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Redacción
Miércoles, 20 de diciembre de 2017
Taller de escritura en el José Mosquera

El verano con Laura

Noticia clasificada en: Centro Cívico José Mosquera

Visy Hernández

 

 

 

 

Trasteando en el viejo desván de la casona familiar, esa casa enorme, construida en tiempos en los que las familias tenían muchos hijos, algún abuelo, alguna tía soltera, algún primo con peor fortuna etc., encontré una caja de lata de aquellas del dulce de membrillo, que tenían un Santo o una Virgen en la tapa, llena de fotos antiguas y allí estaba. 

 

Tendría yo unos 12 años, eran malos tiempos, la guerra acababa de terminar y la gente intentaba salir adelante como podía. Los adultos, ocupados en otros quehaceres y preocupaciones, tenían poco tiempo para dedicarlo a los niños, que gozábamos de bastante libertad hasta que teníamos edad de echar una mano en los trabajos y tareas de la casa.

 

No tengo la menor idea de lo que hacíamos, qué labor nos tenía tan absortos, qué nos traíamos entre manos.

 

Se llamaba Laura, su madre era la maestra, pero ella casi siempre comía en nuestra casa, mi madre decía que uno más no se notaba y su madre agradecía esa ayuda, que necesitaba, correspondiendo de alguna manera, algo muy corriente en esa época. El padre había muerto en la guerra y su madre solo estuvo un curso en nuestra escuela, pasado el verano partió hacia otro destino más cerca de la ciudad donde vivía su familia.

 

Solo al encontrar la foto he recordado aquel magnífico y lejano verano donde descubrimos y aprendimos tantas cosas, y he pensado en Laura, ¿adónde la habrá llevado la vida? Seguro que consiguió hacer alguna carrera, su madre siempre desde pequeña la estaba forzando a estudiar, y será una importante profesional en cualquier gran ciudad, o quizás se casó demasiado joven y tuvo una numerosa familia a la que criar, nunca lo sabré pues ni siquiera recuerdo, si es que alguna vez lo supe, su apellido.

 

Yo seguí en el pueblo hasta que la mili me saco de aquí y quiso el azar que yo, un hombre de secano, tuviera mi destino en la costa, allí me hice marino y toda mi vida la pasé en el mar, en verano volvía por aquí para reencontrarme con viejos amigos y familiares. Ahora una vez retirado paso grandes temporadas en la vieja casona, pero ha sido hoy viendo estas antiguas fotos, fotos de otros tiempos que he recordado a Laura, aquella niña de mi infancia con la que pase un increíble verano y a la que no volví a ver.

 

Cuanto me gustaría saber cómo ha sido su vida y si aún guarda, como yo, el bonito recuerdo de aquel verano...

                                                                                

Este escrito del pasado año, encabeza una carpeta cuyo volumen se ha ido engrosando a lo largo de los últimos meses. Cuando me hacia esas reflexiones recién llegado al pueblo, comenzaba uno de estos periodos que después de mi retiro suelo gastar en la vieja casa de mis abuelos que más tarde fue de mis padres y que ahora usamos mis hermanos y yo en algunas ocasiones.

 

La foto no dejaba de rondar por mi cabeza y llegue a obsesionarme con la idea de conocer que había sido de aquella niña compañera de juegos de ese lejano verano de mi niñez. Sea por esa curiosidad que había suscitado la foto, por la facilidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías o por mi disponibilidad de tiempo, comencé la búsqueda de Laura. Como solo sabía su nombre y el apellido de su madre la falta de datos dificultó un poco mis gestiones, después de descartar unas cuantas "Lauras” que no cumplían los requisitos, conseguí ponerme en contacto con ella, afortunadamente su segundo apellido no era muy corriente.

 

  Guardaba buenos recuerdos de su vida por los pueblos en que había ejercido su madre, aquellos fríos inviernos, al calor del hogar que también se utilizaba para hacer la comida y recordaba el cariño de la gente para con ellas y como algunas tardes las chicas jóvenes acudían a su casa para que su madre las ayudara en la preparación de su ajuar. 

 

Tenía una ligera idea de aquel verano, pero consiguió recordar más cuando escanee la foto y se la envíe. Hemos seguido poniendo al día nuestros recuerdos y los pasos y derroteros de nuestras vidas a través de los correos que nos hemos mandado durante todo este tiempo y por fin hemos conseguido reunirnos de nuevo con nuestras respectivas familias en el viejo comedor de nuestra infancia.

 

Ha sido un precioso y emotivo encuentro, qué ni por lo más remoto podía yo haber soñado hace un año cuando la foto de ambos caía en mis manos. Verdaderamente la espera ha merecido la pena.

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