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Redacción
Miércoles, 13 de diciembre de 2017
Ganas de vivir: el relato tras una colostomía

El contacto con la bolsa

Noticia clasificada en: Ganas de vivir

Mere Pedraza

 

 

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Como en todo, tienes que esperar los resultados. Al mes, otra vez al Clínico a buscarlos. El día 22 de marzo ingreso para la segunda intervención y en seguida aparece el Dr. Ferreras y me explica por qué se ha retrasado la operación: él quería que me operara otro cirujano mediante otra técnica en la que éste tenía más experiencia, aunque él pensaba asistir igualmente a mi intervención, a lo que repliqué que mi deseo era que me operara él, pero que si él lo consideraba mejor para mí, lo aceptaba gustosamente. Por la tarde me visitó el Dr. Alejandro Romero, que era el cirujano aludido, al que pregunté si su padre era causalmente el Dr. Heliodoro Romero. Asintió y le indiqué que yo lo conocía porque me había tratado durante muchos años en su consulta de nutrición. Le encargué recuerdos para él y, con el fin de que me identificara entre los muchos pacientes que había tenido, le dije que en su momento le regalé un chorizo de mi propia matanza. Posteriormente, me confirmó que su padre, en efecto, se acordaba bien de mí y del embutido.

 

Confié también en el Dr. Romero, y siempre me ha tratado muy bien. Sigo acudiendo a su consulta y creo que será por muchos años, pues esto continúa su curso. Sin embargo, también mantengo el contacto con el Dr. Ferreras. Considero a ambos grandes especialistas, dos de los muchos con que, por fortuna, contamos en España, dicho sea de paso.

 

En esa segunda operación me retiran aproximadamente la mitad del pólipo, y el resultado que me dan después sigue siendo malo. Me dicen que me tendrían que hacer otras dos operaciones y no me aseguran nada, que, como el tumor es tan grande, posiblemente se me escaparían las heces y tendría que llevar pañal toda la vida. Cerré los ojos y dije:

 

―Esto que me tienen que hacer ya me lo dijeron hace un año, así que pónganme la bolsa, que ya sé yo que va a ser duro, pero adelante. Ya tengo ochenta años.

 

El día 21 de julio de 2016 fue mi tercera intervención en ocho meses. Fue muy dura, como sabéis todos los que habéis tenido que pasar por estas operaciones. Estuve ingresada nueve días. No me tenía de pie, no sabía ni me podía poner la bolsa y aquí sigue el calvario. El día que me dieron el alta, como todos los días, tuve un escape de la bolsa. Llamé para que me la cambiaran y me dijeron que ellas ya no tenían que cambiarme porque ya me habían dado el alta y lo tenía que hacer yo sola. Le hablé mal y le dije:

 

―¿Cómo lo voy a hacer si no he podido ni me habéis enseñado a hacerlo?

 

Yo me iba a casa, en principio, sin ninguna explicación ni de papeles ni de nada. Serían aproximadamente las cinco de la tarde cuando veo pasar a Montse, mi ángel de la guarda. Para mí, una profesional; tiene todas las cualidades para el puesto que ocupa; una persona humana y sencilla que te escucha, te explica y te aconseja y vive su profesión. Gracias a ella yo ya sabía lo que antes nadie me había explicado y ella fue quien me ayudó también en esa ocasión.

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