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Redacción
Martes, 12 de diciembre de 2017
Ganas de vivir: el relato tras una colostomía

La tediosa espera

Noticia clasificada en: Ganas de vivir

Mere Pedraza

 

 

 

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Confié en él y desde aquel día yo le llamo por su nombre de pila, Carlos. Me dijo que le llamara cuando quisiera y me dio un teléfono de contacto. Ya no sé cuántas llamadas le he hecho, y siempre me atendía muy bien. También él me llamó muchas veces y siempre dándome ánimo.

 

―Dentro de unos días te llamarán para hacerte las pruebas de la operación ―me indicó.

 

Tres días más tarde, en efecto, me llamaron. La última prueba me la hizo la anestesista, la cual me preguntó:

―¿Le han dicho a usted lo que tiene?

―Sí, señora. Un cáncer.

―¿Y sabe usted lo que le van a hacer?

―Sí, que se me ha estropeado el tubo de escape y me van a hacer uno nuevo.

―Me gustaría ser yo su anestesista ―respondió―, pues el éxito de las operaciones no depende de los cirujanos, sino del ánimo de los pacientes.

 

Ese mismo día me llamó Carlos, el cirujano, y se interesó por mí. Yo acababa de salir del Clínico y, con el ruido de la calle, no le oía bien, por lo que le pedí que me llamara al cabo de un rato. Cuando llegué a casa, me llamó de nuevo para decirme que el equipo de cirujanos había acordado hacerme otra biopsia para mayor seguridad. Esa prueba fue el 11 de junio. Hasta el 16 de julio no me dieron los resultados. Fue el mes en que peor lo pasé. ¡Cuántas llamadas a Carlos! Esta biopsia me la hicieron fuera de Valladolid, y mi cirujano llamó al laboratorio para meterles prisa. El día 16 de julio, fiesta del Carmen ―así se llamaba también mi hija―, me llamó el médico:

 

―Te voy a dar buenas noticias. Te vamos a operar por partes, a ver si podemos operarte sin ponerte la bolsa. Pero estate tranquila, vete al pueblo y disfruta todo lo que puedas, que en octubre te operamos.

 

En los últimos días de julio me fui al pueblo. En el viaje me llaman del hospital:

―Tiene usted cita mañana a las once de la mañana.

―¿Para qué? ―le pregunté.

―Tiene usted los resultados de la biopsia.

―Perdone, pero ya me los han dado ―repliqué.

 

Volví a confiar en Carlos, pues era cierto que él fue quien pidió al laboratorio que le adelantaran los resultados.

 

El día 25 de noviembre de 2015 me operan y me quitan una porción del pólipo. A esperar los resultados. El 14 de enero me dicen que tienen que seguir quitando, que, al ser tan grande, tienen que ir poco a poco. El 15 de marzo de 2016 me llaman para ingresar. Toda la mañana en el Clínico. Salió un celador a decir que tuviéramos paciencia, que a la una ingresaríamos. A esa hora vuelven a salir para decir que el que fuera de Valladolid ingresaría por la tarde de ese día, a las seis. Cuando estábamos comiendo, vuelven a llamar para decir que ya no me operan. ¡Vaya panorama y sin saber por qué!

 

A la mañana siguiente, fui otra vez al Clínico a ver quién tenía que dar explicaciones. En secretaría, una mujer me dijo que era mentira lo que le estaba contando, cuando había sido Carlos, el propio cirujano, el que me había dicho que me operaban a las 8. Fui a Ingresos y a Atención al paciente. Nadie me aclaraba nada. De allí fuimos a la tercera planta sur. Allí estaba Montse. Le conté lo que me pasaba y me dijo que el Dr. Ferreras estaba en el quirófano y que, si esperaba un poco, le llamaría para ver si me podía explicar por qué se había suspendido la operación. El problema no era tanto mío, era que el pequeño de mis hijos había venido de fuera a la operación y queríamos que alguien nos firmara algún justificante. Como no encontramos quien lo hiciera, se fue a cancelar el billete y llamar a la empresa para contarle lo que pasaba. A la mañana siguiente, otra vez al Clínico, otra vez donde Montse, quien pudo localizar a Carlos, el cirujano. Este me confirmó que me operaban la siguiente semana. Así fue, pero mi hijo perdió seis días de sus vacaciones por culpa de no se sabe quién.

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