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Redacción
Jueves, 28 de diciembre de 2017
Relatos micropresos

Eres el típico problema que se veía venir pero que no quiero evitar

Alfil negro

Día libre

Eran las ocho de la tarde, el despertador sonó matemáticamente. Aristóteles sacó  la mano del edredón, lo apagó y en posición fetal intentó seguir durmiendo. Tenía una preocupación en la cabeza. Tan solo una, pero le atormentaba la existencia. Había trabajado de noche y hoy tenía el día libre, lo cual era un problema. Veinticuatro horas para él solo: un mundo.

Saltó de la cama, atravesó el pasillo y encendió la luz del baño. Después abrió la ducha y dejó correr el agua mientras entraba en la cocina. Abrió la nevera. Esa luz amarilla le pareció un nuevo amanecer. Al fondo, a la derecha, con elegancia, se situaba su querida “rubia”. Creyó oír sus susurros que le decían: “tómame, soy toda tuya”. Aristóteles la miró, dudó un instante y le dijo en tono irónico: “eres el típico problema que se veía venir, pero del que no quiero huir”.

 

 

Frosty

Incomprensible libertad

La lluvia golpeaba fuerte el parabrisas. Solo se escuchaba el ralentí del coche y el rítmico sonido de ese extraño limpia cristales que intentaba, inútilmente, apartar el torrencial de agua que no cesaba de caer. Tenía que tomar una decisión y tenía que hacerlo rápido. Ella sabía que era el típico problema que se veía venir pero del que no quería huir. No apagó el motor. Despacio abrió la puerta y, sin importar quedarse empapada, se dirigió hacia la tenue luz de la farola que alumbraba esa solitaria bicicleta que, apoyada en su base, hacía tiempo que la esperaba. Nadie tenía que entenderla, era difícil de huir de una idea que solo ella entendía.

 

 

Marcelo

Problemas

Problemas con la droga, problemas con la justicia, problemas con la salud. Problemas de trabajo, problemas de dinero, problemas en general. Pero tú, tú eres el típico problema que se veía venir pero del que no quiero huir.

 

 

Dancer

Amor a quemarropa

Se conocían del barrio de toda la vida y se gustaban desde pequeños, pero tomaron caminos diferentes. Él era traficante, ella una chica humilde de instituto. Él quería mantenerla lejos de todo su mundo, a ella su corazón le avisaba que era el típico problema que se veía venir pero del que no quería huir. Su entorno le avisaba: “ese chico solo te dará disgustos”, pero ella no escuchaba. Su destino era estar con él.

Comenzó la rivalidad entre traficantes, querían quitárselo de en medio y le hicieron daño donde más le dolía: secuestrándola. O su chica o su mundo. Entonces comprendió que el amor es como una bellísima flor y que hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio.

 

 

Mario

Amistad

Decían Andrés, Felipe y Juan: “es posible mantener muy viva la amistad de la infancia a pesar de las dificultades de cada uno”. Tras el paso de los años, uno es viudo, tiene dos hijos y vive en la casa que heredó de su difunta mujer. Él la recuerda mucho y llora. El segundo ha tenido mejor suerte en la vida: tiene cinco hijos y viven en la casa familiar de siempre. El último es un hombre extrovertido, alegre y músico de afición. Desde la época del colegio ya era el típico problema que se veía venir, pero ninguno de los dos amigos ni querían ni quieren huir, porque la incondicionalidad de la amistad está por encima de cualquier obstáculo. Juan es cariñosamente conocido por muchos como “el solterón”, en las fiestas de carnaval se disfraza de pepinillo y los niños le persiguen por las calles.

 

 

David

El corazón de Silvia

Y con el corazón en un puño. Agarrotado, indignado, despojado de todo honor, dolido y cohibido de libertad; en una espera que desespera y te llaman para un vis a vis. Entre lágrimas, besos y abrazos me preguntas si aún te quiero, y yo no puedo más que decirte: “eres el típico problema que se veía venir, pero del que no quiero huir”. Qué puedo hacer más que esperar para volver a tenerte entre mis brazos.

 

 

El Gallén

El parque de la iglesia

Álex es un chico de 17 años y está en su último año de instituto. La relación con Sharon, su anterior chica, terminó porque empezó a sentir algo por una compañera, Geraldine, que comenzó a conocer más profundamente durante este último año. Es hermosa e inocente. Un día, Geraldine invitó a Álex a hacer una labor social con unos niños que están en una casa de acogida. Él le dice que sí y empiezan a ir todos los viernes por la tarde.

El acercamiento entre ambos empezó a hacerse más evidente y Álex comenzó a sentir más cosas por Geraldine. Jugaban con los niños todos los viernes en la casa de acogida. Un día, en un parque frente a la iglesia, él se atrevió a besar a Geraldine. A partir de ahí su relación avanzó pero Geraldine se convirtió en una caprichosa e intentó manipular a Álex. Él comienza a cambiar su personalidad para evitar problemas con ella. Finalmente se agotó su paciencia, pese a que estaba muy enamorado y la ame con todo su ser. Decide hablar con ella y en esa conversación le dice: – eres el típico problema que se veía venir, pero no quiero evitar. Ella llora y se lamenta. Le pide una oportunidad, pero la relación no vuelve a ser la misma y, aunque él le ama con toda su capacidad, hoy ya no están juntos.

No quiso evitar a Geraldine porque aquello que no le gustaba, al mismo tiempo que le enamoraba lo impredecible y variable que podía ser su relación. Un día, caminando por la calle, Álex vio un letrero que decía: “el amor no necesita ser eterno, solo necesita ser amor”. Mientras, sigue pensando en su niña caprichosa.

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