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Redacción
Viernes, 10 de noviembre de 2017
Historias de mi historia

Milford Grange

Noticia clasificada en: Alberto García Historias de mi historia

Los granjeros irlandeses parecen conocer bien a los duendes de su entorno, lo que no podrían nunca haber intuido es que iban a ser víctimas de las tramas de un duendecillo español.

Alberto García

 

 

 

Milford Grange no es un lugar como otro cualquiera, de hecho, cuando yo llegué allí supe enseguida que aquel no era un barrio ni mucho menos típico. Con sus calles deshabitadas y entramadas de salvaje y agreste naturaleza, sus cuervos a bandadas en la puerta del supermercado, y sus marcados tintes irlandeses (chiquillos jugando al hurling, paddies cerrados de mente en cada esquina, el dolmen que indica la entrada al barrio, etc.) me recordaban a aquella fantástica canción de U2 que se llama “Donde las Calles No Tienen Nombre” (Where the streets have no name).

 

En todo caso, acababa de llegar allí y tampoco me habría empeñado nunca en haber armado el jaleo tremendísimo que llegué a montar.

 

Los incidentes comenzaron cuando empecé a perder la cabeza por culpa de las pócimas y los extractos, consecuencia de lo cual abandoné mi trabajo, causa de que no pudiera pagar un alquiler, y seguido, todo seguido, pasé a ser un sin techo primero, un okupa después, y un proscrito, en lo último.

 

Allí estaba yo, en mi nueva circunstancia, a 20000 millas de mi país de origen (donde estaban mi papá y mi mamá), tramando las de Dios es Cristo, tan valiente yo, rompiendo los cerrojos de puertas y ventanas de casas ajenas, para pernoctar allí.

 

Una tarde, la guardia fue avisada de que un sospechoso, que era yo, andaba merodeando por el barrio. Tuve entonces que refugiarme en la casa de un viejo conocido para salvar el cuello. Aquella noche, alrededor de las seis de la mañana escapé con ligero equipaje a buscarme la vida a Dublín. Allí, en la gran ciudad, aprendí dos o tres lecciones más de supervivencia y finalmente todo terminó para mí cuando regresé a España.

 

Fin de una pesadilla y comienzo de otra…

 

¿Quieren de verdad saberlo?

 

Aquella realidad, fue el mejor y el peor de los sueños que yo necesitaba vivir; y es que la falta de aventuras puede matar a un duende. Así que aquí me encuentro…nostálgico y felizmente triste, eso sí, durmiendo en mi cama.

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