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Redacción
Miércoles, 29 de noviembre de 2017
La profesora se jubila en el CEE Nº1

Pilar: "Deberíamos tener más mecanismos para la integración, formación e inclusión en la educación especial"

Tras 15 años trabajando en el Colegio de Educación Especial Número 1 de Valladolid, la profesora Pilar se jubiló el pasado mes de octubre. Nosotros hemos estado hablando con ella sobre su vida profesional y las experiencias vividas con los niños y niñas en el colegio.

José Ramón Sánchez y Eva María González

 

 

 

 

Pilar estudió Magisterio y tiempo después se licenció en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. “Cuando yo estudié no existía la especialidad de Pedagogía Terapéutica (PT). Cuando se creó la especialidad, yo ya estaba trabajando, pero apareció un convenio de dos años entre la universidad y el ministerio para habilitar a los profesores en educación especial. Así, yo me adherí en el año 84 y lo hice en Zamora”, dice la profesora.

 

Cuando Pilar tuvo el primer contacto con el colectivo de chavales con discapacidad le llamó la atención y le gustó especialmente y “desde entonces empecé a trabajar con ellos. Siempre he trabajado en educación especial porque me resulta curioso y atractivo”, añade. Antes de entrar en el Número 1 en Valladolid, estuvo trabajando en Benavente, Zamora y Peñafiel.

 

Dada su formación y los años de trabajo en educación especial, Pilar ha conseguido establecer un vínculo especial con los niños y niñas. “Me han aportado cariño, han cambiado mi forma de ser y he aprendido a ser más observadora, a tener en cuenta los pequeños detalles: sus peculiaridades. También a estar más atenta, a valorar el interés que ponen, su alegría y a comunicarme con ellos, porque aunque no tengan lenguaje oral, con una mirada o con un gesto, ya sabes lo que te quieren decir”. Además, como profesora en el colegio también ha valorado mucho los esfuerzos que pone el alumnado en aprender. “Con el tiempo sé que con ellos sí se consiguen avances, a pesar de lo que pueda pensar la gente, si se tiene paciencia, se logran progresos en su evolución”, añade.

 

Por estas razones, Pilar se va del colegio muy satisfecha por la relación tan afectuosa que ha establecido con todos los alumnos, no solo con los de su grupo. “La mayor satisfacción es el cariño de los niños, a mí me han querido y yo les he querido a ellos”, dice la profesora.

 

 

El proceso de las familias

 

A lo largo de los 15 años de trabajo en el Colegio de Educación Especial Número 1, Pilar ha tenido bastante contacto con las familias que pasaban por el centro. Por eso, conoce muy bien todo el proceso. Enterarse que van a tener un hijo con discapacidad es un golpe duro para las familias pero “después gracias a su fuerza y valentía lo van superando. Luchan, pelean y se organizan para ayudar a sus hijos de una manera impresionante, argumenta Pilar.

 

Además, estas familias también tienen mucha confianza con las profesoras del centro. “Nos piden consejo sobre los problemas derivados de la discapacidad y también comparten información y apoyo moral entre ellas”, dice, “siempre ha habido confianza y buena comunicación con las familias”. Concretamente, Pilar estuvo en contacto con uno de los niños del colegio y su familia durante su enfermedad porque sabía que al niño le hacía mucha ilusión, y a ella también.

 

 

La sociedad y el entorno

 

Desde el punto de vista de Pilar, pese a la integración de la discapacidad, la relación de la sociedad con este colectivo aún se puede mejorar. “Falta mucho por hacer porque si subes en el autobús, puedes observar como determinado tipo de gente mira a esta realidad”, apunta.

 

“Muchas veces, las personas en la calle provocan sufrimiento a las familias o a la propia persona con discapacidad porque lanzan miradas de lástima”. Esto, según Pilar, también induce a que ellos mismos se escondan porque sienten el rechazo del resto de la sociedad: “es más duro sentir el rechazo que quedarse callados”, continúa Pilar.

 

Para ello, la profesora considera que tendría que haber más cauces de apoyo, de formación y de educación hacia este colectivo, y ahora no los hay. “Lo mismo que hay recortes en otros ámbitos de la educación, también los sufre la educación especial. Deberíamos tener más mecanismos para la integración, formación e inclusión de este colectivo”, reivindica.

 

Pilar, recientemente jubilada, también apunta al desconocimiento sobre la realidad de los niños y niñas con discapacidad y para ello pone un ejemplo: “se cree que estos niños no tienen lenguaje porque algunos de ellos no pueden hablar. No solo existe el lenguaje hablado, hay otros tipos de comunicación: una mirada o una sonrisa. En el colegio está Alicia que si te acercas y le dices “hola Ali”, te mira y se ríe”, comenta. Y es que en el Número 1 muchas veces sobran las palabras.

 

 

Después del colegio

 

En cuanto a las oportunidades que se ofrecen a las personas con discapacidad una vez han terminado sus estudios hay un vacío. Pilar considera que para estos jóvenes el proceso de búsqueda de empleo es más dificultoso: “los servicios públicos tendrían que preocuparse de buscar alguna actividad adecuada para ellos después del periodo escolar. Estos chicos se toman las cosas muy en serio y son muy cumplidores”.

 

 

Compañeros y profesionales

 

En un momento de la conversación, también se habló del compañerismo que se ha generado en el Colegio de Educación Especial Número 1. Entre ellas hay apoyo, complicidad y, siempre que han tenido que colaborar juntas en el trabajo con los niños, lo han hecho. “He tenido unas compañeras magníficas, nos hemos apoyado y enriquecido juntas, y por el bien de los niños hemos hecho todo”. Y continua: “cuando trabajaba en Peñafiel estaba sola, y venir aquí y trabajar con mis compañeras en equipo fue maravilloso.” Como anécdota Pilar cuenta que tras una visita de la inspectora de educación les comentó que “el clima que hay en este colegio no se da en otros".

 

Además, Pilar también cuenta que cuesta mucho despedirse de los compañeros cuando se van del colegio. “Después de acostumbrarme a un determinado grupo de personas, me cuesta. Además entre nosotras hay buena complicidad y nos cogemos bastante cariño, no solo a nivel profesional”, responde la profesora.

 

Con su jubilación y la de muchos otros profesionales especializados en Pedagogía Terapéutica, serán varias las nuevas generaciones que tengan espacio para dedicar su vida a trabajar en este ámbito. A ellas y ellos, Pilar les pide sobre todo que empaticen y se pongan en lugar de las familias, tratando de comprenderlas. “La buena comunicación empieza por el entendimiento y la comprensión”, y añade que “la relación que yo siempre he querido que tengan con mis hijas, es la relación que yo debo de tener con estos chicos”, finaliza.

 

 

Pilar ha dedicado toda su vida profesional a la Educación Especial, encontrando en ello su auténtica vocación. Ahora que se ha jubilado no nos cabe le menor duda que echara mucho de menos a estos niños que para ella han sido tan especiales y no precisamente por su discapacidad. GRACIAS POR TU DEDICACIÓN.

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