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Redacción
Miércoles, 20 de diciembre de 2017
TALLER DE ESCRITURA EN EL JOSÉ MOSQUERA

Tragedia

Noticia clasificada en: Centro Cívico José Mosquera

Maribel Flores

 

 

 

 

La tía Gregoria era soltera y había muerto sin testar. Su hermana mayor, con noventa y cinco años, era uno de sus herederos, los otros, las tres sobrinas hijas de su hermano Constancio ya difunto. Al ser tan mayor, la tía Asunción delegó en sus hijas.

 

Fueron a deshacer la casa, tenían un comprador que le corría prisa ocuparla. Comenzaron por el desván, abrieron un viejo arcón de madera noble, un suave olor a violetas lo impregnó todo. Unos antiquísimos vestidos de lagarterana, hicieron que se quedaran con la boca abierta. Ana, la más joven, no resistió la tentación y se probó uno.

 

-¡Qué maravilla! Si no os importa me gustaría quedármelo. A todas les pareció bien.

 

En el fondo había un cofre de madera tallada, y fue Ana quien lo abrió. Estaba lleno de cartas. Envuelto en un papel de seda amarillento, la foto de unos niños de apenas diez años; ella tenía algo en la mano, él la miraba embelesado, parecían cómplices de algo. La imagen de la niña estaba tachada con un aspa de color rojo. Cogieron el cofre y bajaron al dormitorio donde la tía Asun se había quedado revisando los cajones de la cómoda, donde había encontrado un ajuar completo, batas y camisones con preciosos encajes primorosamente cosidos, todos como si los acabasen de planchar y sin estrenar. Ana fue la que habló:

 

- Madre ¿conocías este cofre? Está lleno de cartas, tendremos que leerlas. Y¿esta foto? ¿Sabes quiénes son?

- Es vuestra tía María y Fernando.

- ¿La que se puso al tren? Y, ¿quién es Fernando?

- Fernando era el hijo del boticario, él y vuestra tía María eran inseparables, siempre estaban juntos, cuando eran adolescentes se ennoviaron.

 

Esta foto, estuvo enmarcada en su alcoba hasta el día de su muerte, después desapareció. Se la hizo un hermano de vuestro abuelo, que había hecho fortuna en Cuba, un verano que vino a visitarnos y a presentarnos a su esposa.

 

Fernando quería un futuro mejor que el que le esperaba en el pueblo y emigró a Cuba. María se quedó esperándole, sus cartas menudearon durante años, después cesaron. Nuestros padres ya habían muerto y María y Gregoria se llevaban cada vez peor. Un día, a vuestra tía la arrolló un tren, fue un mercancías; al parecer fue ella la que se arrojó a la vía. Murió en el acto.

 

-¡Qué horror! ¿Por qué nunca nos lo has contado? Leeremos las cartas, quizás en ellas encontremos alguna explicación.

 

Estaban en paquetitos atados con cinta de raso. Solo había dos sobres sueltos, algo arrugados y fueron los que comenzaron a leer. El contenido las dejó heladas. No iban dirigidas a María, sino a Gregoria; Fernando la decía que era a ella a quien quería, que fuese a su encuentro; que una vida llena de felicidad les esperaba. Que él no pensaba volver.

 

La tía Asun estaba al borde de un ataque de nervios. Jamás se lo hubiese imaginado.

 

-¿Cómo se enteró María? Entonces ese fue el motivo de su muerte, murmuraba entre dientes. ¿Por qué nunca me dijo nada?

 

Se sentían incapaces de leer el resto de las cartas. Lo dejarían para otro día. Una antigua foto de niños había abierto la Caja de Pandora.

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