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Redacción
Lunes, 20 de noviembre de 2017
Historias de mi historia

Viernes lisérgico

Noticia clasificada en: Alberto García

Eran días locos de ciertos años locos, y la vida todavía no había presentado la factura de tan tremendos excesos. Lo que sucedió aquel fatídico viernes es que me tomé dos ácidos antes de terminar mi jornada de trabajo, concretamente durante el "break" de las nueve, con lo que el show que después aconteció en la cocina del hotel donde prestaba mis servicios tenía su aparente explicación.

Alberto García

 

 

 

 

Eran casi las nueve. Lo tenía todo programado: alguien vendría a la puerta de atrás del hotel a darme los dos ácidos que previamente ya había pagado. Me tomé el primero, pero…¡¿cómo?!, aquello no parecía producirme ningún tipo de efecto (yo no conocía tales resultados alucinatorios pues era la primera vez que los tomaba) Así que, como eso no subía, me fumé un porro.

 

Las nueve y media. Mi break se había acabado ya. Lo que ahora empezaba era la fase de desfase o subidón del ácido de marras. Puse algo de buena música, la banda sonora de Pulp Fiction creo recordar, y el tremendísimo show del mentecato que era yo en aquel momento se precipitó sobre la atmósfera amable de la cocina. Yo trabajaba a ritmo de la música bailando mientras limpiaba la cacharrería a la velocidad de la luz, así que le prometí a mi compañero irlandés, Hynd, que aquella noche saldríamos una hora antes. Él, educado y bastante atónito no paraba de preguntarse que estaba sucediendo en aquel momento en aquel lugar. Los muchachos que permanecían aún en la cocina se pusieron a animarnos a ritmo de aplausos y jaleos. Por un momento todo parecía hasta algo cómico.

 

Al fin salimos de nuestro trabajo, pronto para lo que era habitual, eso sí, yo ya no sabía bien ni por donde andaba. Llegué a mi casa, puse algo de música (Alice Cooper o algo así para empezar), abrí de par en par las ventanas del salón e invité a entrar a todo el que por allí pasaba a fumar conmigo mientras resolvíamos el mundo…y así durante toda la noche y parte del día siguiente.

 

Qué les diré más:

 

Lo anecdótico fue que la tarde del domingo me perdí un concierto de Blaze Bailey por estar semicomatoso, dormido y en otra dimensión. Lo verdaderamente lamentable, aparte de todo aquello en sí, fue que perdí, a consecuencia de aquello, la casa donde vivía, el trabajo donde tan buenos ratos acontecían, y la cabeza…aunque esto último just for a couple of years…o así lo quiero creer yo.

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