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Redacción
Jueves, 16 de noviembre de 2017

Los creadores de la lluvia

Noticia clasificada en: José Ramón Sánchez

José Ramón Sánchez

 

 

 

En un palacio, en el reino de Zubanca, vivía el rey Petronoski I con su hermosa reina, Callista, y sus dos preciosas niñas: Jacinta y Alicia. Además, trabajaban en sus huertos tres jóvenes agricultores llamados Carlo, Jusepe y Jalisco.

 

Hacía un año que no llovía en la zona y, los agricultores hartos del problema que suponía la sequía para sus cosechas querían ir a hablar con la corte sobre este problema antes de que se les hiciese demasiado tarde.

 

En palacio, había una habitación misteriosa a la que el rey había prohibido expresamente su entrada, sobre todo a sus niñas que eran un poco traviesas. Sin embargo, en ocasiones a muchos niños les gusta lo prohibido, y ese era el caso de Jacinta y Alicia. Existía un libro mágico que las niñas habían leído, en el cual se podía contemplar lo que acontecía en esa habitación misteriosa: un armario cuya parte de atrás te llevaba a un mundo de fantasía donde todo era posible, el país “Siempre Soluciones", al que se podía entrar con un solo conjuro.

 

Carlo, Jusepe y Jalisco se llevaban de maravilla con las pequeñas infantas y estas, al saber que los agricultores querían pedir audiencia con su padre, se adelantaron y hablaron con ellos. Cierto día, mientras les acompañaban en el campo, les contaron lo del misterioso armario y que ellas les podían ayudar.

 

Estos labradores, sabiendo la expresa negativa del rey, no querían hacerlo.

—Ya sabéis niñas que vuestro papá, el rey, no quiere nadie entre en ese cuarto porque dice que hay que tener cuidado con lo que no se conoce y además, tiene castigo entrar ahí —comentó Carlo.

—¿Y si conseguimos el agua necesaria para salvar la cosecha? —preguntó Jacinta —en vez de castigarnos, papá nos premiará.

—No sabemos los peligros que vamos a encontrar, pero todo sea por nuestras tierras y nuestros vecinos —contestó Jusepe dubitativo. 

 

De este modo y haciendo caso omiso a las órdenes del monarca, los tres jóvenes y las pequeñas infantas se embarcaron en la aventura de ir a buscar la salvación de las hortalizas. Eran conscientes de los riesgos que podían correr: el castigo en caso de volver sin soluciones y la incertidumbre de lo que allí se podían encontrar, pero no les importaba, querían a ayudar a sus amigos y a sus vecinos.

 

Una vez pasaron por el desván del piso de arriba, entraron a la habitación que estaba al final de un largo pasillo. En ese instante, se oyó una fuerte voz que decía:

—¡Quien osa entrar y perturbar la paz de este habitáculo!—

—Somos las hijas del monarca y los agricultores que trabajan para nuestros padres. Queremos ir a “Siempre Soluciones porque no llueve y nuestros terrenos están a punto de desaparecer —contestaron las pequeñas.

—Noble misión la vuestra —contestó la voz, —si conseguís vuestro objetivo, el castigo de vuestro padre será menos severo. Tomad el conjuro y el plano y marchad.

 

Una vez entraron en el armario, comenzaron a entonar el conjuro: "¡oh duendes de la bondad y las posibilidades, necesitamos de vuestra buena voluntad para pasar a vuestro país!".

—Y, ¿por qué osáis perturbar nuestro descanso y queréis entrar en nuestra nación? —contestaron ellos.

—Nuestro reino se está quedando sin agua, no llueve desde hace un año y necesitamos el apreciado liquido —replicaron Jacinta y Alicia.

—¿Prometéis ser buenos? —les preguntaron los duendes, a lo que ellos respondieron que sí —Entonces, pasad. 

 

Nada más cruzar, se frotaron los ojos con sorpresa. De repente, se encontraban en un lugar lleno de fantasía, cielos azules y verdes praderas. Observando a su alrededor, vieron lo que parecía un sitio feliz donde todo el mundo se ayudaba. Nuestros queridos aventureros sacaron el plano que les había dado la voz de la habitación. En ese plano estaba escrito: "allí por donde las ardillas saltan y juegan, ese es el camino hacia vuestro objetivo". Ellos siguieron las indicaciones y comenzaron a andar hacia su objetivo.                                    

 

Caminaron durante buen trecho, cuando apareció una ardilla que tiraba de un carruaje y les pidió que les acompañase puesto que ella iba a ser quien les ayudase en su misión. En un momento y casi sin darse cuenta, se elevaron tan alto que comenzaron a surcar los cielos. Cuando la carroza se detuvo, contemplaron un lugar lleno de nubes, oscuro y ruidoso por los tremendos truenos que rompían a cada minuto. Una vez aterrizaron de nuevo, fueron a hablar con el mago y le explicaron lo que sucedía en el otro lado del armario. Este hombre les dijo que no se preocuparan, que siempre estaba dispuesto a ayudar a sus vecinos del otro lado del armario, y más si era el monarca puesto que le tenía una gran estima. Les montó en una nube y se llegaron hasta palacio. Allí, la familia de las pequeñas les vieron aparecer junto a Carlo, Jusepe y Jalisco. El mago ya había desaparecido. A lo que el mago les contestó –no os preocupéis yo llevaré el agua a vuestra zona y montándoles en una nube que les llevó hasta palacio, observaron como llovía, lo habían solucionado.

 

El monarca observaba como llovía con lágrimas de felicidad en los ojos, su mayor problema se había desvanecido con el agua. Aun molesto por la desobediencia de sus pequeñas, supo perdonarles por la iniciativa y sus ganas de verle feliz. Días después, celebró una fiesta con ellos, condecoró a los jóvenes agricultores y levantó la prohibición de no entrar en la habitación, dejando así de ser misteriosa.

 

Desde ese día, y año tras año, hay un día de jornada de puertas abiertas para visitar "Siempre Soluciones" y atravesar el armario para disfrutar de ese mundo tan hermoso y bonito.

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