú del día. Se ven los colores en los gestos de preocupación que expresa una madre el primer día de colegio de su hijo.

 

Se ven los colores en los ojos de los jóvenes que invitan a cualquiera que camine cerca de un slam a tomar un té en sus chabolas. Se ven los colores en las sonrisas de los niños que ofrecen agua fría por las calles a cualquier hora del día o de la noche. Se ven los colores en las fotografías con las que los conductores de autorickshaw decoran el espacio de trabajo en el que pasan unas 16 horas al día. Se ven los colores en las mejillas sonrojadas de los curiosos que piden una foto a los turistas blancos. Se ven los colores en las uñas ennegrecidas del hombre que por 1,20 euros al mes se encarga de recoger las basuras por las casas.

 

Se ven los colores en los ropajes viejos con los que visten las niñas que venden rosas en los semáforos para alimentar a sus bebés. Se ven los colores en los espectaculares trajes que lucen las novias de rostro entristecido. Se ve el color del sol, el más ardiente que jamás haya sentido una piel europea. Se ven los colores en las gotas de sudor que corren por la cara del hombre que arrastra más de 100 kilos en su bicicleta. Se ven, hasta donde la contaminación lo permite, paisajes en los que los coches de lujo circulan por carreteras llenas de mendigos, sin despeinarse.

 

Se ven contrastes y se ven los colores. Sí, muchos colores, pero no todos son brillantes.

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