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Redacción
Martes, 5 de diciembre de 2017
Historias de mi historia

El roble y el druida

Noticia clasificada en: Alberto García Historias de mi historia

Alberto García

 

 

 

Amaba a su Roble, vetusto y fuerte. Empleaba su tiempo libre en completar un largo camino hasta el túmulo donde este mágico amigo de los Celtas crecía majestuoso. Yo mismo ayudé en la labor de conservación de su entorno uno de mis días, y les aseguro que nuestro “director de orquesta”, que era mi buen amigo el Druida Vicente, vivía con pasión todos y cada uno de los movimientos que a favor del noble árbol acometíamos.

 

Él amaba a su vetusto y fuerte Quercus Robur, uno de los emblemas, para quien no lo sepa, de nuestra vieja Europa prerromana. Le escribía poesías y le daba besos de verdadero amor… porque aunque el Druida Vicente tenía su gran Amor en la persona de su mujer, él era también un Druida, es decir, un sabio, un filósofo, un astrónomo, un sociólogo, un consejero y amante de su pueblo, de sus personas y de su entorno, aunque éste último estuviera tocado y envenenado por la mano del hombre codicioso.

 

Pero son hombres como este los que dan vida y no la quitan, los que dan paz y no toleran ni participan en guerras que sólo harán destrozo humano y miseria para los más débiles e inocentes; son hombres como éste los que con su vitalidad y esa mezcla de magia y sabiduría otorgan a la vida de los que le acompañamos en su aparentemente loca aventura de triunfar, un toque de bondad  y campechanía a la vida.

 

Sin más, eternamente agradecido y honrado de haber crecido junto a este mágico ser. Sin duda, la juventud inagotable de ancianos como éste, nos harán ser mejores y las más felices criaturas de nuestra Madre Tierra.

 

 

Dedicado a mi amigo Vicente, a los suyos, a mi padre Manuel y a todos aquellos venerables ancianos, en general.

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