Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Miércoles, 3 de enero de 2018
Los chicos del CEE Nº1 viajaron a la capital gracias al programa Erasmus +

Una experiencia inolvidable en Viena

Noticia clasificada en: José Ramón Sánchez

Jose Ramón Sánchez

 

 

 

 

Varios alumnos y alumnas del colegio de Educación Especial Número 1 viajaron a Viena el pasado mes de noviembre. Acompañados de las profesoras Irene Espeso, Irene Borde y Natalia Sanz, los chicos de los niveles de Transición a la Vida Adulta (TVA) y Educación Básica Obligatoria 2 (EBO) se hermanaron con un colegio de educación especial austríaco y otro alemán. Esta actividad fue organizada bajo el marco europeo Erasmus + a iniciativa del grupo de Alemania, que pensaron específicamente en el centro de Valladolid debido a sus numerosas actividades fuera de las aulas.

 

El colegio participante de Viena es un centro de educación especial que, poco a poco, se había ido convirtiendo en un colegio ordinario. Por su parte, el centro de Alemania está más enfocado a alumnos con problemas de aprendizaje y que están en peligro de exclusión social. Algunos de los alumos de Valladolid: Javier, Rubén, Florentina, Alba y David, junto a sus profesoras, cuentan cómo ha sido esta experiencia en la capital austríaca.

 

 

Preparación de la aventura

 

A la hora de preparar el viaje no han tenido que hacer trámites burocráticos distintos al tratarse de personas con discapacidad. No obstante, al ser mayores de edad con discapacidad sí que han tenido que pedir el permiso correspondiente para poder viajar con personas que no eran ni sus padres ni tutores.

 

Los chicos y chicas llevaban sus informes por si acaso tenían que acuidr al médico y así no tener ningún problema durante el viaje. "Venían con nosotras dos niños que tienen crisis, y había uno especialmente con el que había que estar más pendiente", comenta Irene Espeso. La precaución con estos alumnos ha de ser más alta y también tiene que haber un mayor número de profesionales por niño: "fuimos un adulto por cada tres o cuatro chicos", dice Natalia.

 

Por otro lado, los padres tenían un poco de miedo sobre el viaje "aunque sabían que era una oportunidad única para sus hijos y que quizá un viaje al extranjero con sus compañeros no se pudiese repetir. Además el viaje era voluntario", añade Irene Espeso. Está previsto que los alemanes y los austríacos vengan a España en el mes de mayo y los chicos de Valladolid irán a Alemania el año que viene. Así se cierra el ciclo.

 

 

El viaje

Días antes de comenzar la aventura, los chicos empezaron a hacer la maleta. Mientras David la preparó el jueves, siguiendo una lista de las cosas que tenía que meter, Rubén la empezó a hacer el sábado por la tarde.  A  Tina y a Alba las ayudaron y Javi hizo la maleta él solo.

 

Excepto Rubén, que ya había viajado a Tenerife en avión, el resto de compañeros vivieron una experiencia nueva. “Al principio tuve un poco de miedo pero luego se me pasó”, dice David. Les gustó como corría el avión y la cabina donde están los mandos del aparato, puesto que les dejaron pasar. "Durante el vuelo de ida, la azafata se portó muy bien y les dejó pasar a la cabina de mandos. Los chicos se preguntaban cómo se mantenía el avión en el aire", dicen las profesoras cuando hablan de los sentimientos de emoción y excitación que vivieron los alumnos durante el viaje. “Una vez allí utilizamos el tranvía y el metro, y a los niños les resultaban curiosos los cables del tranvía“, dice Irene Borde.

 

 

La experiencia en la ciudad

 

Durante toda su estancia en Viena, iba con ellos una profesora alemana que también sabía español y les hacía de traductora. Una vez allí, algunos de ellos visitaron una emisora de radio, aunque estaban un poco perdidos con el idioma. También tuvieron un día para comprar algun detalle o regalos a sus familias; padres y hermanos. Ellos compraron peluches, imanes para el frigorífico, camisetas, un mechero y una bolsa de la compra.

 

Para la comida, se preparaban unos sándwiches para comer durante las visitas y en la cena se sentaban a la mesa. La comida es algo distinta a la de aquí. “Había una cosa que llamaban espaguetis pero era una especie de pasta rara”, dice David. Allí comieron también schnitzel, un filete con patatas típico de Viena, pero las patatas estaban cocidas en lugar de fritas. “Y qué grandes eran los perritos calientes”, dice Javier. Uno de los días que estuvieron allí vieron un restaurante de comida española, una pulpería.

 

Para conocerse mejor entre todos los alumnos y alumnas participantes jugaron a los bolos y tocaron el cajón flamenco, entre otras cosas. También pudieron ir al Prater, el parque de atracciones más antiguo del mundo. Lo que más les gustó de allí fueron la noria y los autos de choque. También disfrutaron del museo de cera. Personalmente, a David le llamaron la atención las bicis que "iban a toda pastilla" y muchos de ellos se asombraron con el metro, queno habían visto en España. A David, Rubén, Florentina, Alba y Javier también les gustó el restaruante en el que se pudieron servir la comida que quisieron.

 

Aunque las profesoras iban con un poco de miedo al principio, enseguida se dieron cuenta que atender a los chicos es más fácil de lo que se piensa. Además, ellos se portaron fenomenal. "Todo el miedo se transformó en confianza porque ellos se portaron muy bien", coinciden las tres. Además, ellas vieron que los alumnos estaban cómodos en todo momento y disfrutando del viaje. Una experiencia inolvidable para las profesoras y los chicos y chicas, una forma de convivencia y aprendizaje muy enriquecedora.

palabras menores • Términos de usoMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress