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Redacción
Miércoles, 13 de diciembre de 2017
El mapa de mi escuela, los mapas de mi vida

Mis recuerdos

Juana de Diego

 

 

 

Este es mi mapa personal.


Que me ha servido para tener educación. Este relato por los años 50 y 51 yo recuerdo iba a parvulitos que así llamábamos. Tenía una maestra que se llamaba Carmen Chicote. Íbamos con una cartilla y un estuche, un lápiz y una goma, íbamos casi siempre a jugar y a cantar canciones.
Luego pasé a primero con otra maestra que se llamaba Lorenza, y en primero nos enseñaban cantando las provincias, las cordilleras, los ríos y las tablas.


Cuando íbamos a la escuela había mucho respeto a nuestras maestras y si no respetábamos luego en casa nos daban una colleja o nos castigaban sin salir al recreo. Jugábamos a la comba y a la taba, al carro. Si no hacíamos los deberes nos castigaban sin recreo, nos mandaban que lo repitiéramos varias veces.


Seguro que nuestros padres lo que querían era que fuéramos al colegio porque ellos apenas sabían, porque aquellos años eran muy difíciles. Teníamos que ayudar en casa y nos conformábamos con todo, pero éramos muy felices. Yo creo que los nietos sí que escuchan, pero no lo comprenden, pero con todo les gusta que les digamos cosas, aunque ellos ya saben más que nosotros. A mí siempre me han dicho que les leyera un cuento. Me gusta hacerlo y siempre están abuela aquí y allá, abuela para todo.

 


Tengo buenos recuerdos de mi pueblo, Crespos. Había una familia que era muy rica, la criada nos hacia las muñecas de trapo, la señora se llamaba Alejandra.
También recuerdo que había en casa un anciano que todos los días se sentaba en el poyo de la puerta a migar las sopas de pan para hacer las sopas de leche con canela o de vino para los segadores en verano.


En el 1959 nos vinimos a Valladolid, porque aquí estaban los hermanos de mi madre, La Overuela en aquellos tiempos era un pueblo. Fuimos a la escuela con Doña Trini. Recuerdo que nos daban la leche y el queso, pero a mí no me sentaba bien, mis padres me tuvieron que hacer una firma. Yo prefería las sopas de ajo, no chocolate con agua con pan, que hacia nuestra madre.


A los 13 años me fui con una tía a Madrid. Tenía una frutería y estaba con una pierna mal, pero volví a casa, aquí en Valladolid.
Luego estuve ayudando a una familia que tenía 15 hijos. Pues me sigo llevando bien con los hijos y la madre, cuando volví de Suiza la estuve cuidando hasta que falleció.
Me fui a Suiza en 1964 y volví en 1978 con un marido y dos hijos. Me casé en Valladolid en la iglesia de san Miguel en 1967.
 

Recuerdo que en la escuela, cuando entrábamos, nos hacían cantar. El “Cara al sol” era obligado en muchos momentos, sobre todo cuando entrábamos a la escuela. El encerado constituía uno de los ejes de la actividad escolar y así hacíamos la lección y las cuentas.


La maestra era buena, pero cuando la cansábamos, nos castigaba. Lorenza era muy bajita y tenía unas gafas con los cristales de botella. Se casó muy mayor, pero tuvo un niño que mi hermana mayor le cuidaba, ella se acordaba mucho de mi hermana Jacoba. Falleció a los 97 años con una memoria estupenda, ha sido muy querida de la gente.


La enciclopedia con sus diversos grados fue durante muchos años el texto escolar casi único. El trabajo escolar, giraba en torno a la mesa del maestro.
Desde allí se pasaba lista y contestábamos “servidor de usted”. También llevábamos la pizarra y el pizarrín.
El maestro era un artista de la voz. La historia sagrada de España era una aventura que vivíamos con total intensidad. Emociones, suspenses, pasiones, humillaciones y gritos de victorias.
 


La escuela
Tenía un crucifijo en la pared y una fotografía de Franco.
Y otros objetos, un armario, un mástil con la bandera, un reloj. Todo formaba parte en una escuela ,espejo de la realidad social.
En la cuaresma, lunes de pascua, todos los niños nos íbamos a los prados a la meriendilla y los padrinos nos regalaban la rosquilla y la teníamos que bailar.
El mes de mayo se vestía de azul celeste. A una imagen de la virgen  la llevábamos la flores al altar y cantábamos todo el mes.
También una vez al año se pedía por las calles una limosnita para el Domund negrito. Se llenaba la hucha de perras gordas y perras chicas o reales.
 


En la escuela se prestaba especial atención a los problemas higiénicos sanitarios de lo que es enseñar y aprender, y formarse de relación y control escolar. Si no obedecías, nos dejaban sin recreo o un tirón de orejas, todo más o menos acertado, sin rechistar.


Sobre la mesa del maestro estaba su tintero, palillero, plumilla, para corregir el libro de matrícula. Nos enseñaban los reyes godos. No recuerdo cuándo los aprendí, ni el curso ni el año, solo que mucho trauma no debí pasar. Resulta que sólo se sabe lo que se recuerda y me alegro de acordarme. Me acuerdo de alguno uno Sigerico, Valla, Teodoredo, Turismundo, Tradorico. Así hasta treinta y tres.


Los jueves nos enseñaban a coser, e hice un costurero que tenía toda clase de labores.
Las labores se empezaban con una tela larga donde se hacían todos los cosidos para aprender: vainicas, zurcidos, bordados, costuras, ojales, coser botones, de todo un poco. Las labores preparaban a la futura esposa y madre. Era elemental el coser. Cuando cogíamos vacaciones la madre nos mandaba que cosiéramos e hiciéramos las letras de la cartilla,. Y si no lo hacía bien, me hacia deshacerlo hasta que lo hiciera bien.
También, cuando veíamos al párroco, íbamos a besarle la mano, era costumbre. Corríamos a ver quién le besaba antes y nos reíamos, pero sin maldad. Él nos decía que íbamos a ir al infierno,. El cura, que era mayor, decían que se murió de un cólico miserere.


Recuerdo que mi hermano mayor, aunque era un chico, nos hacia las coletas para ir a la escuela. Mi madre estuvo en el hospital provincial, nunca supe qué la pasó. Era muy lista, aunque la señora que se supone que era su madrastra nunca la mandó a la escuela. Una vecina que la ayudó mucho se llamaba Nati. Mi madre la cosía las cosas, también hacia fideos con una máquina que le había hecho mi padre. Hacia muchas cosas era muy limpia, siempre estaba haciendo la casa.


También nos levantábamos muy pronto para ir a espigar, así tenían cebada o trigo para el ganado. Después de comer nos pedían que estuviéramos tranquilos y cuando no hacia tanto calor nos dejaban que saliéramos a jugar. También íbamos al huerto que teníamos, en el que plantaban de todo un poco. Con lo que cogíamos del huerto se hacían conservas para el invierno. Había tomates, judías verdes y secas y garbanzos cacahuetes, berza, repollo y las coliflores para el invierno. Lo pasábamos bien.

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